lunes, 22 de febrero de 2010




El divino Maestro comocorrespondencia a la firme confesión de su fiel apóstol Pedro: "Tú eres elMesías, el Hijo de Dios vivo", le dirigió aquellas trascendentalespalabras: "Bienaventurado tú, Simón Baryona, porque no es la carne ni lasangre quien eso te ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo tedigo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y laspuertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves delreino de los cielos y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, ycuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mt. 16,17-19).

Con estas palabras el divino Redentor anunciaba la concesión a Pedro de unaserie de privilegios sobre los demás apóstoles. Con ellos le hacía entrega delsupremo poder de gobierno y magisterio, de legislador e intérprete de ladoctrina evangélica, base esencial de la existencia misma de la obra de Jesús."Todo reino dividido será desolado" había dicho el mismo divinoMaestro. Y como el reino de Cristo debía existir por los siglos de los sigloshasta la consumación del mundo, aquel supremo poder debía naturalmenteperpetuarse en los sucesores de Pedro. Todos estos privilegios y superpetuación en los Romanos Pontífices se quisieron simbolizar y conmemorar enla institución de la fiesta de la Cátedra de San Pedro, cuyo origen histórico ylitúrgico vamos a explicar para promover la devoción a esta solemnidad.

Uno de los medios más sencillos y eficaces de enseñar e inculcar al pueblo fiella doctrina evangélica han sido siempre las representaciones plásticashistóricas o simbólicas. De ahí la riqueza de figuraciones artísticas de lasdiferentes escenas referentes a la institución del supremo magisterio de SanPedro.

De San Pedro, como la roca fundamento de la Iglesia, tenemos un hermoso relieveen un sarcófago lateranense. Se ven en él una basílica, un baptisterio y unpalacio en el plano superior, y más abajo, las figuras del Salvador y de sufiel apóstol, todo descansando sobre una roca. No hay duda que la basílicaquería representar la de Letrán, madre de todas las iglesias, como lo indica elbaptisterio contiguo y el palacio que quería recordar el que Constantino regalóa la Iglesia romana. De esa manera se expresaba al mismo tiempo que estaIglesia era la sucesora del apóstol.

Aún más expresiva es otra representación, y ésta conservada en muchosejemplares, de la llamada "Traditio legis" o consigna, entrega de laley a Pedro. Se quiso aplicar al apóstol. que había de ser el legisladorsupremo de la cristiandad, la escena tan conocida del Antiguo testamento en queDios entrega las Tablas de la Ley a Moisés, el legislador del pueblo escogido.Se encuentra principalmente en relieves marmóreos de sarcófagos cristianos. enellos se ve la majestuosa figura de Jesús sobre el monte, del cual fluyen loscuatros ríos del paraíso, con la diestra en alto, alargando con la izquierda elrollo abierto de la Ley a Pedro, que lo recibe, en señal de respeto, con las manoscubiertas, y llevando al hombro una cruz ricamente decorada. La noble figura deSan Pablo está al otro lado en actitud de aplaudir la elección hecha por Jesúsdel primer apóstol como supremo legislador. En algunos ejemplares aparecentambién los demás apóstoles en la misma actitud. La ley que recibía Pedro erala doctrina y toda la doctrina cristiana, esto es, la suma de los artículos dela fe y de los preceptos. Por esto en un ejemplar de Arlés se grabó en el rolloel crismon 0, símbolo de Jesús y de su doctrina.

Aunque todos los demás apóstoles tenían ciertamente el poder, recibidodirectamente del divino Maestro, de enseñar la ley evangélica, no se hallaninguna representación de la entrega de la ley a ellos, porque no había deresidir en sus personas ni en sus sucesores el poder supremo de legislar,independiente del de Pedro.

Con esta representación se significaba principalmente que Pedro era eldepositario, el guardián de la ley cristiana, pero Jesús le hizo además elmaestro por excelencia que había de transmitirla a todos los confines de latierra. De ahí la representación simbólica de la Cátedra de Pedro. La vozcátedra significaba materialmente el trono o silla episcopal, pero ya losSantos Padres la usan particularmente como símbolo de la autoridad de laenseñanza cristiana, atribuida generalmente a los obispos, pero especialmente ala sede de Pedro, la de Roma. San Cipriano en el siglo III decía: "Se da aPedro el primado para que se muestre que es una la Iglesia de Cristo y una lacátedra". Y recalcando aún más la unidad, añadía: "Dios es uno, unoel Cristo y una la Iglesia y una la cátedra fundada sobre Pedro por voz delSeñor" (CIPRIANO, Epist. 43,5). Y que esta cátedra era y seguíasiendo la de Roma, lo atestiguaba el mismo santo Doctor, quien para indicar quepor la muerte del papa Fabio vacaba la sede de Roma, lo expresaba así:"Como el lugar de Fabiano, esto es, el lugar de Pedro... vacase"(ID., Epist. 55,8). Por lo mismo el concilio de Calcedonia (a. 451)declaraba al recibir una carta del papa León Magno: "Pedro nos ha habladopor la voz de León" (Mansi, VI 971).

El apóstol, en los ejemplares más antiguos, aparece sentado sobre una roca, lade la confesión, para recordar la que según la palabra del Señor, debía serfundamento de la Iglesia. En las manos tiene desplegado el rollo de la doctrinaevangélica, en actitud de enseñar mientras dos soldados vienen a arrastrarlo,significando así que la enseñanza de la doctrina cristiana fue la causa de laspersecuciones. Hay ejemplares de esta preciosa escena, no sólo en Roma y enItalia, sino también en varias provincias del Imperio. En un ejemplar de Arlésen el rollo se ve inciso el crismon 0, como en el antes mencionado relieve dela Tradítio. Pedro enseña la doctrina de Cristo en su integridad,simbolizada en el anagrama de su nombre. Para expresar aún con más fuerza estaverdad, el artista Colocó junto a Pedro la figura del Señor en actitud dehablar al apóstol, absorto en su tarea catequética. De esta manera se quisoplasmar la inspiración divina bajo cuya influencia hablaría el apóstol y sussucesores.

En otros muchos ejemplares Pedro está sentado sobre una silla o verdaderacátedra. Tampoco conocemos una representaci6n semejante para ninguno de losdemás apóstoles.

Por otra parte, el pueblo romano veneraba una verdadera cátedra de madera ya enel siglo IV y mucho antes en la que, según la tradición inmemorable, se habríasentado el Príncipe de los Apóstoles.

Esta veneranda y preciosa pieza se conserva en el Vaticano, sustancialmente en lamisma forma original. Se le añadieron al correr de los siglos algunos adornospara enriquecerla, pero sin cambiar su estructura.

Es una gran silla o trono de madera de encina formada por una caja cuadriláterade unos 89 centímetros de ancho por 78 de alto hasta el asiento, con unospilares en los ángulos y un respaldo o dosel terminado por un tímpanotriangular. Tiene en los pilares unas anillas para poder ser fácilmentetrasladado. En el cuadrilátero frontal anterior, debajo del asiento, laenriquecen tres hileras de seis casetones cada una con sendos marfilesincrustados de oro, muy antiguos. Los que asimismo adornan el dosel son aún demayor antigüedad y seguramente tallados expresamente para esta cátedra.

Durante toda la Edad Media estuvo visible y fue muyvenerada. Los peregrinos, con devoción indiscreta, tomaban fragmentos de lamadera para guardarlos como reliquias. En un principio habría estado en SantaPrisca, en el Aventino, en el lugar donde, según la tradición, habría resididoel apóstol. Nuestro papa San Dámaso, en el siglo IV, la trasladó al baptisteriodel Vaticano por él construido. Al levantarse en el siglo XVI la actualimponente basílica Vaticana, se creyó conveniente guardar como una reliquia laveneranda cátedra. Bernini, el último gran arquitecto de las obras, emplazó enel fondo del ábside un grandioso altar barroco que tiene, a manera de imagenprincipal, una colosal cátedra de bronce, sostenida por ángeles y que es elrelicario que custodia la antigua silla del apóstol. En ocasionesextraordinarias puede ser mostrada a la veneración de los fieles, como se hizoen 1867, bajo el pontificado de Pío IX, al celebrarse el XVIII centenario de lamuerte de San Pedro.

Si el arte y las tradiciones populares pudieron propagar así la admiración ydevoción al magisterio supremo de Pedro, simbolizado en la cátedra, la liturgiadebía consolidarlas y extenderlas a todo el orbe cristiano de todas las épocas.Por esto se instituyó muy pronto en Roma y en las provincias del Imperio lafiesta de la Cátedra de San Pedro.

El primer testimonio escrito que ha llegado hasta nosotros, es la Depositiornartyrum: deposición de los mártires, incipiente calendario litúrgicoromano del año 336, pocos lustros después de alcanzada la paz constantiniana.

Entre las poquísimas fiestas de santos, unas dos docenas, del año litúrgico,señala este calendario para el día 22 de febrero el Natale Petri deCathedra, natalicio de San Pedro en la cátedra, o sea el día de lainstitución del pontificado de Pedro. El haber escogido este día para celebrarun acontecimiento del que no se podía saber la fecha exacta, parece se debió aquerer suplantar con una fiesta cristiana importante la pagana de honrar a losmuertos de la familia con banquetes frecuentemente escandalosos. San Agustínreprende duramente a los cristianos que en dicha fecha se entregaban a talesabusos. Lo mismo hace un concilio de Tours del año 567, al deplorarque haya fieles que, después de haber recibido dicho día el cuerpo del Señor,no se avergonzaran de manchar su alma con manjares dedicados al demonio. Quizátambién, y en primer lugar, se puede creer que dicha fecha guarda relación conla fiesta de la basílica de Santa Prisca en donde, según lo dicho, se guardabala cátedra, fiesta que coincide con el 22 de febrero. Sea como sea, lo que síes seguro, que en los primeros siglos, IV y V cuando menos, nuestra fiesta dela cátedra se celebraba en Roma, no como hoy el 18 de enero, sino el 22 del messiguiente. Así lo atestiguan varios libros litúrgicos.

Con esta fiesta se quiso solemnizar el episcopado de Pedro, su potestadjerárquica y magisterio universal y particularmente el episcopado de Roma,cabeza del Imperio, centro de la unidad, desde el año 42, que perduró duranteveinticinco años.

Era costumbre antigua, continuada hasta hoy, la de conmemorar la consagración oentronización de los obis pos en su sede. Pero, salvo raras excepciones laconmemoración sólo se extendía a la propia diócesis. Sólo a la de San Pedro sele dio el nombre majestuoso de cátedra, y ésta fue la únicaque se extendió a todo el mundo cristiano. San Agustín, dirigiéndose a susdiocesanos del Africa, decía: "Cuando celebramos el natalicio de lacátedra, veneramos el episcopado de Pedro apóstol". En este texto se vebien que la fiesta de la cátedra, sin otra distinción, era de la cátedra porexcelencia, la de jurisdicción universal, la de Pedro, y, queriendo exponer elmismo santo Doctor el origen de esta denominación, advertía: "La hodiernasolemnidad recibió de nuestros antepasados el nombre de cátedra, porque, segúnse dice, el primero de los apóstoles recibiría hoy la cátedra delepiscopado". Por esto en los textos de la misa romana actual, como en losantiguos. se recuerdan principalmente los pasajes evangélicos referentes a losprivilegios de magisterio y gobierno otorgados por el Señor a su fiel apóstol."Oh Dios que al entregar las llaves del reino de los cielos a tu santoapóstol Pedro, le concediste potestad de atar y desatar..." se dice en lacolecta. Después en el tracto, en el ofertorio y en la comunión se reproducenlas palabras de Cristo: "Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré miIglesia..." Se sabe que en el siglo IV y hasta el VI se celebraba consolemnidad especial esta fiesta en la capital de la cristiandad y era motivo deatracción de grandes grupos de peregrinos. A ella acudió el año 450,según se desprende de un sermón del tiempo, el emperador Valentiniano III consus hijas Placidia y Eudoxia. Asistieron a la vigilia litúrgica de la fiesta yal día siguiente fueron recibidos por el Papa y numerosos obispos de Italia.

Por causas no bien explicadas esta solemnidad desaparece de los libroslitúrgicos romanos de los siglos VII - X. Cuando reaparece, se ha trasladado aldía 18 de enero. La causa de este traslado parece fue el que la antigua fechacaía frecuentemente en la Cuaresma tiempo de ayuno, en que se evitaban estaclase de fiestas. El papa Paulo IV, en 1558, fijó definitivamente lafecha del 18 de enero para la de la Cátedra de San Pedro en Roma, asignando ala data anterior del 22 de febrero otra fiesta de la Cátedra de Pedro enAntioquía.


En cambio en las provincias y particularmente en España, a donde había pasadoya en el siglo V, siguió celebrándose siempre, mientras se conservó la liturgiahispano - mozárabe, con toda solemnidad en la antigua datación del 22 defebrero.


Los libros de dicha nuestra liturgia nos ofrecen una riqueza de textos paraesta fiesta no superada por ninguna otra de las liturgias occidentales. En elllamado
Oracional visigótico manuscrito el más antiguo de un oracionalcompleto, del siglo VII, procedente de Tarragona y conservado hoy en Verona,adonde pasó con los fugitivos de la invasión árabe, se dan nada menos que unadocena de oraciones sólo para el rezo del oficio divino, ya que el oracionalera precisamente el libro del preste para este rezo. Estas oraciones vanacompañadas de antífonas, responsorios, aleluiyáticos, sólo iniciados, quedespués vemos completos y en mayor abundancia y con la correspondiente músicaen el famoso Antifonario de León, del siglo X, y en otros manuscritos deToledo, San Millán, etc.

Una prueba de lo muy difundida y lo muy popular que debió ser en España ya enel siglo V esta celebración de la Cátedra de San Pedro nos la manifiesta unainscripción sepulcral, encontrada hace pocos lustros en Tarragona, en la quecomo datación del día del entierro se anota el de la
Deposición de PedroApóstol, es decir, deposición en la cátedra, como también era llamadadicha fiesta en España y en las Galias.

Concluyamos con la primera oración del mencionado
Oracional Visigótico,para las primeras vísperas: "Cristo, Hijo de Dios, que para edificar tuIglesia sobre la roca, diste al beatísimo Pedro, príncipe de todos losapóstoles, las llaves del reino de los cielos, a fin de que la Iglesia enprimer lugar edificada surgiera en aquel que mereció antes que los demás nosólo amarte, sino también confesarte; concédenos que en este día, en el cual élrecibió la suprema gracia del pontificado, recibamos nosotros la santidad entoda perfección, para que por aquel a quien concediste el poder de atar ydesatar en la Iglesia, por él mismo ordenes nos sean perdonados los pecados yentrar en el reino de la vida perpetua".

 

 

JOSÉ VIVES
www.mercaba.org

 


Tags: Cátedra de San Pedro

Publicado por alfre1240 @ 15:00
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