este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
«Y añadió: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea
condenado por los ancianos, los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y
que sea muerto y resucite al tercer día. Y decía a todos: Si alguno quiere venir
en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Pues el que
quiera salvar su vida, la perderá; el que, en cambio, pierda su vida por mi, ése
la salvará. Porque ¿qué adelanta el hombre si gana todo el mundo, pero se pierde
a si mismo, o sufre algún daño?». (Lucas 9, 22-25)
I. «El que quiera
salvar su vida, la perderá; el que, en cambio, pierda su Vida por mí, ése la
salvará».
Jesús, ésta es una de las verdades que me cuesta ver: ¿cómo
voy a ser feliz a través de la renuncia, de negarme a mí mismo, a mis gustos, a
mis caprichos, a mis placeres y ambiciones? Parece un contrasentido eso de
querer coger la cruz cada día. ¿No habrá que buscar un equilibrio entre una cosa
y otra? Jesús, me das la respuesta un poco más abajo: « ¿qué adelanta el hombre
si gana todo el mundo, pero se pierde a sí mismo?»
Lo importante no es
tener cosas, sino que mi vida tenga un sentido, una utilidad, una misión que la
llene. Y cuanta más alta sea la misión, más llena estará mi vida. No existe una
situación más frustrante que la del que lo tiene todo pero no tiene a nadie,
«porque no es dichosa la posesión de un bien cuando de él se goza en soledad».
(San Buenaventura).
El que está solo, ya se puede engañar con todas las
comodidades materiales, que se está perdiendo lo mejor. No hay nada que dé más
sentido a una vida que el amor a otra persona. Señor, nos has hecho así y Tú lo
sabes bien, porque estamos hechos a tu imagen y semejanza. Nada llena más que
darse a otro sin buscarse a uno mismo. Y esto se cumple tanto en el amor entre
los novios y entre los esposos, como en el amor entre los verdaderos amigos, o
en el amor entre cada uno y Dios.
Pero Tú sabes, Jesús, que este amor
verdadero significa entrega, renuncia a uno mismo, donación. Esa es la dinámica
del amor espiritual, que se contrapone a la del «amor» material o egoísmo. El
primero busca darse, el segundo sólo se contenta con recibir.
II.
«Nadie es feliz, en la tierra, hasta que se decide a no serlo. Así discurre el
camino: dolor; ¡en cristiano!, Cruz; Voluntad de Dios, Amor; felicidad aquí y
después, eternamente». (Surco.-52).
Jesús, éste es el mensaje que me
quieres transmitir cuando me dices: «el que pierda su vida por mí, ése la
salvará». Sólo cuando me decida a no pensar en mí, en mi felicidad egoísta,
descubriré la verdadera felicidad aquí y, después, eternamente. No se trata de
ser infeliz en la tierra para llegar a ser feliz en el cielo. Se trata de ser
felices de verdad en la tierra, porque -entre otras cosas- sólo el que haya
aprendido a ser feliz aquí, podrá disfrutar en la otra vida.
El egoísta
no tendrá cielo por su propia incapacidad de ser feliz, y no por un especial
capricho divino. Por eso he de aprender a perder la vida, a saber sufrir,
ofreciendo esos sacrificios por amor a Ti. He de aprender a buscar la cruz cada
día. Es un comportamiento que no viene solo, sino que se va adquiriendo a base
de repetición de actos. Una manera concreta de ir aprendiendo es luchar por
trabajar bien, con constancia, con orden, muchas horas; pero no por el egoísmo
de ganar el mundo, sino con la intención de hacer tu voluntad.
Jesús, a
veces me engaño y me digo: no puedo hacer más, me merezco un descanso; este fin
de semana, no toco un libro; si acabo bien este trabajo, nadie se va a enterar
y, por tanto, no vale la pena; etc... Y no me doy cuenta de que esas
compensaciones que me tomo para «vivir mejor», no me acaban de llenar y, en
ocasiones -al no hacer lo que debo- son causa de fracasos escolares o
profesionales.
En cualquier caso, la falta de generosidad lleva al
egoísmo, y el egoísmo lleva a la muerte espiritual. Ayúdame Jesús a querer
perder la vida por Ti, pues ésa es la única manera de ganarla.
Comentario realizado por Pablo Cardona. Fuente: Una Cita con Dios,
Tomo VI, EUNSA