jueves, 31 de diciembre de 2009

valores

Antes lotenían más fácil

        Lamagnífica historia con la que Harper Lee gana el premio Pulitzer sirve para queGregory Peck, dando vida al abogado Átticus Finch, logre el Óscar al mejoractor y nos deje una película antológica. En un Estado sureño con fuertesprejuicios racistas, Átticus acepta la defensa de un muchacho negro, acusado dehaber violado a una chica blanca. Nadie había llegado tan lejos, y él lo sabe.También sabe que se juega la vida, pero se emplea a fondo y solo pierde elcaso. Gana, en cambio, el respeto de todo el mundo, y deja a sus hijos unalección inolvidable de integridad y valentía. Átticus es joven y está viudo.Tiene que educar en solitario a Jem y Sccout, un juicioso muchacho de 12 años yuna despierta chiquilla de 6, traviesa como un diablillo. Y ahí, aportandocariño, equilibrio y buen sentido a un hogar donde falta la madre, conquista alespectador. Y también al periodista que, al cubrir la noticia de la muerte delactor, escribe lo que todos pensábamos: Átticus es el padre que a todos nosgustaría haber tenido y, más aún, el padre que todos querríamos ser.

        Laverdad es que, para desempeñar su papel de padre, Átticus tiene a su favor unmundo mucho menos revuelto que el nuestro. Si alguien lo duda, le aconsejo queeche un vistazo a esa radiografía de la juventud actual, escrita por CarlosGoñi y Pilar Guembe, que lleva por título "No se lo digas a mispadres". Bastaría con leer el índice para comprobar que los problemas sehan multiplicado y complicado en las últimas décadas. Átticus no necesitó estarpreparado para enfrentarse a patologías y desórdenes que en su época afectabana un mínimo porcentaje de jóvenes o, simplemente, no existían: la movida delfin de semana y las drogas de diseño, la navegación por Internet, la anorexia,la fiebre consumista, la cocaína y el alcohol, la depresión, la elección detendencia sexual, la adicción a los viedojuegos y a los teléfonos móviles...Décadas después, tampoco los padres de Guille y Mafalda tuvieron que serexpertos en educación para ejercer su tarea con solvencia. Vivían en un mundofácil de entender, con referencias estables y comunes. Hoy, ese mundo ya noexiste. En su lugar, lo que encontramos es complejidad y fragmentación. Elsubjetivismo intelectual y el relativismo moral disuelven la verdad, y sinverdad -lo afirma Savater- es imposible educar. Hoy, los padres de Mafaldatendrían que leer libros de psicología, hacer cursos de orientación familiar yponer en práctica el consejo de San Agustín: "Haz lo que puedas y pide loque no puedas". Porque hoy, Guille y Mafalda serían más hijos de su épocaque de sus padres.

        Encualquier caso, Harper Lee y Gregory Peck no han podido reflejar mejor lo quesignifica educar y ser padre: esa delicada mezcla de autoridad y cariño, deexigencia razonable y confianza, de respeto a la libertad y apelación a laresponsabilidad, de disponibilidad y buen humor. Sospecho que Harper Lee pudo inspirarseen la personalidad de otro padre y abogado genial: Tomás Moro.

 

 

 


Tags: virtudes y valores

Publicado por alfre1240 @ 14:10
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