CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 14 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).-
Publicamos el artículo que ha escrito Giovanni Maria Vian, director de
"L'Osservatore Romano" sobre la visita que realizó el 8 de noviembre a
Brescia y Concesio, cuna de Pablo VI.
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Giovanni Battista Montini dejó su tierra muy joven, poco después de la
ordenación sacerdotal, y siempre permaneció muy vinculado a su pequeña
patria bresciana -donde estaban sus raíces familiares-, a la que volvía
siempre que podía. Elegido en el cónclave de 1963, tomó el nombre de
Pablo VI, y como Papa ya no volvió a visitar esa Brixia fidelis
a la que expresó, en su discurso a una peregrinación de visita en Roma,
el deseo que conservaba en su corazón: mantener siempre "una gran
vitalidad y una gran fidelidad".
Dos sucesores del Pontífice
bresciano, sin embargo, han vuelto a visitar -de manera significativa-
la diócesis lombarda, casi como para compensar la delicada discreción
montiniana: dos veces Juan Pablo II, en 1982 y en 1998, y ahora
Benedicto XVI, ambos ligados a Pablo VI desde los tiempos del Vaticano
ii y ambos "criaturas" suyas, cardenales ab eo creati, como ha recordado el Papa con gratitud, evocando ese vínculo de "afecto y devoción".
Al
homenaje a Pablo VI se sumaron numerosos brescianos, que supieron
brindar a Benedicto XVI una calurosa acogida que dio viveza a un día
gris de otoño: en Botticino, recordando al último santo de la
diócesis, don Arcángel Tadini; más tarde, en la ciudad, con la oración
por las víctimas del terrorismo; y, por último, en Concesio, donde en
1897 Montini nació y fue bautizado. Aquí acaba de trasladarse, a una
sede magnífica inaugurada por el Papa, el Instituto Pablo VI, que este
año ha dado su premio, un auténtico Nobel católico, a "Sources
chrétiennes", la colección francesa que desde hace casi setenta años
publica los textos más antiguos de la tradición cristiana.
Ante
la catedral donde Montini fue ordenado sacerdote, rodeado de los
obispos de Lombardía con su arzobispo metropolitano a la cabeza,
Benedicto XVI presidió una celebración eucarística impresionante por su
recogimiento solemne, que ni siquiera la lluvia persistente consiguió
alterar; explicando las Escrituras y recordando a los fieles el don
"inestimable" que representa la lección del "gran Papa", una lección
que permanece.
Durante toda su vida Pablo VI dio testimonio de
la verdad, buscando el encuentro con la humanidad contemporánea que
entonces, como hoy, imponía la confrontación de los católicos con el
olvido de Dios y con las religiones no cristianas. Frente a las
dificultades posconciliares Montini declaró que el Papa consideraba
"que tenía que seguir únicamente la línea de la confianza en
Jesucristo, a quien su Iglesia le interesa más que a nadie". Del mismo
modo, recién elegido, su sucesor Benedicto XVI expuso su "verdadero
programa de gobierno": "no seguir mis propias ideas, sino ponerme,
junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad
del Señor", de tal modo que "sea él mismo quien conduzca a la Iglesia
en esta hora de nuestra historia".Tags: `Papas