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Catholic.netFuente: Gama - Virtudes y valores Autor: Adolfo Güémez, LC
Catholic.netReza un proverbio chino que la exactitud de las pesas depende del pesador. Del
mismo modo podemos decir que la precisión de las decisiones depende de quien las
decide.
Es imposible afirmar que todas las determinaciones que tomamos
son acertadas. De hecho, el error es algo común en nuestras vidas: tomar un
camino equivocado, elegir una película mala, ir a un restaurante pésimo, ofender
sin querer a un amigo, dejar pasar la oportunidad de un buen negocio… en fin,
las ocasiones en que nos equivocamos son innumerables.
Pero aunque el
error sea algo que nunca vamos a vencer del todo, es un hecho que hay personas a
las que casi todo lo que eligen les sale bien. Y es que poseen una virtud que
sirve para reducir al mínimo el riesgo de equivocarse al tomar opciones: la
prudencia.
En qué consiste
Un entrenador de fútbol puede
organizar a su equipo en modos muy diversos. Sin embargo, si necesita un consejo
para la alineación, lo más normal es que no lo busque en un miembro de la porra
sino en el capitán. Y es que es de suponer que la experiencia como deportista,
el conocimiento del equipo y de las condiciones del juego, le dan una mejor
visión organizativa al capitán que a un fan, por más enfervorizado que sea.
Del mismo modo, en la vida diaria se te presentan situaciones a las que
puedes dar soluciones diametralmente opuestas. A veces, estas opciones pueden
determinar el resto de tu vida. Por ello debes estar preparado para tomarlas del
modo correcto. Esto se logra haciéndole caso a la prudencia, y no al acelere y a
la imprevisión.
Las personas podemos decidir sobre lo que hacemos
gracias a nuestra razón. Pero la razón sirve tanto para estudiar matemáticas,
biología, etc., como para decidir cómo debo actuar. Por ello, cuando se aplica
al estudio se le puede llamar académica; y cuando a las decisiones, práctica.
La prueba de esta distinción es que hay personas inteligentísimas, con
las mejores calificaciones, pero que no saben tomar decisiones adecuadas. Y
gente con un coeficiente intelectual bajo, pero con grandes éxitos
empresariales.
La prudencia, pues, es la virtud que ayuda a nuestra
razón práctica a escoger con acierto lo que nos conviene hacer. De ahí que sea
tan importante.
Pero, ¿y cómo?
Para conquistar la
prudencia basta con que en cada elección apliques los siguientes pasos:
1. Detente un rato: antes de decidir, piensa qué es lo que más te
conviene. Si es necesario, haz una lista de pros y contras, o busca consejo con
alguien preparado y de confianza.
2. Emite un juicio: cuando
tengas bajo tu vista todas las opciones, determina cuál es la mejor. Al hacerlo,
no pienses sólo en lo que más te agrada, sino en lo que más te ayuda a
realizarte integralmente.
3. Elige y lánzate: La elección es la
determinación firme de conseguir un fin. Por ello, una vez elegido algo, lánzate
a su conquista llevándolo a buen término.
Con una sana dosis de
prudencia, sabremos discernir con quién y hasta qué medida gastar una broma. En
caso de duda, lo mejor es no bromear: más vale parecer un poco serios que no,
por bromas inoportunas o molestas, abrir una pequeña herida en algún hermano
nuestro.
La prudencia también nos llevará a reconocer que un exceso de
bromas, el vivir continuamente entre chistes e ironías, puede hacer pensar que
somos personas superficiales. La broma vale en un contexto adecuado y sin
abusos. Cuando llega la hora de tocar temas serios, sin llegar a ser rígidos
como un soldado de plomo, hay que saber cambiar de actitud, reconocer que existe
un momento para cada cosa.
Acojamos, pues, las bromas, como parte de esa
riqueza humana que nos permite descansar y darle un toque alegre a la vida. A
pesar de tantas sombras y de tantos problemas, cada uno, desde las distintas
situaciones de la vida, puede reír un poco y crear un clima fraterno de alegría
y de descanso, con buenas bromas y, sobre todo, con el cariño de quien busca
hacer felices a los demás.