Vivir
con plenitud es desarrollar lo más posible las capacidades humanas,
comenzando por las más nobles. La vida es un don que se debe hacer
fructificar tanto si es larga, como si es corta; es un valor que no se
debe despreciar. La violencia contra la vida constituye uno de los
pecados más graves contra la ley de Dios. Nuestro siglo ha conocido
atentados contra la vida a nivel masivo, como en ninguna otra época
pasada. La causa de estas atrocidades hay que encontrarla en la
extensión del ateísmo, del materialismo y del hedonismo. Estas ideas
convierten, a veces, a los hombres en lobos para los otros hombres; e
incluso su propia vida acaba pareciéndoles una carga excesiva y
recurren, en número creciente, a las drogas, suicidio, etcétera.