Sólo cuando se ama verdaderamente a los hijos se llega
a conocer la imperiosa necesidad de ser exigentes con ellos,
para que aprendan a querer, a adquirir virtudes y a
discernir principios y valores. Estas dos actitudes: exigencia y cariño son
dos elementos difíciles de resolver en toda familia, pero son
esenciales para la formación de los hijos. Debo exigir, pero siempre
con cariño.
¿Cuando debo exigir? ¿En que cosas? Si exijo, ¿disminuirá
el cariño y el afecto de mi hijo? ¿Sabrá comprenderme,
entenderme? Estas y otras preguntas pueden asaltarnos y llenarnos de dudas
a la hora de exigir. Esto es lógico que ocurra,
por lo que se hace necesario que nuestro exigir esté
asentado en actitudes justas. Actitudes y razones que debo estar siempre
dispuesto a explicar, a exponer el porqué de la exigencia. Jamás
de los jamases debe haber tras la exigencia una postura
caprichosa, una postura que no tenga una razón de ser.
Como
padres debemos recordar que ambos elementos, exigencia y cariño, se
encuadran dentro del proceso de ser padres educadores, y que
estamos obligados a ello por ser responsables de haberles dado
la vida. Vida que debe ser formada para lograr que
sean personas con capacidad para desempeñarse en la vida, para
desempeñarse en el mundo.
Entre las reglas que según Bill Gates
hay que enseñarle a los chicos de hoy hay una
en la que les dice que antes de que ellos
nacieran, los padres no eran tan aburridos. Los padres se
volvieron aburridos cuando empezaron a ser menos exigentes, cuando empezaron
a pagar los gastos caprichosos de los chicos, cuando se
los complacía comprando ropa de marca y lo peor es
cuando tuvieron que escuchar, hablar y aguantar de las
nuevas ondas cuando ya era adolescente.
Ondas que defendían la ecología,
lo natural, la libertad sin límite, la limpieza, vaya a
saber uno de que limpieza. Eran adolescentes que antes de empeñarse
con sus ideas ecologicas y querer limpiar lo que
está contaminado, había que haber empezado a enseñarle por
limpiar las cosas de su propia vida. Empezando por su
propia habitación.
Educar significa “acompañar en
el camino”. Ahí está resumida la misión de ser padres: facilitar
todos los medios para que aprendan como deben comportarse en
ese arduo y duro diario vivir.
Educar también significa “sacar de
adentro”. Los padres deben facilitar que sus hijos hagan florecer desde
su interior todas las posibilidades que están en su ser,
tanto en lo intelectual como en lo espiritual, en lo
social, en lo afectivo, en lo físico, etc.
No puede haber
cariño sin exigencias......ni exigencias sin cariño. Porque en los hechos,
si verdaderamente amamos a nuestros hijos, sabemos que necesitamos exigir
para que el proceso formador pueda desarrollarse y dar frutos.
¿Cuando
obtendremos la mejor respuesta de nuestros hijos? Cuando perciban que la
primera exigencia para el logro de estos objetivos la tenemos
con nosotros mismos. Nada podemos exigirles que no vean que sus
padres son los primeros en hacerlo. No pretendáis que no
fumen, si ven que el padre o la madre fuman. No
pretendáis que sean ordenados si lo que ven a su
alrededor es desorden. Uno puede exigir, si primero se es exigente
con uno mismo.
Cada día es más frecuente la cantidad de
familias que se rompen. Los hijos que ven trocear su familia
es el mayor daño que unos padres pueden hacerles a
sus hijos. Una familia que se trocea, que se destruye, es
el peor ejemplo para hablar de exigencia y cariño. Una
familia que se destruye es el ejemplo en vivo y
en directo de la falta de amor y de exigencia.
Muchos
son los padres que ignoran el daño formativo que clavan
en la vida de sus hijos, cuando ven que su
padre y su madre, no se exigen a sí mismos,
el seguir siendo padre y madre que se aman, es
decir que prescinden de actuar como hombre y como mujer.
Aquellos que ponen por delante el seguir siendo padres, se
exigen a si mismos ser testimonio del amor de seguir
siendo padres para el bien de sus hijos.
Si no lo
hacen, no nos quejemos después de los modelos de familia
que por ahí se irán creando. El autentico modelo de familia,
el modelo de familia que lleva a la felicidad, es
aquella asentada en un hombre que es hombre y en
una mujer que es mujer que asumen amándose la responsabilidad
de ser padres. Así será como nacerán familias sólidas, armónicas en
las cuales su miembros se amaran, se respetarán y se
honrarán. Y podrán seguir desparramando cariño, exigiendo.
Comentarios al autor:
salvadorcasadevall@yahoo.com.ar
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