sábado, 04 de abril de 2009
Por Santiago Agrelo Matínez
+ Arzobispo de Tanger


Conmemoración de la entrada de Jesús en Jerusalén

 

Cada año, en el domingo que precede a la solemne celebración de la Pascua, los
creyentes, con ramos y palmas en las manos, con salmos y aclamaciones en el corazón y en los labios, nos agregamos a una comitiva de discípulos que suben con Jesús a Jerusalén.

¡Subimos con Jesús! Nuestros ojos no se apartan de él; y las palabras confiesan lo que vemos en él. Para nosotros Jesús es “el que viene en nombre del Señor”; con Jesús nos llega “el reino, el de nuestro padre David”; en Jesús, el Altísimo nos visita con la paz.

¡Subimos con Jesús! Miramos, aclamamos y bendecimos a Jesús; y Jesús remite al Padre nuestras miradas, al Altísimo nuestras aclamaciones, al Dios de salvación nuestras bendiciones.

No agites tu ramo si el corazón no bendice el reino que llega; no alfombres el camino con tu manto si la fe no aclama al paso de tu Redentor; no mires a Jesús que camina delante de ti, si no reconoces en él al Señor a quien llevas por la fe y el amor dentro de ti.

¡Subimos con Jesús! Él es “el hombre de manos inocentes y puro corazón”, que sube al monte del Señor; él “recibirá la bendición del Señor”; a él “le hará justicia el Dios de salvación”. Él es el Rey de la gloria, el Señor para quien se abren las puertas del templo celeste.

Las aclamaciones de este domingo anuncian ya el misterio de la Pascua. La subida con Jesús a Jerusalén anticipa para los fieles el misterio de la ascensión, la entrada con Cristo en la gloria de Dios.

¡Camino de Jerusalén! ¡Camino de la cruz! ¡Camino del cielo!

El camino de Jesús. ¡Es nuestro camino!

 

 


Tags: Entre palma y olivos

Publicado por edelweiss306 @ 13:59
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