este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
Catholic.netSeguro que habréis oído alguna vez la muy acertada idea de hablar del
matrimonio, el amor hombre-mujer-, como de un trabajo apasionante. Lo encuentro
acertadísimo. Creo que, en verdad, el matrimonio requiere esfuerzo y sacrificio
y, a la vez, puede ser motivo de gran disfrute, si se cuida a diario.
El
matrimonio, como las empresas, ha de ser próspero, de lo contrario entristece y
aburre. Todos sabemos la gran cantidad de energías necesarias para –sin
desaliento- sacar adelante un proyecto empresarial.
Igual ocurre en el
matrimonio que en la vida laboral. Es en esa tarea diaria donde se ejercitan las
virtudes humanas. Así se llega a encontrar la felicidad propia, buscando la de
los demás. De esta manera la felicidad es el resultado de una vida de entrega,
por ello se puede ser feliz incluso con sufrimiento.
Pensemos que la
ceremonia de la boda sólo fue el principio. Poco a poco se empieza a entender y
valorar que la reverencia hacia la esposa o el esposo es más importante que el
amor. La reverencia es muy superior al respeto. La primera necesidad de
reverencia proviene de conocer lo que es el hombre, la segunda de saber bien qué
es el matrimonio. De lo contrario, es muy difícil que éste alcance su
elevadísima plenitud.
Viene a cuento un simpático sucedido que os
transcribo, aunque quizás ya lo sepáis. No pensemos que sea del siglo XVIII,
pues es muy actual:
“Es la noche de bodas. El marido, con la mayor
“naturalidad” del mundo, abre la puerta de la habitación nupcial, sin avisar. Su
mujer, con dulzura y sin el menor rubor, le suplica: -Por favor, sal de la
habitación y llama antes de entrar. –¿Por qué tanta ceremonia? -dice el marido.
Y la esposa, pausada, sin inquietarse, con elegancia y buen humor, comenta:
-Amado esposo mío, pues para que nunca olvides el valor del permiso que ahora
mismo voy a concederte”.
Entrega y placer
Importa mucho
no invertir los términos. Evitemos presentar la sexualidad como una condición
previa para el amor. Es en realidad el amor matrimonial la condición primera
para el regalo que es la entrega corporal. De lo contrario, el trato sexual
separa y aleja al hombre y a la mujer, en lugar de unirlos. Como dice un amigo,
el cerebro es el órgano sexual más poderoso.
Comprender es una tarea de
amor hecha con la inteligencia. A última hora, comprender será compartir lo poco
y lo mucho, lo grande y lo pequeño, lo temporal y lo eterno.
Por
experiencia sabemos que, si queremos, somos capaces de sacar tiempo para todo
aquello que verdaderamente nos interesa. Entonces ¿vamos a dejar de hacer un
pequeño servicio a la esposa o a los hijos, por falta de tiempo?
Hay
momentos en que irá muy bien desahogarnos, oxigenarnos de un tema que no
acabamos de “cuadrar” con nuestro cónyuge. Bien, pero es vital tener esa
confianza de amistad con la persona adecuada, en el momento oportuno y con
cierta moderación.
No convirtamos el disgusto o la contradicción en una
queja espectacular. Algunos fracasos personales e incluso problemas de salud o
de carácter, se pueden convertir, si no se atienden a tiempo, en la excusa-causa
para que la estabilidad del matrimonio pague las consecuencias. ¡Y eso no es
justo!
Los medios que, en otro orden de cosas, por ejemplo el ámbito
laboral, pondríamos para abordar con renovada ilusión una mejora personal y del
equipo, parecen imposibles de poner en juego cuando se trata del matrimonio.
¡Pues no puede ser! Con sensatez, inteligencia y determinación, es preciso
afrontar los sacrificios necesarios para mejorarse mutuamente, él y ella. Lo
contrario es ser imprudentes. Y así, hasta las empresas más solventes acabarían
en la bancarrota.
Es oportuno tener en cuenta que si lleváramos la
cuenta de todos los defectos y errores de una persona, acabaríamos transformando
en un ser despreciable hasta a la persona más encantadora. Todos necesitamos
ejercitarnos desde muy chicos en la capacidad de pedir perdón y de perdonar.
El verdadero problema llega cuando hay desinterés por cuestiones familiares
muy importantes como son la educación de los hijos, la administración del hogar
o el trabajo del otro cónyuge. Es preciso evitar las “agendas ocultas” y
recomenzar con sinceridad. Qué alivio será cuando al ver alguna incomprensión,
no neguemos la injusticia que tenemos delante, pero reaccionemos renunciando a
la venganza y queriendo lo mejor para el otro, a pesar de los pesares.
Ternura y unión
En estos asuntos nos urge ser reflexivos
y objetivos. A veces, he visto gran preocupación por cómo puedan elegir los
hijos una pareja adecuada para su matrimonio. Pues ¡ea!, mostrémosles un modelo
de felicidad de carne y hueso.
En esta unión de dos personalidades que
han de adaptarse, el marido y la mujer han de poner, enérgicamente, manos a la
obra. Si el uno no se esfuerza, el otro deberá poner doble intensidad. Es un
entrenamiento mutuo de libertad, responsabilidad y servicio, que construye la
plenitud matrimonial.
Aunque no exista persona humana que sea capaz de
satisfacer totalmente las necesidades de otro, sí encontramos en el matrimonio
una fuerza que tiende a enlazar y a dar consistencia a dos diferentes maneras de
ser.
Seguro que a todos nos agradará recordar algunos trucos para
asegurar que ponemos los medios necesarios y razonables para ir a una. Como
música de fondo tenemos el hecho clave, la prioridad, de intentar en todo
momento adelantarnos a lo que pueda necesitar nuestra esposa o esposo. Es un
“prejuicio” buenísimo que se puede adornar sistematizando detalles como:
Tres días fijos a la semana llegar lo antes posible y puntualísimo a
casa, evitando toca excusa laboral o de amistad.
Al menos tres días a
la semana, hablar tranquilamente, sin TV ni niños, antes de ir a descansar.
Buscar y dar un beso “pausado” al esposo o esposa, nada más llegar a
casa.
Al menos una vez al mes salir a cenar o pasear los dos solos,
como recién casados, hablando de temas de interés y agradables para ambos. Con
paciencia, con tiempo. Saboreando la compañía de alguien que está a tu lado para
facilitar las cosas, para buscar tu felicidad.
Todas y todos podríamos
seguir la narración, pues cada uno sabe mejor que nadie lo que hace la vida más
agradable a su propio cónyuge.
En fin, disfrutemos levantando, a diario,
la principal empresa que tenemos entre manos, pues es la familia la realidad
humana por excelencia, principio básico para cualquier mejora de la sociedad.