este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
A fin de proporcionar a nuestros lectores una luz clara y competente
desde la que abordar este número extraordinario, hemos acudido a la
persona que, dentro de la Iglesia Católica, constituye -después del
Santo Padre- la primera autoridad en materia de Ecumenismo: el
Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos.
Agradecemos al Cardenal Eward Idris Cassidy su gentileza en concedernos
la entrevista, que ahora transcribimos. Sus respuestas explican la
importancia y el auténtico sentido del Ecumenismo, a la vez que ofrecen
un sintético panorama de las relaciones actuales entre la Iglesia
Católica y las principales confesiones cristianas.
- El Santo Padre ha querido que el Gran Jubileo del 2000 tuviera –ya
desde su fase preparatoria– un fuerte componente ecuménico. ¿A qué
obedece este deseo?
- El imperativo ecuménico se funda en la oración de Jesús, no creo sea
necesario buscar otras motivaciones. El compromiso irreversible de la
promoción de la unidad de los cristianos se realiza conforme a la
voluntad de Jesús. Jesús que, en el Getsemaní, la vigilia de su pasión,
oraba a su Padre y le pedía por sus discípulos "que todos sean uno para
que el mundo crea" (Jn 17,21). La unidad que el Señor dio a su Iglesia
no es accesoria, sino que está al centro mismo de su obra. El
ecumenismo, esto es, el movimiento en favor de la unidad de los
cristianos, no es un mero "apéndice" que se añade a la actividad
tradicional de la Iglesia, sino que hace parte orgánicamente de su vida y
su acción. El mismo Santo Padre escribe: "Creer en Cristo significa
querer la Iglesia, querer la Iglesia significa querer la comunión de
gracia que corresponde al designio del Padre desde toda la eternidad.
Este es el significado de la oración de Cristo: "Ut unum sint" (UUS
20)».
El tiempo jubilar es tiempo de conversión y de penitencia, para alcanzar
lo que con las meras fuerzas humanas nos es imposible conseguir, me
refiero a la amistad con Dios, su gracia. La Iglesia católica reconoce
que "entre los pecados que exigen mayor penitencia y conversión han de
citarse ciertamente aquellos que han dañado la unidad querida por Dios
para su pueblo" (TMA 34). A1 inicio de un nuevo milenio cristiano, en
este año de gracia que nos invita a convertirnos más radicalmente al
Evangelio, debemos dirigirnos con una súplica más apremiante al
Espíritu, implorando la gracia de nuestra unidad.
Tampoco se puede olvidar que la división contradice la voluntad de
Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica la causa santísima de
predicar el anuncio del Evangelio a toda criatura (UR 1).