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Catholic.netFuente: www.feliceslosninos.org Autor: Padre Oscar Pezzarini
Son
muchas las oportunidades en las que escuchamos a personas preguntarse si
realmente existe Dios, y si es así por qué no “prueba” su existencia
otorgándonos lo que le pedimos o actuando como nosotros mismos quisiéramos que
actúe.
Son frecuentes los cuestionamientos donde se expresa que si
realmente Dios existe, por qué no dejan de suceder determinadas cosas en el
mundo, sobre todo cuando se ve tanta injusticia, tantos sufrimientos, si en
definitiva nos han enseñado que Dios protege y ama a los buenos, a los que lo
aman.
Porque parece que muchas veces Dios se vuelve como sordo ante los
pedidos de los hombres.
Creo que una de las preguntas que debemos
hacernos como punto de partida es la de ¿qué imagen de Dios tenemos? ¿Qué hemos
aprendido o que nos han enseñado respecto a Dios y a la religión?
En
muchas circunstancias nos encontramos con una manera de vivir el cristianismo
como una forma de religiosidad que en el fondo no deja de ser un poco “egoísta”,
aunque tal vez creamos también “piadosa”.
Por qué digo esto: porque nos
hemos quedado quizás con la imagen de Dios como la de aquél que es bueno y
todopoderoso en la medida en que nos da todo lo que deseamos.
Dios es
bueno si me “soluciona” de manera digamos “mágica” todos mis problemas, y más
poderoso aún será si me los resuelve rápido.
Dios es bueno y realmente
existe si me concede “ya” todo lo que le pido, incluso si lo hace de una, es
decir, con la primera oración o pedido que le haga.
Pero Dios no es
alguien con quien puedo “negociar”, no es alguien a quien le “doy tanto” y él me
“da tanto”, porque en ese caso, dejaría de ser un Dios entendido como el
“Absoluto”, el que “todo lo puede”, el que por pura Gracia y “gratuitamente” me
da mucho más de lo que soy capaz de ganar o merecer.
Es cierto que Dios
no concede todo lo que pedimos, pero en realidad nos concede todo lo que nos
hará bien y nos servirá para nuestro bien y deberíamos entender que la “gran
oración” no es la que hace que “Dios quiera lo que yo quiero”, sino quizás que
“yo logre llegar a querer lo que quiere Dios”.
La fe en Dios, su amor,
la confianza en El son cosas bastante diferentes a lo que muchos cristianos
piensan. Ser cristiano muchas veces será saber comprender que Dios hasta puede
llegar a permitir que nos sucedan ciertas cosas que humanamente hasta nos pueden
parecer incomprensibles, pero que en el infinito amor que Dios nos tiene, logran
un profundo sentido y son en el fondo para nuestro mejor bien.
Por eso
creo que nuestra “imagen” de Dios que podemos tener, podemos sintetizarla en
darnos cuenta si tenemos un “verdadero amor a Dios”, si de verdad lo amamos como
al Supremo que siempre estará pensando en nosotros y en nuestro bien, o nos
quedamos con un Dios a quien de alguna manera podemos “utilizar” para nuestro
provecho.
Padre Oscar Pezzarini Superior Provincial de la Obra
Don Orione en Argentina, Paraguay, Uruguay y México