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Fuente: Avenire
Autor: Avenire
Para el teólogo Mássimo Petrini,
experto en pastoral sanitaria, el tema de la muerte debería introducirse más en
el camino catequético y en el anuncio de esperanza en las comunidades
cristianas, enseñando a acompañar no sólo a quienes nos dejan, sino también a
los que se quedan.
Profesor en el Instituto Internacional de Teología
Pastoral y Sanitaria «Camillianum» y responsable del Centro para la promoción y
desarrollo de los cuidados geriátricos de la Universidad del Sagrado Corazón –en
Roma–, Petrini presentó el miércoles en la capital italiana su libro «La cura a
la fine della vita» («Los cuidados al final de la
vida» ). En esta entrevista
concedida a «Avvenire», el teólogo aborda la necesidad de hacer de la muerte un
camino de humanización y un anuncio de esperanza.
¿Cómo se afronta
con los ancianos el tema de la muerte en las comunidades cristianas?
Muchas veces, también en el ámbito pastoral, hablamos más de los
aspectos lúdicos, de cómo entretenerles. Falta una pastoral dedicada a estos
temas que no se limitan al tema de la muerte, sino que tocan el sufrimiento, la
aceptación de las limitaciones.
¿Cómo hacerlo?
Los
ancianos –son actualmente los que superan los 75 años de edad– se dan cuenta de
que el horizonte se ha reducido, la muerte hace de fondo. Debemos tener el valor
de afrontar el tema también desde el punto de vista religioso.
Existe
una antigua tradición de piedad popular y acompañamiento a la «buena muerte»...
Sin juzgar el pasado, la pastoral de siglos anteriores era de tipo
«obsesivo», basada en el juicio, en los aspectos más negros de la muerte.
Deberíamos en cambio empezar a leerla en la clave de la misericordia y de la
esperanza cristiana. La persona que muere debe conseguir aceptar su vida y
releerla en esa clave.
¿Cómo interactuar entre comunidades cristianas
y lugares donde se muere: hospitales, residencias?
Todavía hoy en
realidad muchos enfermos oncológicos y personas muy ancianas están en casa. Por
lo tanto es importante que también la parroquia tome conciencia de estos
problemas, mientras estamos ligados a la figura de los capellanes de los
hospitales y de las instituciones.
¿Cómo formar a laicos y
sacerdotes?
Si queremos llevar adelante una pastoral realista,
debemos introducir estos temas «desagradables» en todo tipo de catequesis,
conforme a cada edad y categoría. Ciertamente no existen sólo muerte y dolor.
Pero entre las muchas motivaciones pastorales, hay que dar a estos temas mayor
atención. También los sacerdotes y religiosos necesitan empezar ya desde el
seminario a afrontarlos. Por ejemplo, previendo que los seminaristas frecuenten
por algunos períodos hospitales o instituciones asistenciales. Sería un camino
de humanización.
¿En qué sentido?
Veo la muerte como un
proceso de humanización. Hace que crezcamos y crea un factor unificador: se
descubre la humanidad común. Son temas que ciertamente no se pueden exaltar,
pero si logramos hablar de ellos, conseguimos humanizar el ambiente, más allá de
la exclusión y de nuestra «representación» diaria.
Cuestión distinta es
cuando muere un niño o un joven...
No hay que mirar tanto la edad, sino
ver la muerte de una persona como el final de su respuesta a una vocación.
También un niño, en pocos meses de vida, de forma misteriosa ha respondido a la
vocación que Dios le había confiado.
¿Cómo hacer de un funeral un
momento de cercanía con quien sufre?
En el funeral, las personas aún
no se dan cuenta de la pérdida. Todos están alrededor. El problema surge con la
vuelta a casa. La cercanía en el luto, del que hoy hemos suprimido los signos,
forma parte del acompañamiento. Debemos ayudar a la comunidad a pensar que los
primeros seis meses constituyen un período en el que se debe prestar mayor
atención y escucha al que se queda.
Tags: bioética, eutanasia, catequesis