este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los
discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban
juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea,
los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a
pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron
a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba
Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús:
«Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No». El les dijo: «Echad la
red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían
arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice
entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se
lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con
los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. Nada
más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.
Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón
Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres.
Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo
que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo
el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos
después de resucitar de entre los muertos.
Reflexión
Una novela del siglo XX cuenta el regreso a su patria de un soldado
tras la segunda guerra mundial, después de que por trece años hubiese sido dado
por desaparecido. Imaginemos la escena de un marido así que regresa a casa. Su
mujer se encuentra lavando la vajilla después de comer. Los hijos, en el
colegio. De repente suena el timbre y, ¿quién es?
El resto de la escena
nos la cuenta el evangelio de hoy, pero con otro protagonista: Jesús. Los
discípulos han pasado por unos días de dolor y angustia durante la Semana Santa.
Tres días después conocen su gloria, pues Jesús se les aparece en el lugar donde
estaban escondidos. Ocho días más tarde realiza la segunda aparición, para
confirmar la fe del incrédulo Tomás.
Entonces el sufrimiento se
convierte en gozo, y la duda en esperanza. Pero no durará mucho. Jesús no
permanece largo tiempo con ellos.
Días después, los apóstoles vuelven a
su trabajo ordinario: la pesca; y es entonces cuando se les aparece Jesús por
tercera vez. Probablemente es ahora cuando empieza a instruir a los suyos en el
ministerio que deben ejercer en el futuro. En este evangelio aprendemos a
encontrar a Jesús en las cosas de cada día. Santa Teresa de Jesús decía: «Dios
se encuentra entre los pucheros»; Jesús aquí se aparece entre los peces. En
nuestra vida tenemos que buscar la presencia de Dios en cada momento, pues Él
está presente en todo lo que hacemos. Si lo hacemos así, Él bendecirá cada una
de las obras de nuestro trabajo, dándonos cada día una pesca milagrosa. Pidamos
a Jesús que en esta Pascua nos conceda el don de la oración, y una presencia muy
cercana de su gracia en nuestra vida.
Segundo Domingo de Pascua o de la Divina
Misericordia
"En nuestros tiempos, muchos son los fieles cristianos
de todo el mundo que desean exaltar esa misericordia divina en el culto sagrado
y de manera especial en la celebración del misterio pascual, en el que
resplandece de manera sublime la bondad de Dios para con todos los hombres.
Acogiendo pues tales deseos, el Sumo Pontífice Juan Pablo II se ha
dignado disponer que en el Misal Romano, tras el título del Segundo Domingo de
Pascua, se añada la denominación "o de la Divina Misericordia" ..... "
(Fragmento del Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina
de los Sacramentos, de 5 de mayo de 2000.
Indulgencias en el Segundo
Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia:
"Se concede la
indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental,
comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel
que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en
cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo
pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la
Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de
la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el
Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús
misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en ti")".
Catholic.netFuente: Catholic.net Autor: José Fernández de Mesa