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| Para ellos: La educación del deseo |
El adolescente varón comienza a vivir en estas edades unas
trasformaciones a todos los niveles: psicológicas, biológicas y afectivas. En
él también empezará a surgir el interés por las chicas,
buscando querer a alguien y sentirse querido. Es ahora cuando
debemos hablar con nuestro hijo de amor, entrega y sentimientos,
todo ello orientado a una educación ordenada del deseo y
la afectividad.
Existe hoy una gran preocupación de los padres por
la educación de los hijos, pero a veces establecen prioridades
equivocadas. Pueden gastar muchas más energías, tiempo y dinero en
que el niño aprenda inglés e informática que en hacer
de él una persona honrada, responsable e íntegra.
Apoyarle emocionalmente
Cada
niño necesita un desarrollo armónico de todo su ser, lo
que incluye que sus padres le transmitan unos valores. De
aquí que la educación sexual debe incluir la afectividad, la
educación de la voluntad, de los sentimientos y las emociones.
Así, deben aprender a reconocer sus propios sentimientos, comprender los
sentimientos de los demás y compartirlos, aprender a escuchar, descubrir
las necesidades de un amigo; aprender a manejar la ansiedad,
la ira y la tristeza, saber controlar las emociones; asumir
la responsabilidad de las decisiones y atreverse a un compromiso.
Muchos padres temen que cuando sus hijos lleguen a la
adolescencia, la influencia familiar quede eclipsada por el círculo de
compañeros, convirtiéndose en origen de conflictos. Sin embargo, el entorno
familiar es determinante: los adolescentes que se sienten unidos a
su familia tienen menos riesgo de asumir conductas como el
consumo de drogas, alcohol, tabaco o las relaciones sexuales prematuras.
Eso sí, tienen que poder contar con alguno de los
padres en casa en momentos claves del día, como la
vuelta del colegio o instituto, la hora de la cena
o de llegada de otras actividades o salidas. Los hijos
deben saber que cuando necesitan hablar con los padres por
lo menos uno de ellos va a estar accesible, aunque
sea por teléfono, porque la cercanía emocional incluso es más
importante que la física.
Desarrollo de los caracteres sexuales secundarios
Aun antes
de la pubertad, se forman en el cuerpo del chico
hormonas sexuales, que aumentan considerablemente en dicha etapa y son
responsables del desarrollo definitivo de los órganos sexuales. Los cambios
que se van a producir en la estructura corporal a
partir de los 12 años son especialmente llamativos: el clásico
"estirón" que conlleva un enorme aumento del apetito, aparición del
vello en cara, axilas y pubis; la laringe aumenta de
tamaño, las cuerdas vocales se alargan y se produce el
cambio de voz. Las glándulas del sudor son más activas
y producen un olor desagradable; hay que insistir en que
tienen que cuidar la higiene corporal y no exponerse a
que alguien les llame la atención Finalmente, ocurre el desarrollo
y primera actividad de los órganos genitales. Se producen por
primera vez los espermatozoides capaces de fecundar, aparece el primer
derrame (polución) de forma natural durante la noche, acompañado de
sueños eróticos y sensación de placer.
El despertar de la sexualidad
En
estas edades brota con fuerza el despertar de la sexualidad,
cuando aún no se ha llegado e, la madurez psíquica
y personal. Voluntad y conocimiento todavía no son suficientemente fuertes
para dominar y controlar el impulso sexual. Con facilidad este
impulso potente puede conducir a la masturbación, que consiste en
darse a sí mismo, solitariamente, el placer sexual por la
excitación voluntaria de las partes genitales, que puede convertirse en
un hábito cuando no se pone ningún remedio para dominar
esos impulsos. En los años de desarrollo, esta actitud no
es un signo de un deseo sexual exagerado, ni tiene
efectos secundarios físicos, pero suele estar acompañada de sentimientos de
malestar porque el poder sexual no está hecho para uno
solo, sino para hacer feliz a otra persona. El papel
de los padres consistirá en desdramatizar y ofrecer una orientación
positiva para ayudar a superarlo: evitar el aislamiento, la soledad,
la incomunicación, los hábitos de vida muy cerrados e introvertidos,
así como música y películas excitantes.
Dudas sobre la homosexualidad
Otra preocupación
de los padres de hoy es una posible tendencia homosexual
de su hijo, desde que el tema de este trastorno
afectivo está en la calle. La homosexualidad consiste en sentir
una atracción erótica hacia personas del mismo sexo, acompañado de
cierta indiferencia hacia personas del sexo opuesto. Esto no quiere
decir que cualquier persona que alguna vez en su vida
haya experimentado una relativa ambivalencia en sus tendencias sexuales sea
un gay. Estas tendencias aparecen a veces en la adolescencia
y son pasajeras, cuando los chicos están en pleno desarrollo
e incluso es típico tener sentimientos ambiguos. Los padres debéis
fomentar una vida saludable, aficiones en contacto con la naturaleza,
deportes, excursiones, hábitos de una buena higiene, horas de sueño
suficientes, una alimentación sana y que tengan un círculo estable
de buenos amigos. Asimismo, es importante que se esfuercen en
una lucha ascética personal, disciplina de los sentidos, de la
imaginación y fuerza de voluntad.
Entrenar la voluntad
A nadie se le
escapa que a los chicos de hoy les falta voluntad.
Eso lo podemos ver en las propias calificaciones escolares: si
sacan malas notas, la mayoría de las ocasiones es porque
no estudian y no estudian porque les falta voluntad. Para
entrenar la voluntad hay que: aprender a decir que no
a pequeñas cosas, acostumbrarse a levantarse puntualmente, recoger las cosas,
hacerse la cama o cumplir un horario. Actualmente todo el
mundo, y los padres no son una excepción, tiene miedo
a decir que no, miedo a la autoridad. Pero, autoridad
con cariño hace falta para ayudar al desarrollo de una
persona -los hijos- que aun no está formada del todo.
Lo característico de esta etapa de la vida es la
inseguridad personal, que se acentúa por el permisivismo y la
falta de autoridad de muchos padres y profesores. Si todo
está permitido y no hay criterios morales, se incrementa la
inseguridad y el miedo a adquirir compromisos, apareciendo cierto temor
ante las dificultades del futuro.
Enfrentarse a la realidad del mundo
Nuestros
hijos viven en tres mundos distintos: el mundo que les
descubren los padres, el de sus propios sentimientos y deseos,
y el del ambiente que les rodea. La sociedad les
propone como un derecho humano vivir a tope la propia
sexualidad, tachando de problemáticos a los adolescentes que aún no
han tenido relaciones sexuales. Así, tiendas y máquinas expendedoras les
presentan condones en todos los colores y para todos los
gustos, igual que si fueran caramelos. En este ambiente es
comprensible que los jóvenes estén desorientados: lo que les cuentan
sus padres no sólo es contrario a sus deseos y
sentimientos, sino que se contradice con lo que ven y
oyen diariamente. Los padres debemos hablar con ellos y hacerles
ver la realidad: el hombre se excita con facilidad y
reacciona a estímulos más viscerales, siendo la implicación psíquica menos
profunda que en la mujer y dejando menos huella en
él la actividad sexual. La mujer casi siempre sale perdiendo,
no sólo porque es más idealista y su entrega es
más profunda, sino también porque es ella la que sufre
las consecuencias de un posible embarazo. Este hecho deben comprenderlo
los adolescentes, si de verdad queremos que aprendan a respetar
a la mujer y a sí mismos. La información que
reciben respecto a este tema, simplemente es que para evitar
un embarazo, se recomienda el uso del preservativo; pero su
seguridad es relativa por la posibilidad de rotura. Debemos ser
nosotros los que les expliquemos que con el uso del
preservativo existe una tasa de embarazos de aproximadamente un 15%,
pero que en manos de adolescentes puede llegar hasta un
50%, porque requiere habilidad, madurez, autodisciplina, planificación y motivación. Los
adolescentes -inmaduros, impulsivos y arriesgados- no parecen buenos candidatos para
practicar estas cualidades. Y si la seguridad es baja para
un posible embarazo, mucho más lo es para el contagio
del virus del SIDA, por ejemplo, ya que éste es
mucho más pequeño que un espermatozoide y puede penetrar por
los poros del látex del que está hecho el preservativo.
¿Por
qué esperar?
Esta es la pregunta del millón que tantos hijos
suelen formular a sus padres: ¿Por qué esperar a estar
casados si ya nos queremos? Para empezar, porque saber esperar
es muy formativo: deben aprender a aguantarse, a contenerse y
hay que explicarles las razones por las que merece la
pena hacer este esfuerzo. Si los padres no pierden la
calma y se mantienen firmes, les hacen un enorme bien
a los hijos. La educación en la espera equivale a
la educación de la paciencia y de la fortaleza: esperar
unos minutos a que la madre acabe de charlar con
una amiga, esperar unos días a que se les compre
las zapatillas de deporte que tanto desean, esperar unas semanas
o meses para hacer un viaje que se les había
prometido, unos años a tener la edad apropiada para disponer
de una moto y finalmente, esperar en el noviazgo a
tener relaciones sexuales hasta llegar al matrimonio.
Y además, explicarle que
el acto sexual es la expresión corporal del amor. La
capacidad de amar es lo más grande e íntimo que
tiene la persona humana. En el amor sexual la intervención
del cuerpo da un carácter irreversible a la relación, porque
uno se entrega del todo. Entregar el cuerpo sin haberse
comprometido para siempre es como prostituirse. Para vivir la sexualidad
en plenitud, se precisa madurez física y psíquica, compromiso, fidelidad
y aceptación total del otro con una entrega unida a
la transmisión de la vida. Todo esto no se da
en las uniones superficiales sin compromiso alguno.
Aspectos para abordar
la educación de la sexualidad
- Que tengan criterios para saber
distinguir entre el bien y el mal. Que no se
avergüencen de no actuar como todo el mundo. Que conozcan
el significado de la sexualidad humana.
- Que sepan cómo funciona
todo lo relacionado con la procreación humana.
- Que conozcan también
la biología de la mujer.
- Que conozcan los inconvenientes de
la anticoncepción artificial.
- Que aprendan a respetar las peculiaridades psico-sexuales
de las chicas.
- Que los padres sean oportunos y veraces
en las conversaciones sobre la sexualidad.
- Que conozcan a los
amigos de los hijos.
- Que sepan con quién y a
dónde van.
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