jueves, 01 de octubre de 2009
Nueve de Julio (Buenos Aires), 30 Set. 09 (AICA)

Al formar familias prescindiendo de la gracia, la comunidad familiar no llega a ser o deja de ser esa iglesia doméstica

Al formar familias prescindiendo de la gracia, la comunidad familiar no llega a ser o deja de ser esa iglesia doméstica

“Es motivo de hondo sufrimiento para la conciencia de los cristianos, cuando entre los bautizados no se aprecia el matrimonio sacramental, y que cada vez con mayor frecuencia se lo postergue u omita. Al formar familias prescindiendo de la gracia, no solamente se hace manifiesta la indiferencia o el desconocimiento, sino que estos hermanos y hermanas nuestros inician su vida común sin la orientación y la ayuda que el mismo sacramento les ofrece, y cuyas consecuencias habrán de sufrir sus hijos, privados así de un ambiente cristiano. Cómo no preocuparse, cuando la comunidad familiar no llega a ser o deja de ser esa iglesia doméstica”, expresó monseñor Martín de Elizalde, obispo de Nueve de Julio, al pronunciar las conclusiones de la Jornada “El desafío de vivir hoy en familia”, que se llevaron a cabo en Trenque Lauquen, el pasado 19 de septiembre.

     El obispo centró su reflexión en tres puntos: “la familia como iglesia doméstica”, “la vocación de los laicos en la Iglesia” y “la educación de los hijos”, de los cuales presentó primero los aspectos “que más nos ‘preocupan’, para luego señalar la tarea que nos espera, que nos debe ‘ocupar’”.

     Al referirse en primer lugar a “la familia como iglesia doméstica”, sostuvo además que “la crisis de la familia no es solamente una crisis de conductas, de aplicación de los valores, ni resultado de las agresiones que vienen del exterior y del exceso de tensiones y de actividades” sino que “todo esto se vuelve verdaderamente grave y peligroso cuando se ha debilitado el ardor de la fe, la generosidad de la caridad y la confianza en el cumplimiento de todo aquello que ya se debe vivir en la esperanza cristiana”.

    A continuación se refirió a “la vocación de los laicos en la Iglesia”. Advirtió que muchos bautizados se encuentran “alejados de la participación en la vida de la Iglesia, de los sacramentos, de la acción apostólica, de la colaboración con los pastores, y no puedan aportar su testimonio de cristianos. Porque en muchas familias no se vive con hondura la fe, se ha diluido la identidad cristiana, no se propone ni fomenta el compromiso evangelizador”.

     Agregó que “la ausencia de laicos comprometidos en el apostolado y en la vida social y política de las comunidades, causada por la falta de una vivencia sacramental y de una espiritualidad profunda, se origina a veces en una ruptura familiar, en la formación de una familia al margen de la vida sacramental, lo que produce mucha aflicción y a la vez los aleja de la comunidad eclesial, en la cual se sienten, injustificadamente, extraños”.


     En tercer lugar, monseñor Elizalde advirtió que “una consecuencia directa del debilitamiento de la conciencia cristiana es manifiesta en la educación de los hijos. Hay hogares donde los padres, si bien se profesan cristianos, en los hechos son indiferentes: no frecuentan la Eucaristía, no rezan en común ni enseñan a rezar a sus hijos, no les trasmiten la doctrina de la fe, no los acercan a la Palabra de Dios ni los llevan con ellos al templo para las celebraciones litúrgicas. Es así que cuando esos niños comienzan la catequesis para completar los sacramentos de iniciación (Confirmación, Eucaristía), no solamente desconocen los rudimentos de la fe cristiana, sino que no han podido desarrollar el sentido religioso”.

     Precisó asimismo que “más preocupante aún es la situación creada donde los padres posponen el bautismo de sus hijos, aduciendo como razón la libertad de elección de los mismos a una edad que consideran más adecuada. Esta costumbre, que se va difundiendo de manera preocupante, aún en familias cristianas, priva en primer lugar del auxilio de la gracia de hijos de Dios a estos niños”. Y lamentó que “en muchos hogares, “es débil la intensidad de la vivencia cristiana, por falta de convicción, de conocimiento, de constancia, y al no estar presente la familia en los distintos momentos y acciones de la vida eclesial en su comunidad, difícilmente se incorporarán a ella los niños y adolescentes”.

     A estas “preocupaciones” que presentó el pastor diocesano, le siguieron tres propuestas de “acciones pastorales que ayuden a recuperar los espacios de la vida familiar para una mayor presencia evangélica en ese núcleo esencial de la condición humana”:

     La iglesia doméstica: “Hay que ahondar en la espiritualidad familiar y conyugal, para acercarse a las fuentes de la gracia, y practicar con generosidad aquellas virtudes que posibilitan la convivencia en la armonía, procuran la felicidad verdadera y alcanzan las bendiciones que enriquecen a padres e hijos, y se prolongan en la descendencia”, y “ello será imposible sin una formación, que vaya más allá de lo meramente sicológico y social, para abarcar a la persona en su integralidad; que les haga conocer los medios ofrecidos por Dios y cómo alcanzar por ellos los fines prometidos”, afirmó.

     Laicos en la Iglesia: Señaló que “todos los bautizados tienen un lugar designado en la Iglesia” y si bien “la crisis de las familias” los llevó a separarse del modelo cristiano de matrimonio, “ello no debería ser así”. Y propuso entre otros el ejemplo de las “parejas en nueva unión”, que “son miembros amados y buscados, que conservan un vínculo que no puede ser roto, y que los tiene que llevar a seguir sintiéndose parte de la Iglesia, aunque no puedan recibir los sacramentos”; ademas “siguen teniendo, como padres, la misión de educar a sus hijos en la fe” y “pueden estar presentes y colaborar en las actividades de la parroquia”.

     La educación de los hijos: Tras advertir que “muchas familias hoy día no acompañan a su hijos en el camino de la fe” destacó la necesidad de que los padres estén presentes “junto a sus hijos en su formación cristiana”. Es necesario que primero vuelvan “a la catequesis implícita, espontánea, del testimonio de la fe vivida en familia” y después viene “el tiempo de la catequesis formal, en el hogar y en la parroquia. Esta última no se puede delegar totalmente en los catequistas, desinteresándose los padres cristianos de algo que es responsabilidad suya”. También aseguró que “la elección de la escuela, con el apoyo a la enseñanza religiosa, para la trasmisión de una visión cristiana del mundo y de la existencia, de la moral personal y social, es también misión indeclinable de los padres”.+


Tags: familia, niños

Publicado por alfre1240 @ 11:26
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