domingo, 31 de mayo de 2009

Fuente: www.mercaba.org
Autor: P.Francisco Javier Leoz


La vida de Jesús no nos puede dejar indiferentes. Su sendero, su Pascua, no nos puede dejar inamovibles. Su Ascensión a los cielos, lejos de inducir sueño o dejadez, nos ha de infundir la valentía de los hijos de Dios. El Reino de Dios, ahora más que nunca, necesita de esas manos que prolonguen la misericordia y la paz que el Señor nos anunció mientras estuvo entre nosotros.

¡Bienvenido sea el Espíritu! Su soplo aviva las brasas de nuestra fe. Procura que, allá donde nos encontramos, manifestemos públicamente que somos cristianos. O que, vivir según y con Jesús, sea algo grande y que –lejos de producir infelicidad- de sentido y profundidad a lo que tenemos, pensamos y somos.

La fiesta de Pentecostés es el gozo de toda la Iglesia. Su constitución, sus cimientos, su vida. ¿Quién, sino el Espíritu, dinamiza, orienta, acota y alimenta todo lo que ocurre en el interior de nuestra comunidad? ¿Qué todo no es bueno? ¿Que, no todo,  es santo? ¿No será que, sin querer o queriendo, ahogamos la voz del Espíritu?

2.Cuando un barco avanza por alta mar, suena la sirena. Todos, especialmente los que se encuentran en proa o en popa perciben su sonido. Conocen, perfectamente,  si anuncia peligro o llegada a puerto, marejada o buen tiempo. Pero ¿qué ocurre con aquellos otros que –distraídos en sus camarotes o sumidos en mil ruidos prescinden de aquello que ocurre más arriba de sus cabezas? Simplemente que no se enteran. No se dan cuenta si hace buen o mal tiempo, de si existe riesgo o no. Se han encerrado en su mundo…y cualquier potente alarma les es indiferente, es insuficiente. Para ellos, no existe.

3.La voz del Espíritu es ese gran regalo que Dios nos ofrece. Ha dejado de caminar por la tierra y, el Señor, después de su Ascensión nos contagia con ese entusiasmo que –en su periplo por la tierra- dejó a sus apóstoles. ¿Lo sentimos así? ¿Es el Espíritu Santo una fuente de vida en nuestra fe? ¿No os parece que sigue siendo un gran desconocido cuando resulta ser el gran operante en todas nuestras acciones pastorales?

Hoy finaliza la Pascua pero, ahora, nos toca a nosotros dar los pasos necesarios para que el Reino que anunció Jesús siga siendo algo vivo y dinámico en medio de nuestra sociedad. Los brazos cruzados no son el mejor ejemplo ni la mejor manera de colaborar con el Señor. Guiados por el Espíritu Santo dejaremos a un lado miedos y dudas y nos lanzaremos sin reservas a cultivar nuestro tiempo. ¿Nuestro tiempo? Sí; por supuesto. Es nuestra hora. El momento de dar razón de nuestra esperanza, de nuestra fe y de nuestra alegría. ¿Cómo? Con nuestra entrega persuasiva, entusiasta y permanentemente iluminada por la fuerza del Espíritu.

Demos gracias a Dios por ese gran protagonista en nuestra vida cristiana, en nuestro quehacer eclesial, en nuestras reuniones, convocatorias y celebraciones: el Espíritu Santo.

¡FELIZ PASCUA DE PENTECOSTES

 

 

 


Tags: Gozo de la Iglesia

Publicado por edelweiss306 @ 2:40
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