
Todos los días iba aquel hombre a la catedral para representar a
Judas. Un día el mendigo no pudo más. En plena catedral cayó de rodillas
llorando. Sus lágrimas bañaban su rostro. Y dirigiéndose al Pintor le
dijo: «¿No os acordáis de mí? Soy el mismo que os serví de modelo cuando
yo era muchacho, y ahora sólo puedo servir de modelo a Judas". ¡Dios
mío, Perdón¡ ¡No quiero ser Judas¡» Y lloraba en silencio con gran pena y
desconsuelo. El viejo pintor quedó triste e impresionado ante aquella
dolorosa realidad de la influencia del vicio y de la embriaguez en aquel
hombre.
Explicación Doctrinal:
El quinto mandamiento es: «No matarás.» Dios nos ha
concedido la vida del cuerpo para su gloria y para nuestro propio bien.
La vida es un tesoro; pero el verdadero dueño de nuestro cuerpo de
nuestra vida es Dios. Por tanto tenemos obligación de cuidar nuestro
cuerpo y de su salud. Pecan los que se embriagan a sabiendas, pues
perjudican grandemente su salud y se exponen a contraer el alcoholismo,
perjudica el beber vino y licores, incluso el fumar. No deben hacerlo
hasta una edad conveniente y siempre deberán hacerlo con moderación y
templanza.
Pecan contra el quinto mandamiento, los que atentan contra su vida, como
el suicidio; la vida no es nuestra, no podemos hacer con ella lo que
queremos, la vida es de Dios y por tanto sólo El tiene derecho a
quitárnosla. En algunos casos es permitido exponer la vida por causa de
la fe o por el bien del prójimo.
Peca contra el quinto mandamiento el que atenta o quita la vida del
prójimo.
En defensa propia, podemos herir e incluso matar a nuestro agresor,
siempre que haya causa grave para ello.
También peca contra el quinto mandamiento el que mortifica y amarga la
vida del prójimo o le odia o maldice.
También Dios nos ha dado junto a la vida, la inteligencia, memoria y
voluntad, facultades que tenemos el deber de cultivarlas por medio del
estudio, para luego emplearlas en el trabajo profesional. Peca el que no
aprovecha debidamente sus facultades intelectuales recibidas de Dios, y
hace gastar inútilmente a sus padres.
Norma de Conducta:
Respetaré la vida de mi prójimo y mi propia vida, como un tesoro que
Dios me ha concedido.
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