De los Comentarios de San Agustín, obispo, sobre los salmos

En Cristo fuimos tentados, en él vencimos al diablo
Este mundo en que vivimos no es ideal, ni
coincide, por ahora, con la perfección consumada: está en camino, en periodo de
elección, de libertad y, por tanto, de tentación. Sólo el cristiano, que vive
inmerso en él, puede escapar del presunto escepticismo que infecta a quien
carece de la gracia de la fe; sólo él puede responder con amor a Dios cuando en
las contrariedades de la vida descubre una experiencia de libertad y una
promesa de gloria.
Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica. ¿Quiéndice esto? Parece que
uno solo. Pero veamos si es uno solo:Te invoco desde los confines de la tierra
con el corazón abatido.
Por tanto, no se trata de uno solo, a no ser en el sentido de que Cristo, junto
con nosotros, sus miembros, es uno solo. ¿Cómo puede uno solo invocar a Dios
desde los confines de la tierra?
Quien invoca desde los confines de la tierra es aquella herencia de la que se
ha dicho al Hijo: Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los
confines de la tierra.
Por tanto, esta posesión de Cristo, esta herencia de Cristo, este cuerpo de
Cristo, esta Iglesia única de Cristo, esta unidad que formamos nosotros es la
que invoca al Señor desde los confines de la tierra. ¿Y qué es lo que pide? Lo
que hemos dicho antes: Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica; te
invoco desde los confines de la tierra, esto es, desde todas partes.
¿Y cuál es el motivo de esta súplica? Porque tiene el corazón abatido. Quien
así clama demuestra que está en todas las naciones de todo el mundo no con
grande gloria, sino con graves tentaciones.
Nuestra vida, en efecto, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre
de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y
nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no
ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de
enemigo y de tentaciones.
Aquel que invoca desde los confines de la tierra está abatido, mas no queda
abandonado. Pues quiso prefigurarnos a nosotros, su cuerpo, en su propio
cuerpo, en el cual ha muerto ya y resucitado, y ha subido al cielo, para que
los miembros confíen llegar también adonde los ha precedido su cabeza.
Así, pues, nos transformó en sí mismo, cuando quiso ser tentado por Satanás.
Acabamos de escuchar en el Evangelio cómo el Señor Jesucristo fue tentado por
el diablo en el desierto. El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en
él eras tú tentado. Cristo, en efecto, tenía de ti la condición humana para sí
mismo, de sí mismo la salvación para ti; tenía de ti la muerte para sí mismo,
de sí mismo la vida para ti; tenía de ti ultrajes para sí mismo, de sí mismo
honores para tí; consiguientemente, tenía de ti la tentación para sí mismo, de
sí mismo la victoria para ti.
Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo
fue tentado, y no te fijas en que venció la tentacíón? Reconócete a ti mismo
tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él. Hubiera podido
impedir la acción tentadora del diablo; pero entonces tú, que estás sujeto a la
tentación, no hubieras aprendido de él a vencerla.
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