sábado, 12 de diciembre de 2009

Monseñor Vegliò interviene en el encuentro para la pastoral de circos y ferias

 

ROMA, viernes 11 de diciembre de 2009 (ZENIT.org).-

El alejamiento de Dios lleva al hombre aencerrarse en sí mismo, en una situación en la que es todavía más necesaria unainyección de serenidad y confianza.

Lo afirmó monseñor Antonio Maria Vegliò, nombrado, el pasado mes de febrero,presidente del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes y losItinerantes.

Fue en su saludo de bienvenida al Encuentro de Directores nacionales de laPastoral para los Circenses y Feriantes, que se celebra en el Vaticano los días11 y 12 de diciembre.

El prelado recordó que el espectáculo itinerante “desde siempre ha estadopresente en la vida de las personas y las ha acompañado irrumpiendo en su vidacotidiana, a veces gris y banal, con un conjunto de actuaciones bonitas, entreluces brillantes, vivos decorados y músicas emocionantes”.

Por eso, se puede decir que la vocación de los que se dedican a estaactividad “siempre ha sido la de llevar serenidad y paz, esperanza y confianza,de la que la persona, sobre todo hoy, tiene más necesidad cuanto más sedistancia de Dios y de las fuentes de la gracia, encerrándose en unmaterialismo ciego y egocéntrico”.

“En la medida en que la persona se aleja del amor de Jesucristo, sedistancia también de su prójimo y deja de entender lo que ella es, cuál es suverdadera dignidad, su vocación y su destino final”, añadió monseñor Vegliò.

“Sólo en el misterio de la encarnación, la persona vuelve a encontrarcompletamente su dignidad, el cumplimiento de su realización, la medida de su“educación”.

En este contexto, resulta fundamental la evangelización de los que trabajanen el espectáculo itinerante, “entendida en su sentido más amplio como anunciode la palabra de Dios, comunicación de la vida divina a través de lossacramentos y testimonio del servicio a los hermanos”.

Igualmente, “es necesario que de la escucha de la Palabra, del encuentrovivo con Cristo Eucaristía y de la participación en los sacramentos, surja ensu corazón el deseo de un compromiso misionero y de dar testimonio”.

Un mundo de valores

Monseñor Vegliò recordó después que en el ambiente circense y carnavalesco“hay algunos valores que se consideran como característicos suyos y quedeterminan su existencia”.

“Acogida, hospitalidad, escucha y solidaridad, alegría y paz, hacen de loscircos y de las ferias lugares extraordinarios de reunión y de comunión, dondedistintas generaciones y familias enteras encuentran diversión y recreo, ydonde se pueden instaurar relaciones que enriquecen y edifican”, explicó.

Estos valores “se apoyan y defienden también para permitir a los circenses yferiantes desarrollar una acción educativa, que es peculiar por su arte, antela sociedad, en el diálogo con las jóvenes generaciones y con los máspequeños”.

El circo y la feria, de hecho, “favorecen su socialización, les ayudan adesarrollar la creatividad y la fantasía y se presentan como ocasionesparticulares para familiarizarse con otras personas y con los animales”.

A pesar de “llamadas, peticiones y artículos que critican esta forma deentretenimiento, considerándola como superada y poco divertida” y lanzan“propuestas para un “nuevo circo” sin animales”, el circo y la feria continúansiendo lugares “importantes” de la ciudad, por su carácter social, cultural ypedagógico”.

“Desde el centro hasta las periferias urbanas más desfavorecidas, en losterritorios rurales y en las grandes metrópolis, el espectáculo itinerantedesarrolla con su actividad una función importante en la vida cultural,contribuyendo a su vitalidad y animación”.

Para que sea posible “lograr esa seguridad que le permita proteger ydefender sus “intereses” en un mundo en continua transformación”, los circos ylas ferias deben, sin embargo “intentar ir de la mano de una cierta evolución”

Aunque dan siempre la impresión de ser lugares mágicos y encantadores, porotra parte también sufren muchos problemas, y tras las apariencias “se escondeun universo hecho de trabajo y de sacrificios, de tensiones y de riesgos”, unpanorama “agravado por la actual crisis que afecta también a este sector”.

En este contexto, el prelado auspició que “los valores fundamentales de lafamilia, que son la amistad, el amor, la paz, la libertad y la alegría -sinduda la fuerza de los circenses y feriantes-, puedan apoyar a las generacionesde hoy en la construcción de su futuro, dando vida a una sociedad verdaderamentesolidaria y fraterna, en la que todos los diversos ámbitos, las instituciones yla economía estén impregnados de espíritu evangélico”.


Tags: Pastoral Emigrantes

Publicado por alfre1240 @ 13:27
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