
"De manera especial recibimos positivamente el compromiso por parte del presidente de excluir el uso de fondos federales para el aborto, y de mantener las leyes federales existentes que protegen la libertad de conciencia en el ejercicio de la atención médica", aclara Richard Doerflinger, director asociado de actividades pro-vida de la USCCB.
"Trabajaremos con el Congreso y la Administración para asegurar que estas
protecciones queden claramente reflejadas en una nueva legislación, para que a
nadie se le obligue a pagar o participar en el aborto como resultado de la
reforma del sistema de atención médica", añade Doerflinger.
Por su parte,
Kathy Salie, directora de Desarrollo Social Nacional de la Conferencia de
Obispos, reconoce: "Estamos de acuerdo en que nadie debería ir a la bancarrota
simplemente por enfermarse".
"Esta es la razón por la cual los obispos han estado trabajando durante décadas para lograr una atención médica decente para todos", añade.
"La Iglesia católica proporciona cuidados médicos a millones de pacientes, y a menudo recoge los platos rotos de un sistema sanitario con fallos serios, y posee una larga tradición de enseñanzas sobre la ética y la atención médica. Una reforma sanitaria que respete la vida y la dignidad de todos es un imperativo moral y una prioridad nacional urgente", indica Salie.
Por ello, asegura, "recibimos el discurso del presidente como una importante
contribución a este esencial debate y tarea nacional".
"Coincidimos con el presidente en que todavía quedan detalles por resolver",
dijo Saile. "Y con su discurso vemos la oportunidad de trabajar hacia una
política de salud universal que respete la vida y la dignidad humana,
proporcione acceso a todas las personas con especial preocupación por los
pobres, e incluya a los inmigrantes legales".
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