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A) Es el propio cuerpo:
Los muertos resucitarán con el mismo
cuerpo que tuvieron en la tierra (idéntica y numéricamente el
mismo).
Tanto mi cuerpo como tu cuerpo, serán los mismos cuerpos,
aunque transfigurados, glorificados, inmortalizados, resucitados.
El concilio
de Letrán (1215) declara: “Todos ellos resucitarán con el propio
cuerpo que ahora llevan” (Dz 429)
Referencias Bíblicas
La Sagrada Escritura
da testimonio implícito de esa identidad material por la palabra
que emplea: “despertarse”.
Solamente habrá verdadero despertamiento cuando el mismo
cuerpo que muere y se descompone sea el que reviva
de nuevo.
Citas:
a) 2Mac 7, 11: “De él [de Dios]
espero yo volver a recibirlas [la lengua y las manos]”
b)
1 Cor 15, 53: “Porque es preciso que lo corruptible
se revista de la incorrupción y que este ser mortal
se revista de inmortalidad”.
c) Flp. 3, 21: “ Él
[Jesucristo] transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su
cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas
las cosas bajo su dominio.
d)Lc 24, 39, en la aparición
de Jesús resucitado a los Apóstoles, Él les dice que
no es un espíritu, pues posee carne y huesos, y
les muestra sus manos y sus pies.
Los cuerpos resucitados estarán
libres de deformidades, mutilaciones y achaques.
Estarán en su máxima perfección
natural (plenitud del ser)
Con respecto a la edad: será una
edad madura pero joven, como la de Cristo, aproximadamente 36
o 37 años ( 6 a. C . -
30 d. C).
Tendrán diferencias sexuales y órganos de la vida
sensitiva, pero no se ejercerán las facultades biológicas y vegetativas,
como comer, beber, procrear.
Cfr. Mt. 22,30 “En la resurrección
todos serán cómo ángeles en el cielo”.
B) Cualidades del Cuerpo resucitado
Según
el modelo de Jesús Resucitado que aparece en los Evangelios.
Cfr.
Mt 28 ss., Mc 16, Lc 24, Jn 20
ss., Flp. 3, 21: Semejantes a Su cuerpo.
I. Impasibilidad
es decir, la propiedad de que no sea accesible
a ellos mal físico de ninguna clase, es decir, el
sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Definiéndola con mayor precisión,
es “la imposibilidad de sufrir y morir”. Ap. 21,
4 : “Él enjugará las lágrimas de sus ojos, y
la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni gritos,
ni trabajo, porque todo esto es ya pasado”. Lc
20, 36: “Ya no pueden morir”.
La razón intrínseca de la
impasibilidad se encuentra en el perfecto sometimiento del cuerpo al
alma que es inmortal.
II. Sutilidad, sutileza o penetrabilidad:
Es la
propiedad por la cual el cuerpo se hará semejante a
los espíritus en cuanto podrá penetrar los cuerpos sin lesionarse
ni lesionar, es decir, podrá atravesar otros cuerpos.
No se debe
creer que por ello el cuerpo se transformará en sustancia
espiritual o que la materia se enrarecerá hasta convertirse en
un cuerpo “etéreo”.
Veamos ejemplos conforme al cuerpo resucitado de Cristo:
Jesús
resucitado atravesó las sábanas (Jn 20, 5-7)
Salió del sepulcro
sellado por la piedra (Mt 28,2).
(Un ángel
movió la piedra, no para que Jesús saliera, sino para
que las mujeres que fueron a visitar el sepulcro pudieran
entrar allí y ver que el Señor ya no estaba).
Entra
en el Cenáculo aún estando cerradas las puertas –atrancadas, dice
el original griego- (Jn 20, 19.26).
La razón intrínseca de esta
espiritualización la tenemos en el dominio completo del alma glorificada
sobre el cuerpo ( en cuanto es la forma substancial
del mismo).
III. Agilidad Es la capacidad del cuerpo para obedecer al
espíritu en todos sus movimientos con suma facilidad y rapidez,
es decir, en forma instantánea.
Esta propiedad se contrapone a la
gravedad y peso de los cuerpos terrestres, de acuerdo a
la ley de la gravitación.
El modelo de la agilidad
lo tenemos en el cuerpo resucitado de Cristo, que se
presentó de repente en medio de sus apóstoles y desapareció
también repentinamente:
Lc 24, 31: “Entonces los ojos de los discípulos
se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de
su vista”.
Lc 24, 34: “ Es verdad, ¡El Señor ha
resucitado y se apareció a Simón!”
Lc 24, 36: “Todavía estaban
hablando de esto cuando Jesús se apareció en medio de
ellos y les dijo <
>”.
La razón
intrínseca de la agilidad la hallamos en el total dominio
que el alma glorificada ejerce sobre el cuerpo, en cuanto
es el principio motor del mismo, por lo que este
no le opone resistencia.
IV. Claridad es el estar libre de todo
lo ignominioso y rebosar hermosura y esplendor.
Jesús nos dice: “Los
justos brillarán como el sol en el reino de su
Padre” (Mt 13, 43)
Un modelo de claridad lo tenemos en
la glorificación de Jesús en el monte Tabor (Mt 17,
2)
Y después de su resurrección (Cf. Hch. 9,3).
La
razón intrínseca de la claridad la tenemos en el gran
caudal de hermosura y resplandor que desde el alma se
desborda sobre el cuerpo.
Es menester aclarar que el grado de
claridad será distinto – como se nos dice en 1
Cor 15, 41, haciendo referencia a la condición de los
cuerpos resucitados: “Cada cuerpo tiene su propio resplandor: uno es
el resplandor del sol, otro el de la luna, otro
el de las estrellas, y aun las estrellas difieren unas
de otras por su resplandor”- y estará proporcionado al grado
de gloria con el que brille el alma; y la
gloria dependerá de la cuantía de los merecimientos.
Ahora, ¿Cuándo sucederá
esto?: En el fin del mundo, donde se realizará el
Juicio Final, la Parusía o Nueva Venida de Cristo.
Recordemos
que Jesús dejó incierto el momento en que verificaría su
Segunda Venida: Al final de su discurso sobre la Parusía,
declaró: “En cuanto a ese día o a esa hora,
nadie la conoce, ni los ángeles del cielo, ni el
Hijo, sino sólo el Padre” (Mc 13,32).
Finalmente, siguiendo las recomendaciones
del apóstol Pablo: procuremos que nadie devuelva mal por mal.
Por el contrario, esforcémonos por hacer siempre el bien entre
nosotros y con todo el mundo. Estemos siempre alegres. Oremos
sin cesar. Demos gracias a Dios en toda ocasión: esto
es lo que Dios quiere de todos nosotros, en Cristo
Jesús (Cf. 1 Tes 5, 15-18).
Estemos preparados, vigilantes, en vela
(despiertos, alertas), pues el Señor esta cerca:
¡Amen, ven Señor Jesús!
(Ap. 22, 20)
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