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Entonces uno de los Doce, llamado Judas
Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: ¿Qué queréis darme, y
yo os lo entregaré? Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese
momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. El primer día de los
Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ¿Dónde quieres que te
hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua? El les dijo: Id a la
ciudad, a casa de fulano, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en
tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos. Los discípulos hicieron lo
que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Al atardecer, se puso a la
mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: Yo os aseguro que uno de vosotros me
entregará Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: ¿Acaso soy yo,
Señor? El respondió: El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me
entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel
por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber
nacido!» Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: ¿Soy yo acaso, Rabbí?
Dícele: Sí, tú lo has dicho.
Catholic.netReflexión
La traición de una persona querida trae siempre un
dolor muy profundo. Jesús ha vivido este dolor sin una reacción irascible, sino
que ha hecho todo lo posible por evitar la violencia con Judas de tal manera
que, cuando éste llega a Getsemaní con una turba de gente armada, Jesús no
rechaza el beso del traidor. Se limita a hacerle ver su error con los ojos de la
conciencia y del corazón: “¿Con un beso traicionas al Hijo del Hombre?”.
Es paradójico que un beso, un gesto afectivo, llegue a ser un acto de
traición. Existe una bella oración que se recita en la Iglesia Oriental tomada
de la antigua liturgia de san Juan Crisóstomo. Dice así: “Hijo de Dios, hazme
hoy partícipe de tu místico convite, porque no revelaré el Misterio a tus
enemigos, ni te daré el beso de Judas. Más bien, como el buen ladrón, te pido
que te acuerdes de mí, Señor, cuando estés en tu Reino”.
Pidamos hoy la
gracia de ser siempre fieles al amor del maestro y busquemos en Él la luz para
realizar la voluntad de Dios.