sábado, 16 de enero de 2010
Fuente: vocación.org
Autor: Juan Pablo II




Extracto de la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte.

Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: Señor, enséñanos a orar (Lc. 1,1). En la plegaria se desarrolla  ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: Permaneced en mí, como yo en vosotros (Jn 15,4). Esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana y una condición para toda vida pastoral auténtica. Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, nos abre por Cristo y en Cristo,  a la contemplación del rostro del Padre.

Aprender esta lógica trinitaria de la oración cristiana, viviéndola plenamente ante todo en la liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial, pero también de la experiencia personal, es el secreto de uh cristianismo realmente vital, que no tiene motivos para temer el futuro, porque vuelve continuamente a las fuentes y se regenera en ellas.

 La oración puede avanzar, como verdadero y propio diálogo de amor, hasta hacer que  la persona humana, sea poseída totalmente por el divino Amado, sensible al impulso del Espíritu y abandonada filialmente en el corazón del Padre. Entonces se realiza la experiencia viva de la promesa de Cristo: El que me ame, será amado de mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré en él (Jn 14,21).

Se trata de un camino enteramente mantenido por la gracia, el cual, sin embargo, requiere un intenso compromiso espiritual que encuentra también dolorosas purificaciones ( la noche oscura), pero que llega, de tantas formas posibles al indecible gozo vivido por los místicos, como unión esponsal.

 Debemos llegar a tener verdaderas escuelas de oración, donde el encuentro con Cristo no  se exprese solamente en petición de ayuda, si no también de acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el arrebato del corazón. Una oración intensa, pues, sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaz de construir la historia según el designio de Dios.




Publicado por edelweiss306 @ 10:13
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