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Tan importante es la eñe que sin ella yo no sueño , y sin que te parezca extraño no me estriño y si me baño.
Imagínense a las madres sin servicio de pañales y al soldado en su estación si le falta un buen cañón.
Aunque sin eñe no hay daño. resultaría dañino, que nos faltara el empeño y no existiera el cariño.
Para una linda española no habría una piel de armiño. Tampoco habría cabañas para albergar a los niños.
Sin eñe yo no te riño, y los viejos no se tiñen, no te daría un regaño y me sentiría triste al decirte que te extraño.
Sin sonido de zampoñas, sin beber un vino añejo en una peña criolla, ¿qué gracia tiene el festejo?
¿Acaso habría buñuelos o churros para la niña como los hacía el abuelo con sus trocitos de piña?.
No existiría el otoño sin la eñe en nuestras letra; ni tampoco habría moño, donde prender las peinetas.
Parecía muy extraño que Bill Gates no la pusiera, y quedó como un tacaño ¡cómo si tan caro fuera!
Bueno, basta de regaños, porque ya me vino el sueño y aunque pongo mucho empeño los ojos me hacen extraños.
Termino pidiendo a todos los que hablan español, defiendan la EÑE. . . ¡Coño! y el idioma será mejor.
Gentileza, Miguel Armando Recio y Anny Mateo Cabral
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