Autor: extracto de reflexión del P. Rogelio Narvaez Martínez
¿Eres casado? Te deseo de todo corazón que tu relación de esposo sea en la unidad y en la comprensión. Les deseo que ambos corazones que se han entrelazado a partir de la recepción del sacramento del matrimonio se manifiesten sencillos en la solicitud del perdón o, que sean tan capaces de amarse y de conceder el perdón al sentirse ofendidos. Les deseo que cumplan con su misión en la fidelidad.
¿Eres padre de familia? Te deseo que cumplas también con la misión que tienes como padre: que sepas guiar, aconsejar, corregir y apoyar a sus hijos. La psiquiatra francés Francoise Dolto escribe: “Tres segundos bastan al hombre para ser progenitor. Ser padre es algo muy distinto, hace falta toda una vida”. La idea no es nueva. Ya Federico Schiller, el célebre escritor de María Stuart y de Guillermo Tell, lo gritaba en uno de sus dramas: “No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos”.
¿Eres hijo de familia? Te deseo que seas capaz de preocuparte y ocuparte a favor de aquellos por los que Dios te dio la vida y mucho más que la vida. No se trata de caridades para con nuestros padres, sino de obras de justicia. Te quiero recordar que: dar de comer al que nos dio de comer, cuidar al que nos cuidó, desvelarnos por el que se desveló por nosotros y preocuparnos por quien se preocupó de nosotros no es ninguna obra de caridad sino de justicia. ¿No te has fijado cómo, en algunas ocasiones, cuando los hijos trabajamos y ganamos unas pocas monedas nos sentimos intocables y convertimos nuestras casas en una especie de dormitorio o de restaurantes? ¿No te parece increíble que haya todavía personas tan viles y mezquinos que por unos céntimos nos sintamos con la capacidad de reclamar nuestros derechos en las casas y que, simultáneamente nos neguemos a tener obligaciones?
¿Tienes hermanos? Te deseo que tu relación fraterna se manifieste en la vida diaria a través de la comprensión, la benevolencia, el mutuo apoyo, la preocupación recíproca y la aceptación estable e incondicional.
¿Eres, como yo, un@ cristian@ llamad@ a la vida consagrada? Deseo de todo corazón que tú y yo vivamos nuestra consagración en la integridad que exige y en la pureza que se espera de nosotros. Recuerda que nuestra consagración exige de nosotros tres cualidades: totalidad, perpetuidad y alegría. Que nunca se te olvide que cuando en la consagración no hay totalidad hay adulterio, cuando no hay perpetuidad hay divorcio y cuando no hay alegría hay servidumbre. ¿Qué tanto mostramos a los que nos tratan el atractivo rostro de Cristo con nuestra vida? ¿Qué tanto nuestra forma de vida se convierte en una elocuente promoción vocacional?
El mundo en el que vivimos se ha tornado en el más exigente de los tribunales, el cual está esperando de los cristianos la predicación no tanto de las palabras sino del testimonio. El silencioso predicar del ejemplo suele ser el más elocuente. Hoy hacen falta misioneros de la vida cristiana, los cuales a través de su vida sean capaces de persuadir de la grandeza que poseen los valores del Reino. En la actualidad faltan Misioneros que, con su forma de vida, den testimonio de que el Matrimonio es sagrado y todavía posible, que el sacerdocio es un estado de vida atractivo y que la verdadera vida cristiana es posible.
Decía nuestro bien recordado Juan Pablo II que “nuestro tiempo no necesita Mestros sino Testigos”. Diría la Madre Teresa de Calcuta: “Aquellos que están llenos de gozo no necesitan palabras para predicar”. Diría Juan XXIII: “Un buen ejemplo se convierte en una excelente campana que llama a la muchedumbre a la Iglesia”. Diría san Francisco de Asís: Prediquen siempre el Evangelio, sí es necesario utilicen las palabras”. ¡Evangelizamos mucho más con lo que somos que con lo que decimos!.
Tags: Vivirla en fidelidad