este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
A veces se culpa la
independencia de la mujer actual. No creo que sea el problema de hoy. Al
contrario, es una suerte que exista, porque sólo quien es interiormente libre e
independiente puede amar y entregarse verdaderamente a los demás. Voy a enumerar
brevemente algunas dificultades:
1.- Dos personas se casan hoy, en
general por simpatía y amor; es decir, por motivos subjetivos y menos objetivos.
Esto es muy bueno e ideal, si no se dejan completamente de lado los aspectos
objetivos como la cultura, la forma de ver la vida, etc. Casarse por amor, me
parece que es la única razón aceptable para contraer matrimonio. Sin embargo,
hoy en día, no es raro que falten casi todos los motivos objetivos. En este
caso, la fidelidad matrimonial es sumamente difícil. Porque cuando se acaba el
amor, cuando llega la monotonía cotidiana, hay que perseverar sin un entorno
exterior que sostenga.
2.- Muchas veces los esposos tienen distintos
campos de acción, ya sea en la familia, en la profesión fuera del hogar. No se
ven durante muchas horas del día. Sin embargo, tienen contacto con otras
personas, hombres y mujeres, y con ellos comparten sus intereses y planes
profesionales. Cuando vuelven cansados a casa, ya no tienen fuerzas para
dialogar o hacer planes y esto genera una distancia entre los esposos.
3.- Al mismo tiempo, la opinión pública y las costumbres occidentales no
protegen el matrimonio. Incluso se puede decir sin exagerar que se hace
propaganda a la infidelidad.
- ¿Qué facilitaría que el matrimonio sea
feliz en el transcurso de los años?
- Claro que no hay recetas
fijas, pero podemos reflexionar un poco sobre lo que puede facilitar la vida
cotidiana.
1.- Amor decidido. Si al contraer matrimonio los cónyuges son
conscientes de que toman una decisión para toda la vida y tienen la firme
voluntad de permanecer unidos hasta el final, pase lo que pase, en tiempos de
sol y de lluvia, de nieve, hielo y tormenta, entonces pueden desarrollarse
libremente, en un clima de seguridad y de confianza. Conviene perder el miedo a
las crisis. Conflictos y divergencias de opiniones existirán siempre allí donde
varias personas viven en estrecho contacto. Lo decisivo es la actitud que se
adopta ante aquellas situaciones difíciles, aprovechar la oportunidad de
estrechar los lazos de unión superando juntos las dificultades. A menudo, la
disposición de perdonar es la única esperanza en el camino hacia un nuevo
comienzo. Con los años un cónyuge va amando más al otro porque quiere amarle,
porque se ha decidido por el otro de por vida y está dispuesto a soportar
desilusiones.
2.- Respeto mutuo. Hoy en día el hombre y la mujer se
encuentran en el matrimonio uno junto al otro con la misma dignidad, la misma
altura, los mismos derechos y deberes. A veces, existe mucha independencia
social y económica y, a la vez, una gran dependencia afectiva. Pero sólo aquel
que es interiormente libre y autónomo puede entregarse a los demás. Por tanto,
hay que reconocer la necesidad de mantener una sana distancia en el matrimonio.
La vida en común no debe convertirse en una atadura o cárcel que restringe la
libertad del otro. Un cónyuge no puede quitar al otro la posibilidad de
desarrollarse y llevar adelante iniciativas propias; para llegar a una profunda
unidad es necesario seguir siendo dos personas individuales. No se ama al otro,
mientras no se la ama en sí mismo. El tú no es la prolongación del yo, el tú es
el misterio del otro que pide ser afirmado en sí mismo.
3.- Apertura a
la vida. Un matrimonio verdaderamente feliz descubre continuamente nuevos
horizontes, está abierto a otras personas, también a una futura descendencia.
Tiene el valor de transmitir la vida, de conservarla, de amarla y de velar por
su desarrollo. Pero si la unión sexual se entendiera exclusivamente como la
procreación, se denigraría al cónyuge al tratarlo como un simple medio. En
cambio, si están integrados en el amor matrimonial tanto el deseo de tener hijos
como la búsqueda de la unión sexual, se puede considerar conseguida la relación.
4.- Sentido del humor. Sebastianne Chamfort tiene una frase que es muy
importante para la vida cotidiana de la familia: "cuando hayas estado un día
entero sin reír, habrás perdido totalmente ese día". El que tiene sentido del
humor puede olvidarse de sí mismo y de este modo está libre para los demás.
Tendemos a plantearnos problemas existenciales por cosas insignificantes y esto
afecta a las relaciones. Debemos esforzarnos por no contemplar las múltiples
cosas pequeñas de la vida desde su aspecto negativo. Cada cosa tiene dos caras y
vale la pena centrar la vista en aquella cara de la que podemos reírnos a gusto
o al menos sonreír.
- Mucha gente llega a otra conclusión: ya no quieren
casarse porque no quieren llevar una vida de engaño, y tampoco quieren tener las
complicaciones de un divorcio. Prefieren vivir algún tiempo juntos. Si van bien,
se pueden casar y si van mal, se separan sin grandes problemas y desventajas
económicas...
- Vivir en una relación abierta, de hecho, es mucho menos
atractivo de lo que parece. Si se declara que no es necesario casarse, con
frecuencia se llega a exterminar, de un modo muy sutil, el amor entre el hombre
y la mujer. Cuando dos personas viven juntas sin casarse, en algún rincón de su
corazón queda un resto de desconfianza. Es como decirle: "yo te quiero hoy. Pero
no sé si te querré mañana (o dentro de diez años) y por eso prefiero no meterme
en líos". Las relaciones abiertas traen consigo muchas frustraciones y
decepciones, el amor se enfría con la falta de confianza.
La familia y
también el matrimonio pertenece a lo que la naturaleza humana pide. Cuando digo
matrimonio me refiero a una relación estable permanente entre un hombre y una
mujer que da seguridad y confianza. Me gusta compararlo con un muro, construido
alrededor de una gran plataforma, en la cumbre de un monte alto y escarpado.
Gracias a ese muro, los niños pueden correr en la plataforma con toda libertad,
pueden hacer sus juegos más salvajes, saltar y bailar, sin peligro alguno de
caída. En cambio, cuando falta el muro, uno sólo puede moverse lentamente, con
cuidado y miedo de perder la integridad. Disminuye la alegría de moverse, de
emprender grandes cosas y comerse el mundo.
- En época de dificultad,
¿cómo se replantea la fidelidad?
- El matrimonio, vida común
indisoluble, es la mejor garantía para la felicidad de la familia. El matrimonio
lleva a una felicidad mayor que el amor espontáneo; éste puede ser muy
apasionante pero queda inmaduro si huye de la entrega definitiva. Es un desafío
mantenerse unidos uno al otro, también en tiempos de crisis o de poca
comprensión. Todo matrimonio pasa por tiempos de crisis, igual que toda persona
humana, cuando crece experimenta sus conflictos de desarrollo. Es muy normal que
haya momentos duros en la vida. Uno puede notar monotonía, desazón, quizá la
falta de una plena realización profesional; ve que los planes se derrumban y que
los hijos son muy distintos de lo que deseaba. A veces, con los años aparece el
remordimiento de no haber dado al otro todo lo que requería... Pero, toda crisis
trae consigo un cambio, y puede ser hacia una madurez mayor, hacia una confianza
más plena. El día de la boda no es la última estación, sino al contrario, es el
comienzo de la verdadera aventura de la vida del amor. Si se tiene la conciencia
clara de que el matrimonio dura hasta la muerte, entonces se esfuerza uno mucho
más para hacer de él una empresa atractiva.
- ¿Bastan los deseos de
fidelidad?
- Todos conocemos muy bien las debilidades y flaquezas de
nuestra naturaleza: hoy sentimos gran pasión por una persona; mañana quizá, por
otra. Por eso, no bastan los deseos de fidelidad. Hace falta llegar a una
alianza objetiva: comprometerse también cara la sociedad, con implicaciones
jurídicas, lo que se traduce en este caso en contraer matrimonio. Esta alianza,
hecha exteriormente hacia fuera, es una protección del amor. Es decir a la otra
persona: "Yo te quiero verdaderamente, y siempre quiero quererte. No sé todo lo
que pasará a lo largo de mi vida. A lo mejor, hay tentaciones y conflictos. Pero
tengo la voluntad de superarlas y para probártelo te doy una promesa oficial".