Bautismo
|
"El
Bautismo de los niños es algo bellísimo porque, en realidad, en ese
caso es cuando se manifiesta con mayor plenitud la pura gratuidad de la
gracia de la salvación, que nos hace hijos de Dios. El niño recibe esa
gracia como un regalo total”. Sin embargo, hoy día, hay “padres que aún
apreciando el Bautismo no tienen una conciencia clara del compromiso
que ellos mismos están asumiendo. Porque al trasmitirles a sus hijos la
vida de la fe están comprometiéndose a educarlos en esa misma fe”. Así
lo expresó el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, durante su
habitual reflexión televisiva del fin de semana.
El prelado subrayó además otro aspecto que “manifiesta una cierta
ambigüedad en este campo” que es el de “la elección del nombre”, porque
“aparece cada vez con mayor frecuencia el caso de chicos a los que sus
padres ponen nombres no cristianos” y de esta manera “están privando al
niño de un patrono celestial y de la posibilidad de celebrar su
onomástico”.
En tercer lugar, mencionó un problema “más
grave todavía”, en referencia a que “algunos padres católicos no sólo
difieren el Bautismo de sus hijos sino que lo eluden con el falso
argumento de que cuando ellos sean grandes deben decidir si quieren ser
cristianos”.
Sostuvo que se trata de “un error muy serio,
porque si esos padres son realmente católicos y viven su fe, ¿Qué mejor
pueden desear para sus hijos que el don inestimable de la gracia
divina? Este error, que se registra incluso entre personas cultas, bien
formadas, es totalmente contrario a la enseñanza y a la disciplina de
la Iglesia”.
Asimismo, al calificar de “muy curioso” el
argumento de “que los hijos decidan por su cuenta cuando sean grandes”,
explicó: “porque esos mismos padres, aparentemente tan respetuosos de
la libertad de sus hijos, les imponen toda clase de condicionamientos y
determinaciones en otros campos de la educación: eligen para ellos
costumbres, gustos, estilos; los hacen simpatizantes de un club de
fútbol para que comparta el fanatismo del padre y deciden si debe
estudiar alemán o inglés, flauta o patín o dibujo. Les imponen montones
de cosas, pero los privan del don de la fe y de la gracia de Dios
durante los años decisivos en los que se configura la personalidad”.
“¡Aquí hay una verdadera contradicción! Y esto no es sólo un error sino
que me atrevo a decir que es también un pecado, una falta de piedad y
de amor para con el hijo al cual dedican tantos cuidados y privan del
mayor de los dones: lo privan de Dios”, concluyó.+
|