
El más alto grado de pluralismo está en la diversidad de pensamiento que existe en la ciudadanía, cada individuo representa una posición ideológica esencialmente distinta y, por consiguiente, somos verdaderos comunicadores de nuestras ideas y opiniones, pero claro, de bajísima potencia, la que permiten nuestras gargantas, pulmones y cuerdas vocales; así y todo, cuando todos hablamos al unísono, nos interferimos, nos tapamos, y sólo aquellos que poseen una voz más potente, ejercen dominio sobre los que han sido menos dotados por la naturaleza.
Si definimos al “pluralismo”, como algo absoluto, deberíamos pensar -entonces- en que, cada ciudadano debería tener su propia emisora, con lo cual deberían existir unas cuarenta millones de ellas. Pero, obviamente, eso no es posible, dado, que ni el espectro radioeléctrico, ni la racionalidad, ni la razonabilidad, lo permitirían.
Todos necesitamos movernos de un lugar a otro, movilizarnos, viajar; pero, no todos podemos tener auto propio, por lo tanto, utilizamos los medios del transporte público, colectivos, trenes, etc.; es decir, que debemos someternos a compartir algunos lugares comunes para poder trasladarnos.
Lo mismo sucede con los medios de comunicación, existe la posibilidad de instalar una limitada cantidad de éstos y a ellos acudirán -como simples usuarios- todos los ciudadanos, de distinta manera, como: radiodifusores, trabajadores de medios, o en calidad de público.
Ahora bien, por estar destinados a la recepción del público en general y utilizar el bien común del espectro radioeléctrico, dichos medios deberán vehículizar toda la diversidad de ideas y opiniones a sus audiencias; deberían tener como consigna -obligatoria- la participación de todas las voces que expresen las distintas posiciones de cualquier diatriba o debate, y ello, sin necesidad de perder sus propias líneas editoriales.
Porque, si para la difusión de sus mensajes, las emisoras se encierran en sus propios pensamientos, en dicha práctica no existiría lo que el pluralismo como fundamento necesita; sería como pretender que a una radio de Boca sea escuchada por los hinchas de River, o viceversa; no se estaría proponiendo el ejercicio comparativo de las diversas posturas, que como -formación- pretende el pluralismo democrático.
Y esta práctica puede ser totalmente exigible por la ley. El pluralismo, debe existir en cada emisora, porque de lo contrario estarían destinadas a un público determinado por simpatía, a una parte de ese público, con lo cual, no se estaría cumpliendo con la finalidad democrática de interesar al público en general.
Si el pluralismo democrático no es entendido -por cada individuo- como una apertura al diálogo ante el disenso, no se puede esperar pluralismo por parte de quienes proponen polarizar el discurso, impidiendo escuchar las distintas propuestas.
Según la Real Academia Española, “pluralismo”, significa:
Multiplicidad. Sistema en que se admite la pluralidad, la diversidad de opiniones, de tendencias, etc.
Existe una gran confusión. No se entiende al pluralismo como una práctica clarificadora, sino, más bien, como un compromiso que -en realidad- molesta. Y eso, obviamente, no es democrático.
Edgardo Molo
Asesor Técnico Legal
Especialista en Radiodifusión
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