este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
Porque quiero a mi mujer cada
día más, y le soy fiel, y somos uno. Porque tengo tres hijos maravillosos que no
me dejan vivir, pero que son mi vida. Porque procuro sonreír a pesar de mi
creciente cansancio. Porque creo en Dios y soy cristiano y rezo todos los días.
Porque me importan un carajo el qué dirán y las habladurías. Porque me gusta el
cine de José Luis Garci. Porque la mentira me repele en toda la extensión de su
extravío. Porque cada vez tengo más y mejores amigos, que me quieren por lo que
soy y no por lo que tengo. Porque el dinero me importa lo imprescindible. Porque
escribo lo que pienso, pero pensando lo que escribo. Porque he dejado de ver la
televisión, cansado de dilapidar mi tiempo. Porque escribo en Catholic.net y
dirijo un programa cultural en Radio María.
Porque considero que el
dolor y el sacrificio son la simiente de toda verdadera alegría. Porque mi
conciencia no está a la venta. Porque sé que la poesía de Miguel d’Ors está muy
por encima de las páginas de los diarios de izquierda, y demás estúpidas
vanidades. Porque soy radicalmente optimista. Porque creo en la vida, pero de
verdad. Porque proclamo que la pena de muerte que es el aborto -como la
incipiente eutanasia- es el más grande holocausto que asola a la humanidad.
Porque por condenar los crímenes de Fidel Castro me llamaron fascista. Porque no
recibo ninguna subvención pública. Porque la madre de Jesús de Nazareth es mi
Madre. Porque cuando contemplo la belleza de un atardecer se me ensancha el
alma. Porque después de escribir todas estas verdades como puños, confieso estar
todavía más enamorado de mi mujer que antes.
Porque aprendo mucho de los
niños, doctores en sencillez y cariño. Porque los poetas apadrinan mi existencia
y me ayudan a resucitar cada mañana un poco. Porque lo imposible se hace
realidad si abro los ojos. Porque me arrodillo todas las noches. Porque no sé
vivir sin libros. Porque me gusta escuchar la voz de María Vallejo-Nágera o
Isabel Guerra. Porque creo en la dimensión eterna de todo lo que hago y digo.
Porque no me dejo llevar por las apariencias. Porque no me avergüenzo de ser
español. Porque mis maestros me enseñaron que nada hay más ridículo que la
soberbia. Porque estudio teología contemplando las hojas en su caída. Porque
nada me es indiferente. Porque acabo de encontrar en mi agenda un papel de mi
hija donde me escribe lo siguiente: “Papá te quiero un montón. Cada vez que leas
esto te recordaré y hará que te sientas mejor. Sobre todo léelo en caso de
apuro”.
Sí, soy progresista. Porque me han enseñado a querer, que es el
combustible de todo verdadero progreso. Es decir, de mi felicidad.