miércoles, 16 de diciembre de 2009
  
Hace poco, leyendo un artículo de César Vidal que trataba de despejarnos la duda sobre si Franco había sido o no antisemita, me quedé bastante sorprendido al ver que aún intentando darnos la mejor cara del dictador Vidal solo era capaz de decir a su favor que, en todo caso, no lo fue tanto como Hitler.

Sin embargo aún hoy en día se sigue manteniendo por algunos que Franco no solo no tuvo nada que ver con el antisemitismo sino que además hizo todo lo que estuvo en su mano para salvar a todos los judíos que pudo. Y cuando les preguntas, inevitablemente aparece el nombre de Ángel Sanz Briz, como el mayor exponente de lo que el régimen anterior hizo por los judíos.

Sanz Briz fue un diplomático maño que en marzo de 1944 era secretario de la embajada española en Budapest cuando el almirante Horthy, regente de Hungría, fue obligado por Hitler a nombrar un gobierno pronazi encabezado por Döme Sztojay. Inmediatamente comenzaron a aplicarse en todo el país y particularmente en Budapest las medidas antijudías que eran la norma en los países ocupados, empezando por la obligación de llevar la estrella de David y terminando por la deportación.

En mayo el ministro de España en Budapest Miguel Angel Muguiro informó al gobierno de la situación. En aquel momento nuestro país no había reconocido aún al gobierno de Sztojay y en junio Muguiro tuvo que abandonar el país acusado de haberlo impedido con sus informes, no sin antes haber tramitado los visados que salvaron a 500 niños. De esta manera Sanz Briz quedó convertido en el representante oficial de España en Hungría.

En julio Sanz Briz calculaba en medio millón el número de judíos deportados y había empezado a conceder visados con los que 1684 judíos pudieron huir a Suiza. El 15 de octubre el almirante Horthy fue detenido, y llegó al poder Ferenc Szalasi el líder de los nazis húngaros. Inmediatamente la persecución contra los judíos se endureció.

Mientras Sanz Briz había conseguido que se le permitiera extender pasaportes españoles para los judíos sefarditas de la ciudad. Estaba autorizado a conceder 200, y como sólo encontró 45 sefarditas empezó por repartir el resto entre judíos asquenazíes que eran mayoría en Budapest. Luego se le ocurrió el subterfugio de conceder pasaporte a 200 familias en vez de a 200 individuos, y finalmente acabaría por dar pasaportes a miles mediante diversos trucos.

En noviembre se obligó a los judíos protegidos por países neutrales a concentrarse en un gueto, desde el que serían deportados, por lo que Sanz Briz, siguiendo el ejemplo del diplomático sueco Wallemberg, alquiló varias casas y las presentó como “Anexos de la embajada de España” lo que impedía que se llevaran a los refugiados en ellas. Finalmente consiguió que el gobierno español, ante la presión internacional, le diese permiso para actuar a su entera discreción.

En aquel momento había miles de refugiados en las casas de la legación española en lugar de los 300 que a duras penas había conseguido que aprobaran los húngaros. Cuando éstos se dieron cuenta le insistieron en que debían deportar al resto. Sin embargo gracias a un generoso donativo al gobernador alemán y a sus insinuaciones de que si le permitían seguir con lo que estaba haciendo el gobierno español podía mediar con los aliados para lograr un armisticio con Hungría, consiguió que las “casas españolas” fueran respetadas.

Finalmente Sanz Briz tuvo que abandonar Budapest el 30 de noviembre ante la insistencia del gobierno de que no debía de caer en manos de los rusos, dejando la legación española en manos de Giorgio Perlasca, un italiano que había combatido con los nacionales en la guerra civil y que, haciéndose pasar por el nuevo embajador español, consiguió mantener a los refugiados a salvo hasta que llegaron los rusos. En total se calcula que gracias a Sanz Briz, Muguiro y Perlasca se salvaron unas 5000 vidas.

Tras la guerra, el régimen de Franco hizo todo lo posible por distanciarse de los que habían sido sus aliados, y poco a poco fue entrando en el concierto internacional sobre todo gracias a la nueva coyuntura de la guerra fría. A principio de los 60 a España le interesaba entrar en las nuevas instituciones europeas de reciente creación (la CEE nació en 1957) pero se encontró con un escollo inesperado; la oposición del estado de Israel al que no había querido reconocer Franco hasta entonces y que se dedicó a presionar para la exclusión de nuestro país por su anterior colaboración con los nazis.

Por ello a partir de 1961 se ideó una campaña de lavado de cara en la que fue parte vital el Ministro de Información y Turismo Manuel Fraga. Dentro de esta campaña en los medios de comunicación destacarán la programación de varias películas sobre el Holocausto en el Festival de Cine de Valladolid del 61; la visita del historiador judío Isaac Molho, al que se le mostró una España en la que se le tiene gran aprecio al pasado conjunto de ambas culturas y que acabó siendo el principal vocero de la propaganda del régimen y, finalmente, la publicación de varios libros en Estados Unidos con la intención de que los judíos americanos supieran lo que Franco había hecho por sus correligionarios durante la guerra.

La campaña culminará en 1963 con una entrevista en la que Sanz Briz, por aquel entonces Cónsul General en Nueva York, contaba a Molho como todo el mérito de sus acciones se debía al generalísimo.

Sin embargo parece bastante probado que la postura del régimen durante la segunda guerra mundial fue de desentendimiento ante el problema judío. Hay pruebas de que, si bien fueron muchos los que consiguieron salvarse a través de España, el gobierno español representado por su ministro Serrano Suñer rechazó en varias ocasiones los ofrecimientos de repatriación de sefarditas hechos por los propios alemanes, como en los casos de Francia y Grecia, donde muchos fueron deportados gracias a la falta de respuesta por parte de España.

Además el paso de refugiados y sobre todo su establecimiento en nuestro suelo fue impedido siempre que la coyuntura internacional así lo hacía posible por nuestras autoridades, incluso concluida la guerra para evitar la formación de un núcleo judío mal visto tanto por las autoridades como por la Iglesia.

De manera que se puede decir que si España tuvo que ver en la salvación de miles de judíos durante la guerra fue sobre todo gracias a acciones personales de diplomáticos como Sanz Briz, nombrado por ello “Justo de la humanidad” por el estado de Israel, y no porque el régimen se preocupara especialmente de ello.

ALGUNAS FUENTES

González-Arnao Conde-Luque, Mariano, Los héroes de Budapest. La aventura de la Historia, nº 5, Marzo de 1999.

González García, Isidro, Franco y la cuestión judía. HISTORIA 16, nº 284, Diciembre de 1999.

Lazo, Alfonso, Un antisemitismo sin judíos. La aventura de la Historia, nº 5, Marzo de 1999.

Tenembaum, Baruj, Sanz Briz, el ángel de Budapest

Vidal, César, ¿Fue Franco antisemita?

Jose Antonio del Valle | 11 de marzo de 2006

Fuente: http://www.librodenotas.com


Tags: derechos humanos

Publicado por saavedragoffins102 @ 10:26
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