Por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo
OVIEDO, jueves, 18 marzo 2010 (ZENIT.org).- Publicamos la meditación que ha escrito monseñor Jesús Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y Jaca, sobre el Evangelio de este domingo, 21 de marzo (Lucas 8, 1-11), quinto de Cuaresma.
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Hemos de reconocer que aquel
grupo de letrados y fariseos fue hábil en diseñar una vez más su estrategia de
poner a Jesús contra las cuerdas. No era fácil la respuesta, pues llevaba o al
escándalo ante la banalización de la Ley, o a la impopularidad ante la suerte
de una mujer, víctima y cliente de sus acusadores.
Pero tal artimaña, se encontró con la respuesta más inteligente y sabia que
cabía imaginar: "El que esté libre de pecado, que tire la primera
piedra". Todos se fueron escabullendo, como quien se marcha de puntillas
para que no se note mucho. Fue como una pedrea que salió justo al revés. En el
fondo, aquella mujer era simplemente una torpe coartada para poder lapidar a
Jesús, que era quien verdaderamente molestaba al poder dominante. Mas aquellos
que intentaron tirar piedras contra Él, salieron escalabrados en el adulterio
de su hipocresía.
El error de aquellos fariseos no estuvo en indicar que el adulterio de la mujer
estaba mal, sino en porqué lo indicaban. El Señor no cae ni en la aplicación
dura de la ley, ni en las rebajas de enero del pecado. A Jesús no le importa el
qué dirán, y jamás ha hablado haciendo poses ante la galería. Ni tuvo una
afición leguleya ante las tradiciones, ni tampoco una calculada ambigüedad ante
el pecado.
Jesús no iba de reaccionario anti-fariseo por la vida. A éstos les dirá: no pongáis
en el paredón a las víctimas de vuestros divertimientos, no queráis lavar
vuestra culpabilidad con quienes mancilláis la inocencia mutua... "El que
esté libre de pecado, que tire la primera piedra". Y tampoco iba de
progre liberal, por lo que a la mujer le dirá: no juegues con tu fidelidad ni
con la ajena, porque eso es trampear con tu felicidad y la de los otros...,
"anda, y en adelante no peques más".
La última palabra no la tuvieron los fariseos hipócritas, ni la mujer equivocada,
sino Jesús, portador y portavoz de la misericordia del Padre. Y como quizás
también nosotros participamos en alguna medida de la actitud de los fariseos y
de la de la mujer, por eso en la recta final de esta Cuaresma necesitamos
escuchar esa palabra más grande que nuestro pecado: para que la última palabra
no la tengan ni nuestras hipocresías y endurecimientos, ni nuestros traspiés y
equivocaciones, sino Aquél que dijo: levántate, anda, no peques más. Y que
teniendo esta experiencia real del perdón de parte de Dios, podamos a nuestra
vez ofrecerlo a cuantos nos ofendan. Es lo que pedimos cada día en el
Padrenuestro.
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