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El
padre Larrañaga nos enseña recetas contra la depresión,
la obsesión y la angustia, de sentido común y
experiencia.
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Porque hay mucho sufrimiento Nunca he sido amigo de los libros de autoayuda. Una vez ojeé algo de Paulo Cohelo y me pareció que en vez de sanar al hombre lo desintegraban. La experiencia corroboró la idea previa. Como he oído hablar mucho y bien del padre Larrañaga, superando ciertos prejuicios con no poco esfuerzo, he decidido dar una mirada a El arte de ser feliz. Sin ser un especialista en un género que vende mucho pero del que desconozco casi todo, y espero que por mucho tiempo, este libro me ha dado una sorpresa. El Padre Larrañaga no es un gurú, la reencarnación de un chamán selvático que no alcanzó el éxito esperado en su vida anterior porque en su tribu no eran unos ilusos. No, el Padre Larrañaga es una persona que ha dedicado gran parte de su vida a enseñar a orar a otros, mediante los talleres de oración. Y ha enseñado a orar en el sentido exacto del término, que es hablar con Dios. Porque algunos a lo único que introducen es al soliloquio, que acaba en desdoblamiento de la personalidad, porque uno se habla a sí mismo y confunde lo que se dice a sí con voces que no se saben de donde vienen. El Padre Larrañaga enseña a hablar con Dios. Ahora bien, en su larga experiencia ha constatado algo: en el corazón de las personas hay mucho sufrimiento. Lo que uno puede hacer
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Tags: realización personal