viernes, 03 de julio de 2009
Fuente: Catholic. net
Autor: Tita Díaz Infante de cardona




Ha muerto un santo, un santo en el mundo, pero que no era del mundo, un santo común y corriente, que no hacía cosas extraordinarias, sino que hacía lo ordinario, extraordinariamente bien.


Gerardo Medrano Ibarra fue un empresario católico, miembro del Regnum Christi desde su adolescencia. Se distinguió por su coherencia de vida y por su entrega incondicional a lo que Dios le pedía en el apostolado.


Aguascalientes, México, miércoles 2 de julio, año 2008…. Me levanté como todas las mañanas, corriendo para alcanzar la misa de 8:00 e irme a trabajar. Al salir comencé a escuchar el plañir de las sirenas… no me gustó, no me gustó la queja a la que se unían cada vez más sirenas con distintas voces, incrementando el volumen de la advertencia. Durante toda la misa las seguí escuchando, insistentemente.- Otra vez, pensé, ya pasó algo otra vez…
- Ya habían pasado muchas cosas, pero algo que nos tocó más de cerca fue el hecho que durante el mes de junio, un martes por la tarde, todos los invitados a una fiesta de Primera Comunión, - que fue en martes porque el P. Javier López Castañeda LC quien actualmente trabaja en Colombia, estaba de pasada y sus sobrinos querían recibir de sus manos a Jesús -, llegamos retrasados debido a una balacera que se suscitó justo en medio de las calles más transitadas de la zona residencial en que vivimos.
Mi mamá iba al doctor y se tuvo que quedar quieta… y por hacer algo mejor que asustarse, se puso a contar patrullas. Contó algo así como 43 y dice que no pudo contarlas todas. Hubo algunos heridos, personas que estaban por ahí, sin deberla, ni temerla… pero este día, 2 de julio de 2008, no murió alguien que estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado… Este día, murió una persona inocente, completamente inocente, que estaba en su lugar y haciendo lo que tenía que hacer.

Al salir de misa, crucé la calle para comprar algo que me faltaba para el desayuno. La persona encargada miraba la tele sorprendida y solo me dijo: han matado a alguien muy importante. Yo para mis adentros confirmé que mis temores no eran infundados. En eso sonó el teléfono, era mi esposo para darme la noticia: - ¡Algo horrible acaba de ocurrir!, ¡acaban de matar a Gerardo Medrano! – Me quedé helada. Luego atiné a decirle, cuál niña ilusa, ¡que cómo, que eso no podía ser posible! … ¡pobre de mí!...
Él me dijo que me fuera a casa a estar con los niños y luego reflexionó y me dijo: - ¡ no mejor no, mejor trae un sacerdote, rápido, pues no sea que se lo vayan a llevar y hasta ahora no he encontrado ninguno y nadie lo ha atendido, nadie !…
Yo corrí por el sacerdote que acababa de celebrar la misa, pues no pertenecía a la parroquia y temía que ya se hubiera ido. Era el P. Chonito, un sacerdote diocesano, muy joven, muy santo y recién ordenado, que en medio del nerviosismo suscitado por la noticia, corrió por lo necesario y accedió a venir conmigo.
Yo iba muy triste y muy indignada, pero en paz… sabía que estaba haciendo lo que debía y consideraba un honor el poder hacerle ese servicio a nuestro querido amigo.
Llegamos al blvd. Manuel J. Clouthier, el tránsito estaba impedido y la zona acordonada. Pasé con firmeza las instancias, pues venía conmigo el sacerdote y gracias a Dios ese día yo traía una chaqueta amarilla que parece como del ejército de rescate y salvamento. Me paré lo más cerca que pude, en medio de mucho más que 43 patrullas…. Y entonces contemplé la escena: la camioneta estaba ahí, y dentro, muerto, con una expresión de paz, como un niño dormido, nuestro buen amigo que tanto nos dejó a todos, pues a ejemplo de Jesús, “ pasó haciendo el bien ”.

El padre fue a darle la extremaunción -bajo condición- y a mi me dijo un oficial: - Seño, haga el favor de mover su unidá pa’que salga el compañero -.
Así que tuve que obedecer y me subí a la camioneta, pero no pude moverme, porque en eso pasaron a mi derecha y a mi izquierda, trotando, unas filas que a mi me parecieron interminables, de soldados, fuertemente armados, con el único objeto de verificar o dar fe del auto y del cadáver…

Mientras todo eso sucedía llamé a mis papás, para que supieran dónde estaba, pues no sabía en qué podría acabar todo eso y seguí tratando de localizar a algún padre legionario para que acompañaran a la familia. Luego, mientras seguía el desfile, empecé a pensar en su esposa, en sus hijos, en sus papás y hermanos, en todo lo que él era y había sido desde niño…
Lo recuerdo bien, yo ya era bastante más grande, pero él era un niño inquieto y travieso, lo veo, como si fuera ayer, corriendo, ganando en los juegos, montado en la bicicleta cuando vivir en Jardines de la Asunción era como vivir en el campo, compitiendo en la fiesta atlética, jugando “quemados”, “escondidas” y a “la roña” durante las jornadas vocacionales que hacían nuestros papás para el club Serra. Siempre estaba organizando cosas, como los “cinitos” en la cochera de su casa, vendiendo palomitas y limones con chilito que él mismo preparaba… y con la mitad de lo que ganaba, compraba dulces y se los llevaba a los niños del rancho y la otra mitad, la ahorraba para cuando fuera “grande”… luego de jovencito, como un gran líder y responsable de equipo, y cuando se hizo novio de la niña que llegó a ser su esposa y cuando se casaron y nacieron uno a uno sus hijos: los que Dios les concedió y los que ellos, por su amor generoso, adoptaron, porque agradecidos, quisieron corresponder a tanto amor recibido por parte de Dios.

Pero quizá, el mejor tiempo en que pudimos disfrutar de su amistad, fue cuando él y su esposa nos invitaron a mi esposo y a mí a participar en Familia Misionera. Nosotros ya habíamos asistido pero por ratos, debido a lo seguido y pequeñitos que estaban los niños, pero él convenció a Paco (que es por completo “flor de asfalto&rdquoGuiño, de comprar una casa de campaña y quedarnos durante todo el tiempo en la megamisión, “empanizándonos” al tiempo que recorríamos el pueblo, con el polvo de Chinampas. Y así lo hicimos durante creo que tres años.

Él tenía una gran capacidad de convocatoria y siempre fue un jefe conciliador y gran amigo de todos. A cada uno buscaba ayudarle en la medida de lo posible en sus necesidades y también ayudaba a su prójimo conocido y desconocido. Siempre estaba sonriente, su sonrisa franca acompañará siempre a su recuerdo. Sólo cuando hablaba o recordaba a su niña, su más pequeñita, síndrome de Down que ellos adoptaron y que murió en una operación a corazón abierto, se le rodaban las lágrimas y dejando de sonreir, nos permitía palpar el gran dolor que su partida de este mundo le seguía provocando.

Hablaba siempre de manera atractiva, debido a su convicción y a su coherencia de vida, en realidad, fue un gran apóstol, un apóstol de los que viene pidiendo Dios a la Iglesia desde los albores del Concilio Vaticano II y que entrevió Nuestro Padre Fundador y que creció bajo el pontificado del Papa Juan Pablo II, a quien tuvo oportunidad de conocer personalmente y de asistir, siendo un joven estudiante, a la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Santiago de Compostela, en España.
Durante su última visita a México, el Papa Juan Pablo II cargó a Pablo, su otro pequeñito con síndrome de Down, acogido también por ellos y lo besó y abrazó enternecido.

Como hijo, fue un gran hijo, como hermano, increíble, como esposo, admirable, como padre, envidiable, … por cierto, unos días antes fue “Día del Padre” y lo encontré en misa, con todos los niños mientras su esposa ayudaba a distribuir la comunión y a la salida le dije: - ¡He ahí un padre al que da mucho gusto felicitar!... Él sonrió agradecido y sin darle importancia siguió su camino … sin dejar de sonreir…

… El desfile de soldados al trote llegó a su fin y eso me hizo volver a la cruda realidad: el tiempo parecía haberse detenido mientras repasaba los últimos recuerdos, incrédula, de que todo estuviera ocurriendo en una calle por la que paso casi todos los días… era como estar sí, en mi misma ciudad, pero como en otra dimensión, en la dimensión de la maldad, en medio de una zona de guerra, al final de una batalla… pero, contrariamente a lo que se pueda ver al final de una batalla cuerpo a cuerpo (muertos por todos lados), - por lo menos eso se ve en las películas-, yo veía en mi realidad, un sinnúmero de policías, de todos los colores y denominaciones posibles y también muchos soldados, todos armados hasta los dientes para proteger no sé qué, pues ninguno apareció en calle tan custodiada, durante la persecución que terminó en su muerte: la muerte de un cordero inocente, fiel a sus principios y convicciones que iba a trabajar y a cumplir la Voluntad de Dios como todos los días….

Tal vez …. debería corregir: “… había un muerto que ya estaba Vivo, porque la vida eterna existe y en medio de él, había muchas clases de muertos: muertos en vida, muertos por el pecado, muertos de miedo y muertos de tristeza e indignación.

Aunque había ruido afuera, mi tristeza era tal que mi camioneta se convirtió en una especie de cápsula espacial que solo observa en silencio el espacio sideral…… exactamente ocho días antes, celebrábamos 30 años de los inicios del movimiento Regnum Christi en Aguascalientes, inicios de los que él fue protagonista y testigo desde muy pequeño, pues le tocó fundar además de en su lugar de origen, en varios lugares, especialmente en Zacatecas y también en San Luis Potosí, cuando era universitario.
El P. Juan Carlos Zezati LC, originario de Zacatecas nos contó que a Gerardo le debía su vocación.
Ese día de la celebración, el P. Ramón los llamó aparte para plantearles de nuevo el reto de aceptar dirigir Familia Misionera. Ellos salieron pensativos, pero felices y sonrientes de su entrevista con el padre. Así me despedí de ellos y creo que fue la última vez que los vi juntos.

El martes, día anterior a su muerte, ellos dijeron que sí, aceptaron de nuevo la estafeta y el padre celebró la Eucaristía solamente con ellos y con Gustavo y Paty, los jefes salientes y Julián y Marisol, el matrimonio encargado de coordinar todas las unidades.
Luego cenaron y convivieron felices y regresaron a sus casas. Esa fue la última noche que pasó Gerardo en esta tierra, respondiendo generosamente a la Voluntad de Dios sobre su vida, siendo un soldado, hombre del Reino hasta el final.

Ha muerto un santo, un santo en el mundo, pero que no era del mundo, un santo común y corriente, que no hacía cosas extraordinarias, sino que hacía lo ordinario, extraordinariamente bien, debido a su intencionalidad y que por negarse a “colaborar” con el “crimen organizado” fue muerto… así que, yo, a mi humilde entender, y no lo digo solo yo, pues creo ser portavoz de muchas mentes y muchos corazones, además de afirmar que era un santo, también me atrevo a afirmar que fue mártir, pues murió por defender los valores del Evangelio que ya nadie vive y mucho menos defiende y no vendió su Reino ni por un plato de lentejas, ni por una abundante fortuna, ni cedió ante ninguna amenaza, ni siquiera ante la de su propia vida.

La Misa de despedida fue impresionante…. Estaban todos los que pudieron estar y todos los padres diocesanos y religiosos que le conocían y pudieron asistir…

Todos los miembros de su familia, participaron con gran tristeza, pero al mismo tiempo, dando un gran ejemplo de fortaleza y de esperanza, de la que todos, absolutamente todos, pudimos ser testigos.

Su esposa, habló al final, con gran entereza, dando testimonio de su espíritu cristiano. Lo más impactante, fue el perdón ofrecido a sus asesinos y la petición de que los responsables, puedan llegar a ser capaces de conocer el Amor…. Para que así puedan llegar a ser felices y puedan deshacerse de todo su odio y su rencor ….

Murió el mejor de nuestra comunidad, el apóstol más completo y un ciudadano verdaderamente útil y valioso para el Estado de Aguascalientes.

Hemos perdido a alguien que es irreemplazable e insustituible y la vida ya nunca será igual para ninguno de sus seres queridos y para muchos más, que ni nos podemos imaginar siquiera.

Ojalá que su muerte no sea en vano y su sangre no sea estéril… y ojalá que el hueco de su ausencia que sufren sus seres queridos, se llene de esperanza, al convivir con personas auténticas y santas, como él lo fue. Que su corazón se consuele y se alegre al contemplar el testimonio de nuevos hombres y mujeres de Dios que son valientes como él, que su dolor se transforme en gozo al constatar que muchos otros, como él, estamos trabajando por construir la nueva civilización del amor que con tanta insistencia nos encomendó el Papa Juan Pablo II.

Hoy estamos aquí, mañana…., ¡solo Dios lo sabe!, pero vale la pena vivir como él vivió, cada quien desde su propia historia y circunstancias (de acuerdo al estado y condición de vida al que Dios ha llamado a cada uno) y vale la pena morir, como él murió si esto es preciso, por dar testimonio de que el amor de Cristo, aunque exigente, es lo único que realmente nos puede hacer verdadera y plenamente felices.

Si estás dormido o anegado por la tristeza y la desilusión, ¡DESPIERTA!, esta es una historia real que ya se cumplió en parte, escribe tú la tuya de cara a lo que Cristo te pide a tí en tu propia historia, en la familia y en la ciudad en la que vives, en la sociedad que te rodea. Atrévete a ser un hijo digno de la Iglesia, un fiel seguidor de Jesucristo, sin que te importe nada más que cumplir Su Voluntad , darle gloria y establecer y extender, no con palabras, sino con hechos, Su Reino de amor, de justicia y de paz.
Y entonces, podrás dejar de temer por el futuro de las nuevas generaciones, pues habrás dejado a tus hijos y a los que vienen detrás de ti, un mundo mejor, y entonces, tu vida habrá adquirido un sentido y valor de eternidad.
No necesitas hacer grandes cosas o ser el héroe de la película. Lo que necesitas es amar de verdad cada momento, cada hora, cada día, cada año de la vida que Dios quiera concederte, aunque a veces, amar nos duela tanto.

 


Publicado por edelweiss306 @ 7:32
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