martes, 24 de noviembre de 2009

Ayer durante el rezo del Ángelus

CRISTO


CIUDAD DEL VATICANO, lunes 23 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).-Ofrecemos a continuación las palabras del Papa Benedicto XVI ayer,durante el rezo del Ángelus, a los peregrinos reunidos en la Plaza deSan Pedro, y que ha publicado hoy la Santa Sede.

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Queridos hermanos y hermanas

Eneste último domingo del Año litúrgico celebramos la solemnidad deJesucristo Rey del universo, una fiesta de institución relativamentereciente, pero que tiene profundas raíces bíblicas y teológicas. Eltítulo de “rey” referido a Jesús es muy importante en los Evangelios ypermite dar una lectura completa de su figura y de su misión desalvación. Se puede notar a propósito de esto una progresión: se partede la expresión “rey de Israel” y se llega a la de rey universal, Señorde cosmos y de la historia, y por tanto mucho más allá de lasesperanzas del propio pueblo hebreo. En el centro de este itinerario derevelación de la realeza de Jesucristo está una vez más el misterio desu muerte y de su resurrección. Cuando Jesús fue llevado a la cruz, lossacerdotes, los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: “Esel rey de Israel; que baje ahora de la cruz y creeremos en él” (Mt27,42). En realidad, precisamente en cuanto que es el Hijo de DiosJesús se entregó libremente a su pasión, y la cruz es el signoparadójico de su realeza, que consiste en la victoria de la voluntad deamor de Dios Padre sobre la desobediencia del pecado. Es precisamenteofreciéndose a sí mismo en el sacrificio de expiación como Jesús seconvierte en Rey universal, como declarará Él mismo apareciéndose a losapóstoles tras la resurrección: “Me ha sido dado todo poder en el cieloy en la tierra” (Mt 28,18).

¿Pero en qué consiste el“poder” de Jesucristo Rey? No es el de los reyes y el de los grandes deeste mundo; es el poder divino de dar la vida eterna, de liberar delmal, de derrotar al dominio de la muerte. Es el poder del Amor, quesabe sacar el bien del mal, ablandar un corazón endurecido, traer pazen el conflicto más áspero, encender la esperanza en la oscuridad másespesa. Este Reino de la Gracia no se impone nunca, y respeta siemprenuestra libertad. Cristo vino a “dar testimonio de la verdad” (Jn18,37) – como declaró frente a Pilato –: quien acoge su testimonio, sepone bajo su “bandera”, según la imagen querida a san Ignacio deLoyola. A toda conciencia, por tanto, se hace necesaria – esto sí – unaelección: ¿a quién quiero seguir? ¿A Dios o al maligno? ¿A la verdad oa la mentira? Elegir a Cristo no garantiza el éxito según los criteriosdel mundo, pero asegura esa paz y esa alegría que sólo Él puede dar. Lodemuestra, en cada época, la experiencia de tantos hombres y mujeresque, en nombre de Cristo, en nombre de la verdad y de la justicia, hansabido oponerse a las adulaciones de los poderes terrenos con susdiversas máscaras, hasta sellar con el martirio esta fidelidad suya.

Queridoshermanos y hermanas, cuando el Ángel Gabriel llevó el anuncio a María,Le preanunció que su hijo habría heredado el trono de David y reinadopara siempre (cfr Lc 1,32-33). Y la Virgen creyó antes aúnantes de entregarlo al mundo. Debió después, sin duda, preguntarse quénuevo tipo de realeza era la de Jesús, y lo comprendió escuchando suspalabras y sobre todo participando íntimamente en el misterio de sumuerte en cruz y de su resurrección. Pidamos a María que nos ayudetambién a nosotros a seguir a Jesús, nuestro Rey, como hizo Ella, y adar testimonio de Él con toda nuestra existencia.

[Después del Ángelus]

Hoyen Nazaret tiene lugar la ceremonia de beatificación de SorMarie-Alphonsine Danil Ghattas, nacida en Jerusalén en 1843 en unafamilia cristiana, que tenía 19 hijos. Descubrió bien pronto suvocación a la vida religiosa, por la que se apasionó a pesar de lasdificultades iniciales planteadas por la familia. Ella tiene el méritode fundar una Congregación formada sólo por mujeres del lugar, con elfin de la enseñanza religiosa, para vencer el analfabetismo y elevarlas condiciones de la mujer de aquel tiempo en la tierra donde Jesúsexaltó su dignidad. Punto central de la espiritualidad de esta nuevaBeata es su intensa devoción a la Virgen María, modelo luminoso de vidaenteramente consagrada a Dios: el Santo Rosario era su oracióncontinua, su ancla de salvación, su fuente de gracia. La beatificaciónde esta tan significativa figura de mujer es de particular consuelopara la Comunidad católica en Tierra Santa y es una invitación aconfiarse siempre, con firme esperanza, a la Divina Providencia y a lamaternal protección de María.

Ayer, en la memoria de la Presentación de la Beata Virgen María en el Templo, se celebraba la jornada pro orantibus,en favor de las comunidades religiosas de clausura. Aprovecho de buengrado la ocasión para dirigir a estas mi cordial saludo, renovando atodos la invitación a sostenerlas en sus necesidades. Estoy contentotambién, en esta circunstancia, de agradecer públicamente a las monjasque se han alternado en el pequeño Monasterio en el Vaticano: Clarisas,Carmelitas, Benedictinas y desde hace poco, Visitandinas. Vuestraoración, queridas hermanas, es muy preciosa para mi ministerio.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]


Tags: realeza divina

Publicado por saavedragoffins102 @ 13:34
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