Fuente:www.mwnsajeconpoder.com
Autor:Adhemar Cuellar

San Juan 20,19-22 Al llegar la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, los discípulos se habían reunido con las puertas cerradas por miedo a las autoridades judías. Jesús entro y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:
-¡Paz a ustedes! Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús les dijo otra vez:
-¡Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí así yo los envió a ustedes. Y sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo.”
Al caer la noche del primer domingo de resurrección, los discípulos se encontraban reunidos con las puertas cerradas y llenos de miedo. quizás ellos tenían el mismo miedo de aquel niño que al caer la noche luego de haber visto una película de terror en la televisión, acompañado por su mama estaba recostado en su cuarto tratando de dormir, la mamá se despide del niño, y entonces el pequeño rompe en llanto y grita:-¡mama, mama!, no me abandones ¡tengo mucho miedo! ¡Tengo miedo estar solo! Quédate conmigo a dormir toda la noche. La mama se excusa que no puede quedarse más de lo necesario, entonces el niño llorando le pregunta:
-¿Y por qué no puedes quedarte mama?
-Hijo mío- dice la mama, - no puedo quedarme por que tengo que ir a acompañar a tu papa, que está en el otro cuarto, debo acompañarlo y a dormir con él.
Entonces el niño se calma y dice: ¡no lo puedo creer!, mi papa es un bebé grande, mi papa es el niño grande que tiene mas miedo que yo por que no puede dormir solo.
Los discípulos quizás también, habían visto una película de terror. Ellos presenciaron como su Maestro, el que creían que iba a liberar a su pueblo, moría ultrajado y humillado. Por tanto, ellos eran los Bebes grandes llenos de miedo.
Muchos de nosotros también hemos pasado por esta experiencia, cuántas películas de terror hemos vivido en nuestro matrimonio, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en la calle. Películas que luego de filmarlas y actuarlas nos han dejado llenos de temor.
Hoy la gente tiene miedo a la violencia, asesinatos, robos. Muchos tienen miedo a la soledad, al sufrimiento. Tienen miedo a la enfermedad, mas aún hay miles que tienen miedo a la muerte. Muchos de nosotros somos los “bebes, los niños grandes llenos de miedo.
La gran noticia es que ahí en nuestro cuarto, ahí en nuestro temor. Cuando estamos encerrados llenos de miedo dice la palabra de Dios, que aparece Jesús. Él atraviesa las paredes de nuestro pavor y nos dice en este momento ¡PAZ A USTEDES!
¡Hijo mió, hija mía, ya no tengas miedo. No tengas temor, mira mis llagas, mira mi costado. No estoy muerto he resucitado, he vencido al mundo, he derrotado a la muerte, he vencido al maligno. No temas, recibe mi Paz. ¡Que alegría hermanos! Jesús ha resucitado, ya no hay por que temer.
Dice en la Biblia que luego de esto, los discípulos se alegraron y Jesús sopló sobre ellos y les dijo RECIBAN EL ESPÍRITU SANTO.
Ustedes y yo también hemos recibido la unción del Espíritu Santo en nuestro bautismo. Fuimos bautizados en nombre del padre, del Hijo y del Espíritu Santo y con nuestro bautismo heredamos la fuerza y el poder que viene de lo alto. ¿Pero que ha pasado desde nuestro bautismo hasta hoy?, han pasado varios años, en lo que a mí respecta, han pasado largos 35 años desde mi bautismo.
En los años que distan desde nuestro bautismo hasta hoy en muchas ocasiones de nuestro accionar hemos “apagado” el fuego del Espíritu Santo. quizás la mayoría de nosotros ni siquiera escuchó la advertencia de San Pablo en 1Tesalonicenses 5,19 cuando nos dice “ NO APAGUEN EL FUEGO DEL ESPÍRITU”. Nosotros nos hicimos los sordos, muchas veces en vez de alimentar y avivar el fuego espiritual, nos dedicamos en avivar el fuego de nuestros apetitos y deseos carnales. Avivamos el fuego del orgullo, el fuego del odio, de la envidia. Nos pasamos atizando el fuego del sufrimiento, de la depresión, el fuego de la tristeza. al aumentar todos estos fuegos en nuestros corazones, apagamos el fuego del Espíritu Santo, y lo dejamos afuera.
el niño del que les comentaba al empezar; después de superar el miedo de la noche se dirigió a la iglesia a prepararse para su primera comunión. Adhemar que así se llamaba, llega al templo montado en su bicicleta. se disponía a entrar bicicleta y todo al lugar, cuando sale a su encuentro el párroco y le dice:- “Adhemar” no puedes entrar a la iglesia con tu bicicleta, debes dejarla fuera de la iglesia.
El niño preocupado explica al sacerdote- si dejo la bicicleta afuera, puede ser que los ladrones se la roben. El sacerdote para calmar al niño, le afirma:-No te preocupes Adhemar, El Espíritu Santo cuidará tu bicicleta. El niño convencido por la respuesta del padre deja la bicicleta afuera.
Ya en el catecismo el sacerdote les enseñaba a invocar a la santísima trinidad, diciéndole: En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo, Amen. ¿Entendiste Adhemar?-pregunta al niño. Nuevamente dice:- En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, Amen. - Ahora tu turno le dice al niño.
Adhemar empieza a poner en practica la enseñanza del sacerdote y repite:-En nombre del Padre y del Hijo, Amen. Nuevamente dice: - en el Nombre del Padre del Hijo, Amen. Y jactándose de su sabiduría añade el niño:- para que vea Padrecito que yo aprendo rápido.
Entonces el sacerdote le hace notar el error y le dice tu solo has dicho en nombre del Padre y del Hijo, Amen. ¿Y el Espíritu Santo? ¿Qué pasó con él? Pregunta el padre. El niño con una sonrisa responde:- acaso usted no me dijo que me cuidaría la bicicleta, pues El Espíritu Santo se quedo afuera de la iglesia cuidando mi Bicicleta,
Se quedó afuera hermanos, cuánta realidad encierra esta respuesta del niño. Nosotros con nuestros errores, con nuestros pecados, hemos apagado el Espíritu Santo y lo hemos dejado afuera de la iglesia, afuera de nuestra vida.
En el evangelio dice que los discípulos se encontraban con las puertas cerradas, pero aún así Jesús logró entrar, atravesó las paredes.
La buena noticia de hoy es que ¡Jesús está vivo! y hoy también quiere atravesar las paredes de tu corazón y los muros que encierran tu mente. Jesús en este día, te da una nueva oportunidad, Él quiere entrar en tu vida quiere apagar todos los fuegos que te han causado tanto daño. Quiere destruir toda esa leña de maldad y pecado que arde en tu corazón. Hoy quiere decirte primero ¡PAZ! ¡LA PAZ SEA CONTIGO! Y luego de todo esto, Él quiere Soplar sobre nosotros su Espíritu Santo, quiere soplar sobre nosotros el defensor, El Espíritu de la verdad que procede del Padre. Quiere derramar sobre nosotros una vez más la FUERZA Y EL PODER del Espíritu Santo para que seamos sus testigos en Santa Cruz, en Bolivia, en América, y en el mundo entero.
Oremos.
Aquí estamos señor, hoy también nosotros reunidos en tu nombre. Es cierto que tenemos diferentes clases de miedos y temores, es muy cierto que hemos pecado de diferente manera. Reconocemos Señor que a lo largo de este tiempo hemos apagado el Espíritu Santo. Hoy Señor pedimos Perdón, imploramos tu misericordia y postrados ante ti, te clamamos y te decimos: Sopla Señor tu Espíritu Santo. Manifiesta tu Poder Señor, con el Fuego de tu amor derrama en estos momentos en nuestros corazones la llama de tu amor. Si Señor queremos arder ya no de maldad y egoísmo, sino de amor Señor. Derrama el fuego de tu amor, quema nuestros corazones, que arda de amor por tu palabra, por tu iglesia,.
Espíritu Santo derrama tu poder sobre nosotros, queremos ser una llama viva para así salir a las calles y con poder y valentía propagar el amor, la misericordia, la bondad, la alegría, la paz, la bondad. Queremos ser fieles a tu palabra. Ven Espíritu Santo, regálanos tus dones, tus carismas. Ven Espíritu Santo, equípanos, queremos salir a anunciar la Buena Nueva con la armadura que todo soldado necesita. Ven Espíritu Santo, sopla en estos momentos tu Poder, que el viento de tu Poder sea derramado Hacia el Norte, hacia el Sur, hacia el Este, hacia el Oeste. Espíritu Santo, sentimos tu presencia, en estos momentos sentimos tu fuego, tu poder, por eso nos regocijamos, nos alegramos. Nuestro ser vibra y se llena de emoción y felicidad para decirte gracias Padre, gracias Hijo y Gracias Espíritu Santo,
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