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| La educación afectivo-sexual de nuestras hijas: Un reto apasionante |
La educación afectivo-sexual debe conseguir varios objetivos: conocimiento claro de
la sexualidad humana; aceptación de la propia sexualidad como fundamentalmente
buena; y, debido respeto a la sexualidad como medio de
realización personal, de comunicación interpersonal y transmisión de la vida.
La
información sobre la sexualidad se debe proporcionar como algo bello
y natural dentro de una educación para el amor. Esto
incluye tanto la educación afectiva (educación de la voluntad, los
sentimientos y emociones), como la educación sexual (responsabilidad, respeto al
cuerpo y una adecuada relación con el otro sexo). Primeros
cambios
La adolescencia se corresponde con los cambios psicológicos y
la pubertad con los somáticos y fisiológicos. Es muy importante
preparar a nuestra hija mediante una información adecuada, antes de
que ocurran éstos, explicándole que es un paso completamente natural
para su deseado papel de madre. La relación de confianza
debe instaurarse desde pequeños, ya que en la adolescencia resultará
más difícil, pues entre los sentimientos nuevos aparece el de
no querer dejar entrar a "extraños" en su intimidad.
En
la mayoría de las niñas, el primer signo físico de
la pubertad es el desarrollo mamario (alrededor de los 11
años), además de la vellosidad en pubis y axilas, los
ovarios, útero, vagina, labios y clítoris aumentan de tamaño. Asimismo,
se produce un aumento rápido de la talla corporal y
aparece la primera menstruación. Esto significa que la niña ha
ovulado por primera vez y ha empezado la maduración sexual.
También se despierta en ella la feminidad y el interés
general por los chicos. Entra en la fase del coqueteo
y los ligues, y no tarda en dejar de ser
parte de una pandilla para centrar su atracción en una
persona concreta del sexo contrario.
Armonización de conflictos
La adolescente
atraviesa una etapa difícil y conflictiva: debe armonizar los cambios
orgánicos, que muchas veces no quiere aceptar (“no quiero hacerme
mayor” ) , con la alteración afectiva, que produce la despedida del
mundo infantil: el despego del núcleo familiar y la búsqueda
de la propia personalidad con la tendencia a independizarse. Junto
a estas manifestaciones se sitúan la timidez, desilusión al chocar
con el mundo, depresión afectiva e irritabilidad. Hay una gran
necesidad de cariño, de sentirse seguro, comprendido y ayudado. En
este momento, los padres somos el modelo natural para los
hijos; de nosotros aprenden lo que significa ser fiel a
la familia, la capacidad de superar dificultades, el respeto mutuo,
el servicio, etc.
Hablar con claridad sobre amor y sexo
Las
relaciones familiares son primordiales: la proximidad entre padres e hijos,
la presencia en el hogar y el sentirse apoyadas. Es
el momento de hablar sobre el sexo y el amor
de forma clara, abierta, sincera y sin nerviosismo; explicar los
inconvenientes del embarazo en adolescentes y la importancia de demorar
la actividad sexual. La formación en la castidad es inseparable
del esfuerzo por cultivar otras virtudes como la templanza, la
fortaleza, la generosidad, la prudencia, la renuncia y espera, el
sacrificio y la entrega. Pero también debemos informarles sobre otros
temas candentes como son la homosexualidad, las enfermedades de transmisión
sexual, la reproducción asistida, la dignidad de la vida humana
desde sus inicios, el aborto y la verdad sobre la
píldora del día después.
Primeros amores
Cuando una chica sale con
un chico, siempre tiene que pensar hasta dónde quiere llegar.
Tenemos que explicarle que no debe llevar ropa provocadora, como
minifaldas que apenas cubren unos muslos "hermosos". En la discoteca,
con el ritmo de la música, la poca luz, los
movimientos, el roce de los cuerpos, el alcohol, se excitan
(los chicos más que ellas); y, si finalmente se meten
ingenuamente en un coche para charlar un rato, ya está
el camino preparado para empezar el "juego". Un acto sexual
en estas condiciones se realiza de forma bastante miserable: tiene
que ser rápido por el miedo de ser descubierto o
interrumpido, y va acompañado por la angustia de un posible
embarazo o un contagio. Ella piensa en qué diría su
madre, él confía en que no va a pasar nada.
Debemos aconsejarlas para que se vistan decentemente, ser cautas a
la hora de beber, no subir al coche con nadie,
no dejarse acompañar hasta al rellano oscuro de casa y
no subir al piso del chico con la excusa de
escuchar un poco de música. Así como no dejarse impresionar
o chantajear por el chico con la excusa de que
necesita "eso" y "sino cedes, no me quieres". El que
ama de verdad es capaz de respetar a la chica
y no la abandona, al contrario, la querrá más. Y
si no, no se la merece.
Dominar los impulsos sexuales es
posible
Las adolescentes siente ansias de cariño y curiosidad, pero
tienen que frenar continuamente sus expresiones corporales de cariño (por
ejemplo, besarse largamente en la boca) para no encadenar reacciones
que piden una entrega sexual. Les hemos enseñado que cuando
hay relaciones sexuales es posible un embarazo, pero han oído
hablar hasta la saciedad del sexo seguro.
Estas medidas, aparte
de ser poco saludables y no tan seguras como les
hacen creer, son moralmente reprobables por manipular el acto sexual
y la fertilidad, y por ser algunos métodos potencialmente abortivos.
Entonces recurren a toda clase de tocamientos sin penetración por
miedo al embarazo. Al preguntarles si han tenido relaciones confiesan
"que no del todo". Sin embargo, no se trata simplemente
de no quedarse embarazada, sino de vivir una sexualidad limpia
y responsable: esto significa abstenerse de relaciones sexuales hasta que
tengan la estabilidad que les permita fundar una familia y
aceptar a los hijos que puedan nacer. Los padres debemos
convencerlas de que el impulso sexual es dominable, a pesar
de lo que nos venden los anuncios publicitarios; hay que
enseñarles que el tener dominio de sí es una preparación
estupenda para luego ser fiel en el matrimonio, y que
la continencia sexual no es una represión sino una expectativa
alegre, una renuncia temporal y voluntaria, que surge de un
respeto mutuo, como prueba de amor.
Necesidad del conocimiento mutuo
La entrega sexual significa mucho para la mujer porque afecta
a lo más hondo de su intimidad. Una chica no
se acuesta simplemente por el placer, sino porque en el
fondo sueña con el hombre de su vida para casarse.
Por eso, cuando se rompe una relación, ella lo siente
más que él porque ha dado algo de sí misma.
En este sentido, es bueno que no se tome las
relaciones sexuales a la ligera y que no se ate
muy pronto a una persona: es muy probable que no
se vaya a quedar con el primero que se cruce
en su camino. Tiene toda la vida por delante para
encontrar el "suyo", el definitivo. El factor tiempo es muy
importante: unos "novios" que se conocen desde los 15 años
tienen demasiados años por delante hasta poder fundar un hogar.
En estos años suelen cambiar de carácter, de intereses y
es lógico que luego encuentren a otra persona que les
guste más. Los jóvenes para casarse necesitan una madurez mínima,
tanto fisiológica y psíquica. Además, los novios no son todavía
esposos, por mucho que crean amarse; su compromiso no da
derecho a actos que deben reservarse para el matrimonio. Un
planteamiento muy difundido es el de querer conocerse sexualmente: probar
si se acoplan el uno al otro. Esto es algo
engañoso, ya que el conocimiento mutuo no se limita a
la cama. Lo que sí hay que aprender son los
gustos del otro, sus aficiones, ver cómo es su familia,
sus amigos, cómo se comporta en situaciones adversas. Esto no
se puede comprobar en unas semanas o meses de convivencia
sin mayor compromiso, cuando existe la posibilidad de coger la
puerta y decir adiós ante el primer contratiempo.
En definitiva, nuestras
adolescentes se encuentran con una tarea dura, ya que deben
armonizar la nueva configuración orgánica, sus nuevos impulsos sexuales y
el ambiente, para conseguir una personalidad sana y definida. Por
esto, debemos educar a los hijos para la vida, no
para cualquier vida, sino para una vida feliz.
Ojo con las
rebeldías
Los padres debemos supervisar su comportamiento, el uso de
drogas y alcohol, el hábito de fumar y advertir de
los peligros de citas con personas mayores que ellas; las
chicas se sienten atraídas por la aparente "madurez" de chicos
mayores y se rebelan hacia las advertencias de los padres.
Si bien cuando una hija tiene buenas amigas tenemos la
mitad de la batalla ganada, no debemos olvidar que viven
en un entorno que les arremete mediante la publicidad, las
series de televisión, las revistas, las letras de las canciones,
etc. Hemos de estar al día y hablar con ellas
de sus inquietudes, teniendo en cuenta que son imprudentes, inestables
e impacientes. Por eso, en el fondo, les da seguridad
que a veces les digamos que no. Necesitan sentir una
mano fuerte y segura en su casa, aunque protesten.
"Soy la
única que no lo ha hecho"
En las conversaciones con
nuestra hija puede que nos asegure que todas sus amigas,
excepto ella, han tenido relaciones. Debemos explicarle que más de
la mitad de las chicas que las inician antes de
los 16 años, consideran que deberían haber esperado más. Una
chica suele ceder a las presiones del chico porque no
quiere dar la impresión de ser anticuada, porque "todas lo
hacen". Pero éstas no caerían en semejante trampa si supieran
que "no todas lo hacen" y que muchos hombres todavía
aprecian la virginidad a la hora de elegir la madre
de sus hijos. Una niña de 12 años ya puede
tener un hijo, pero no está preparada mentalmente para cuidarlo
y educarlo. Estas relaciones prematuras están condenadas casi siempre al
fracaso, pues se tiene por amor lo que en realidad
son unas vivencias sexuales basadas en actividades inmaduras.
Para pensar…
* Tenemos que procurar que nuestras hijas adquieran criterios para
saber distinguir entre lo que está bien y lo que
está mal.
* Los medios de comunicación ejercen una presión importante
respecto al concepto de las relaciones sexuales entre los jóvenes.
Los padres debemos competir con éstos y ofrecer modelos atractivos
que contrarresten, actividades alternativas y ayudarles a seleccionar programas adecuados
de cine, televisión, etc.
* En todas las cuestiones (salidas nocturnas,
amigos, fiestas, televisión) siempre es más eficaz razonar que prohibir.
*
EI desarrollo y carácter de cada hijo es distinto, por
lo que la información sexual debe ser individualizada.
* Debemos hablar
de sexo con delicadeza, claridad y naturalidad; evitar la sexofobia
y enseñar el respeto hacia la vida y el misterio
de la procreación.
* En la educación, no hay que confundir
la naturalidad con la falta de pudor (como mostrarse desnudos
ante los hijos). La educación del pudor es importante para
que sepan defender la propia intimidad física y psicológica.
* Debemos contestar
siempre a sus preguntas cuando nos las planteen, nunca posponer
las respuestas.
…y actuar
Hay que buscar los momentos idóneos para hablar
con nuestras hijas. Por ejemplo, cuando el resto de los
hermanos se han acostado, entrar en su habitación y dedicarles
un buen rato para que nos cuente sus cosas. La
tranquilidad de la casa, la intimidad de la noche, la
cercanía al estar las dos sentadas en su cama, etc.,
propician un clima de confianza que favorece conversaciones más profundas.
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