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Una noche se sentaron juntos para cenar y alguien tocó la puerta. El padre se acercó a abrir. Ahí estaba un hombre viejo con ropa desgarrada, pantalones rotos y sin botones. Cargaba una canasta llena de verduras. Le preguntó a la familia si querían comprarle algunas. Ellos aceptaron porque querían que se fuera rápido. Con el paso del tiempo, la familia y el hombre viejo se hicieron amigos. El hombre le traía verduras cada semana a la familia. Pronto se enteraron de que él era ciego y que tenía cataratas en los ojos. Pero era tan amigable que aprendieron a esperar ansiosamente sus visitas y a disfrutar de su compañía. Un día, mientras entregaba las verduras, dijo: - ¡Ayer tuve la más grande bendición! Encontré una canasta de ropa afuera de mi casa que alguien me dejó. La familia, sabiendo que él necesitaba ropa, dijo: -¡Qué maravilloso! El hombre viejo y ciego, dijo: - La parte más maravillosa es que encontré una familia que verdaderamente necesitaba esa ropa. Gentileza, Marian Benedit - Argentina - |
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Tags: realización personal