este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
«La generación de Jesucristo fue así: Estando desposada su madre Maria con José,
antes de que conviviesen, se encontró que había concebido en su seno por obra
del Espíritu Santo. José su esposo, como era justo y no quería exponerla a
infamia, pensó repudiarla en secreto. Estando él considerando estas cosas, he
aquí que un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de
David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo que en ella ha sido
concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por
nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Al despertarse José
hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su esposa». (Mateo 1,
18-21.24)
I. María está encinta y José no se lo explica. ¿Cómo es
posible entenderlo humanamente? ¿Por qué no le da su esposa una explicación? ¿No
le había dicho a José que quería permanecer virgen por amor a Dios? María, la
muchacha más hermosa, la más leal, la más sincera... ¿qué ha ocurrido? ¡Cómo
debiste sufrir, José, durante estos días de desconcierto! Y lo peor es que ibas
a tener que abandonar a la persona que más amabas en esta tierra. Esta fue la
cruz de José, la prueba que Dios le puso antes de encomendarle la gran misión:
ser el esposo de María, la Madre de Dios; ser el jefe de la Sagrada Familia.
Jesús, también yo sufro dificultades, reveses, tentaciones. Son pequeñas
pruebas, pequeñas cruces comparadas con la que tuvo que sufrir San José. Pero
son grandes oportunidades para mostrar el amor que te tengo, y para que Tú me
puedas también confiar cosas más grandes. José, no buscaste la solución más
fácil, sino la más justa, aunque te costaba terriblemente ponerla en práctica.
Ayúdame a tener siempre esa fortaleza. Que sepa sufrir, que aguante la
dificultad, que tenga el aplomo necesario para que Dios se pueda apoyar en mí y
me pueda confiar lo que quiera.
II. «José era efectivamente un
hombre corriente, en el que Dios se confió para obrar cosas grandes. Supo vivir,
tal y como el Señor quería, todos y cada uno de los acontecimientos que
compusieron su vida. Por eso, la Escritura Santa alabo a José, afirmando que era
justo. Y, en el lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso, servidor
irreprochable de Dios, cumplidor de la voluntad divina; otras veces significa
bueno y caritativo con el prójimo. En una palabra, el justo es el que ama a Dios
y demuestra ese amor cumpliendo sus mandamientos y orientando toda su vida al
servicio de sus hermanos, los demás hombres» (Es Cristo que pasa.-40).
Jesús, hoy quieres que aprenda de tu padre en la tierra, de José.
Quieres que aprenda de su vida corriente en apariencia, pero llena de sentido
por la misión que tenía de cuidarte. Quieres que yo también sea, en medio de mi
vida de trabajo, piadoso, servidor irreprochable de Dios, cumplidor de la
voluntad divina. Por eso quieres que me encomiende a él, como hizo santa Teresa:
«Tomé por abogado y señor al glorioso San José, y encomendéme mucho a él. (...).
No me
acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer» (Santa
Teresa).
José, eres mi padre y señor, eres mi maestro. Tú has sabido
como nadie trabajar en presencia de Dios, con justicia, con profesionalidad; tú
has aprendido a amar a Dios cumpliendo sus mandamientos y orientando toda tu
vida en servicio de tus hermanos, los demás hombres. Tú has obedecido siempre la
voluntad de Dios: «José hizo como el ángel del Señor le había mandado.» Ayúdame
a comportarme así en mis circunstancias concretas, cada día. Comentario
realizado por Pablo Cardona. Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA