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Catholic.netFuente: Homilía de Benedicto XVI al clausurar el Año Paulino Autor: SS
Benedicto XVI
La valentía es necesaria para unirse a la fe de la
Iglesia, incluso si ésta contradice al "esquema" del mundo contemporáneo. A esta
falta de conformismo de la fe Pablo llama una "fe adulta". Califica en cambio
como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del
tiempo. De este modo forma parte de la fe adulta, por ejemplo, comprometerse con
la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción,
oponiéndose con ello de forma radical al principio de la violencia, precisamente
en defensa de las criaturas humanas más vulnerables.
Forma parte de la
fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida
como ordenado por el Creador, reestablecido nuevamente por Cristo. La fe adulta
no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los
vientos de la moda. Sabe que estos vientos no son el soplo del Espíritu Santo;
sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con
Jesucristo. Pero Pablo no se detiene en la negación, sino que nos lleva hacia el
gran "sí".
La caridad es la prueba de la verdad
Describe
la fe madura, realmente adulta de forma positiva con la expresión: "actuar según
la verdad en la caridad" (cfr Efesios 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos
ofrece la fe, se desarrolla primero hacia la verdad. El poder del mal es la
mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el
mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se
nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Al contemplar a Cristo reconocemos
algo más: verdad y caridad son inseparables. En Dios, ambas son una sola cosa:
es precisamente ésta la esencia de Dios. Por este motivo, para los cristianos
verdad y caridad van unidas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre
seremos constantemente medidos según este criterio: que la verdad se transforme
en caridad para ser verdaderos.
Otro pensamiento importante aparece en
el versículo de san Pablo. El apóstol nos dice que, actuando según la verdad en
la caridad, contribuimos a hacer que el todo -el universo- crezca hacia Cristo.
Pablo, en virtud de su fe, no se interesa sólo por nuestra personal rectitud o
por el crecimiento de la Iglesia. Él se interesa por el universo: "ta pánta". La
finalidad última de la obra de Cristo es el universo -la transformación del
universo, de todo el mundo humano, de la entera creación. Quien junto con Cristo
sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo. Sí,
es completamente claro que Pablo conoce la idea del progreso. Cristo, su vivir,
sufrir y resucitar, ha sido el verdadero gran salto del progreso para la
humanidad, para el mundo. Ahora, en cambio, el universo tiene que crecer hacia
Él. Donde aumenta la presencia de Cristo, allí está el verdadero progreso del
mundo. Allí el hombre se hace nuevo y así se transforma en nuevo mundo.
La razón iluminada desde el corazón
...El hombre interior
tiene que reforzarse -es un imperativo muy apropiado para nuestro tiempo en el
que los hombres a menudo permanecen interiormente vacíos y por lo tanto tienen
que aferrarse a promesas y narcóticos, que después tienen como consecuencia un
ulterior crecimiento del sentido de vacío en su interior. El vacío interior -la
debilidad del hombre interior- es uno de los más grandes problemas de nuestro
tiempo. Tiene que reforzarse la interioridad -la perspectiva del corazón; la
capacidad de ver y comprender el mundo y el hombre desde dentro, con el corazón.
Tenemos necesidad de una razón iluminada desde el corazón, para aprender a
actuar según la verdad en la caridad. Pero esto no se realiza sin una íntima
relación con Dios, sin la vida de oración. Tenemos necesidad del encuentro con
Dios, que se nos ofrece en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la
oración, sino le dejamos que hable antes Él mismo, si no le escuchamos en la
palabra que Él nos ha donado.
Oremos al Señor para que nos ayude a
reconocer algo de la enormidad de su amor. Oremos para que su amor y su verdad
toquen nuestro corazón. Pidamos que Cristo viva en nuestros corazones y nos haga
ser hombres nuevos, que actúan según la verdad en la caridad. Amen.