
1. ¿Cuál debe ser la postura ante esta
cartilla?
Se han diseñado 5 nuevas Cartillas nacionales de Salud;
creo que la pregunta es sobre la cartilla del Adolescente (de 10 a 19 años) y
que ha desatado polémica en lo que se refiere al apartado de Salud Sexual y
Reproductiva.
Posiblemente para el diseño de esta cartilla se ha partido
de una realidad: En los hospitales de la SSA, uno de cada cuatro nacimientos
corresponde a madres menores de 19 años. La situación es grave y alarmante. Pero
queda claro que los programas de reparto de condones y pastillas no han sido la
solución, pues más bien incitan a las relaciones sexuales desde temprana edad;
sin embargo la cartilla vuelve a insistir en la misma vía y con una medida
extrema, promoviendo el anticonceptivo de emergencia.
Los planteamientos
son parciales: La cartilla está incluyendo por igual a niños y adolescentes en
un arco de edad -entre los 10 y los 19 años- en que debería haber gradualidad
educativa; además se parte de una pretendida educación sexual en que los
adolescentes conozcan sus derechos sexuales y reproductivos -lo cual, por
cierto, habría que corroborar si existe en alguna legislación como tal- para
hacer uso de dichos derechos según una sexualidad placentera, erótica y sensual;
la forma como está diseñada la asesoría del médico al niño o adolescente, lo
autoriza a tener relaciones sexuales, en un mensaje invasivo, pues la cartilla
se dirige a los adolescentes e ignora a los padres de familia.
Considero
que la principal deficiencia es que, al igual que muchas políticas públicas
referidas a la sexualidad, se presenta con un discurso meramente informativo,
careciendo de elementos formativos, lo que se acentúa con la frecuente
deficiencia del adolescente para analizar, comprender y asumir integralmente el
tema de la sexualidad. La cartilla, dada su difusión, podría ser una excelente
plataforma de diversas políticas o programas que busquen la formación en una
sexualidad integral.
2. ¿Qué derechos de los padres de familia
vulnera?
El derecho de los padres a la educación de sus hijos; además
el derecho a una educación sexual basada en el amor y la integralidad de la
persona, no sólo en lo físico y emocional, sino también en lo moral y
espiritual. Yo preguntaría a los padres de familia: ¿Quieren que sus hijos sean
felices? ¿Están de acuerdo en que sus hijos tengan ese tipo de información y
sean mentalizados a tener relaciones sexuales desde los 10 años? ¿Están de
acuerdo en que ellos usen anticonceptivos y si éstos fallan o se les olv
ida
usarlos, usen el anticonceptivo de emergencia, con los peligros que trae para la
salud, ya sin hablar del aspecto ético? Más aún, leyendo la “Guía Técnica para
la Cartilla Nacional del Adolescente” que promueve el Sector Salud ¿Están de
acuerdo en que sus hijos firmen autorización para someterse a un método
anticonceptivo permanente (como la ligadura de las trompas de Falopio o la
vasectomía)?
En esta información sexual, que no llega a educación
integral, se está perdiendo la dignidad del ser humano. Desde luego que no estoy
en contra de que se trate el tema de la sexualidad; pero sí estoy en contra de
una información sexual que sobre todo promueve el ejercicio de los actos
sexuales. Todo acto sexual entre varón y mujer siempre tendrá el riesgo de un
embarazo. De modo que si se quieren evitar de verdad los embarazos entre
menores, ningún método artificial es 100% seguro: ni el condón, ni el
dispositivo intrauterino; sólo la voluntad de controlarse y la abstinencia de
actos sexuales. ¿Por qué no orientar de otra manera? No es pretender llevar agua
a mi molino, pero reafirmo que la doctrina y la postura de la Iglesia tiene en
cuenta íntegramente al ser humano y su dignidad.
3. ¿Cuál es la
propuesta alternativa de la Iglesia católica?
Ya lo he dicho: Una
educación al amor incluyendo la parte sexual, que las personas, en concreto los
adolescentes, puedan tomar decisiones responsables basados en los valores
trascendentes de la persona y no en las soluciones parciales por falta de esta
misma educación. Educar en una sexualidad que es fuente de energía y se
manifiesta en todo su ser, en su forma de pensar, de hablar, de reaccionar y de
actuar; una sexualidad que se viva plenamente y en el respeto de la alteridad y
el diálogo de seres sexuados, varón y mujer, cuya intimidad en el acto sexual
esté abierta a la vida y, de este modo, participe noblemente en la generación de
un nuevo ser humano, obra maestra de la creación. Que el hijo no se vea como una
enfermedad o un tumor, sino como un don, regalo de Dios, en el cual Dios mismo
se sigue comprometiendo con su amorosa presencia.
4. ¿Qué
disposiciones deben tomar los padres de familia para hacerse cargo de la
educación sexual de sus hijos?
Como reacción a la cartilla de salud,
veo saludable que los padres soliciten se retire la cartilla, no la activen o al
menos pongan el engomado en que reafirman su derecho primario de patria potestad
sobre sus hijos para una educación integral, incluyendo su vida
sexual.
Pero ese derecho de patria potestad es también una obligación.
Que los mismos padres de familia se esmeren en una adecuada información y
también formación en la sexualidad, con rostro humano. La familia sea la primera
escuela educativa. Que en la comunicación familiar se atienda la proliferación
de manifestaciones permisivas y que llevan al libertinaje sexual, sea en
canciones, publicaciones, películas e incluso leyes. Que la educación sexual en
el hogar ayude a saber decidir y actuar responsablemente en ese ambiente
permisivo que nos rodea. La educación sexual, como toda educación, requiere
aprender a renunciar a determinadas acciones y actitudes, por la opción de
valores superiores. La doctrina de la Iglesia al respecto no está en contra del
ser humano, no lo enajena, sino que lo ennoblece al elevarlo a la condición de
imagen y semejanza de Dios.
5. ¿Qué recomienda usted como responsable
de la Dimensión de la Familia del Episcopado Mexicano? Mucho tenemos
que hacer: El acompañamiento a cada persona en perspectiva de familia que
incluya, por una parte, una educación integral, como ya he dicho; pero también
que la persona y la familia se conviertan en sujeto de dicha educación en bien
de los demás, en concreto en el aspecto sexual; que las familias sean
corresponsables de ayudar a otras familias en dicho proceso.
Por un lado,
hay que conocer, asumir y apoyar los programas positivos y trascendentes; por
otro, denunciar y objetar los programas parciales, que se vuelven contra la
dignidad del ser humano.
La sexualidad es riqueza que Dios nos ha dado;
no para manejarla en chistes y acciones degradantes, sino para vivir plenamente
nuestra condición de seres sexuados, varón y mujer, diferentes pero iguales en
dignidad y complementarios.
+ Rodrigo Aguilar Martínez Obispo de
Tehuacán
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