este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
Sobre aquella humilde familia del pesebre se
asienta y recibe la fuerza la familia de hoy
La Navidad es cada día menos religiosa y
más familiar
Por poco que prestemos atención nos damos cuenta que la
celebración de la Navidad es cada día más una celebración
familiar. Cada día es menos religiosa y más familiar.
Quizás
deberíamos maravillarnos
que a pesar de el gran materialismo que rodea la
navidad del papá Noel la influencia de aquel niño que
nació en Belén sigue estando, pues si se ha convertido
en una fiesta familiar, no olvidemos que todo niño sigue
naciendo en una familia.
Y si al mundo se le ha
impregnado que la familia es bueno que se reúna, que
se vea, será una manera de que el amor y
la familia sigan existiendo por más gorditos vestidos de rojo
pueblen los supermercados. Sobre aquella humilde familia del pesebre
se asienta
y recibe la fuerza la familia de hoy.
La Navidad de
Jesús es una Navidad religiosa, ¿pero acaso la familia no
es una pequeña Iglesia Doméstica? ¿Acaso el amor no nos
viene de la misma raíz del portal de Belén? Alegrémonos que
aun en medio de la navidad mercantil siga existiendo el
amor entre nosotros y que la familia sea la cuna
y el sostén de ese amor. Donde reina el amor, reina
la redención, aunque nos venga por caminos que muy bien
no entendemos.
La Navidad sirve frecuentemente para hacer un alto
en
la vorágine de nuestra vida y a veces hasta cambiamos
en algo. Lo bueno sería que este cambio se arraigara
en nosotros. Si el encuentro de Navidad sirve para amarnos un
poco más, ya es Navidad en nuestro interior y si
nos queremos más, también amamos más a Dios.
Si estamos atentos
a los demás, a lo que necesitan los demás, será
una forma de salirnos de nosotros mismos, el amor crecerá
en nosotros y seremos de verdad una Navidad viva. Una
Navidad que el otro sentirá, que el otro vivirá como
una fiesta para todos. Una Navidad que estará por encima
de arbolitos, guirnaldas, banquetes y hasta por encima de aquel
portal de Belén. Porque el espíritu de aquel pesebre está en
que todos estén en la Navidad. La que tu quieras, pero
que el otro ocupe un lugar en tu amar.
Para el
cristiano la fiesta de la Navidad tiene tres dimensiones: mira
hacía el pasado, mira hacia el presente y sobre todo
mira hacia el futuro.
Navidad significa que el Redentor ya ha
venido, que ya ha colmado las esperanzas del Antiguo Testamento,
pero al mismo tiempo se ha abierto con su presencia
entre nosotros, las esperanzas del Nuevo Testamento.
Esta nueva
espera se
expresa así: la venida del niño Jesús debe concretarse en
el corazón de cada hombre, mientras la humanidad camina hacía
el Paraíso. Ese paraíso que los creyentes sabemos que existe.
Decía
el Cardenal Pironio: El mundo necesita del testimonio cotidiano del
hombre simple, del hombre común, del hombre de su casa,
del hombre normal, del hombre que pasa por la calle,
del hombre de alma simple y sencilla, del hombre lleno
de la alegría porque sabe que el Reino del más
allá, ya comenzó.
Y todo comenzó desde que un día
hubo un nacimiento en un pequeño portal en un pequeño
pueblito llamado Belén.