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Catholic.netFuente: Catholic.net Autor: P. Clemente González
Marcos 12, 28-34
En aquel tiempo, uno de los letrados se acercó a Jesús y le
preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contestó: El
primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y
con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No
existe otro mandamiento mayor que éstos. Le dijo el escriba: Muy bien, Maestro;
tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle
con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al
prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Y
Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: No estás lejos del
Reino de Dios. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
Reflexión:
Gracias a la pregunta del letrado
sabemos a cuál de las numerosas normas que tenían los judíos –tenían más de
seiscientas- le daba más importancia Jesús. La respuesta no se hace esperar y
responde claramente: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y a tu prójimo
como a ti mismo”.
No sin razón el Papa Benedicto XVI recalca en sus
mensajes para cuaresma la necesidad urgente de defender el derecho a la vida de
los no nacidos, de los ancianos, de los enfermos y de todo hombre sobre esta
tierra. Porque también ellos son nuestro prójimo y como tal debemos respetarlos
y amarlos.
Por ello, vale la pena recordar que, antes de ir a comulgar
se nos invita a dar la paz a los que tenemos al lado, como representantes de
todos los que encontraremos a lo largo del día. Tomemos conciencia por tanto de
que recibimos a Cristo, modelo de cómo hay que amar y darnos a nuestros
hermanos. Modelo de cómo debemos entregarnos a los demás y ser pan partido para
ellos.
La cuaresma consiste en seguir el camino de Cristo a su Pascua. Y
ese camino es de entrega, de amor total.