
Iniciamos esta Semana Santa con la histórica Entrada de Jesús en Jerusalén. Aquel que nació pobre en un mísero portal, de nuevo cabalga sobre un insignificante pollino. ¿Preludio de lo qué le espera? ¿Entrada triunfal? ¿Hoy apoteosis y mañana crueldad?
1.Aclamamos al Señor como lo que es: Rey. Hoy, a Jesús, le decimos que es nuestro Rey y, en Viernes Santo, le diremos “no tenemos más rey que el César”. La vida es así: nos persigue la contradicción, el hoy sí pero, el mañana no. Hoy glorias y mañana fracasos. Hoy, en Jerusalén, todo palmas y júbilo y….a la hora de nona llanto, desnudez, soledad y tristeza. Hoy, en el Domingo de Ramos, ramas recién cortadas y, en la hora de las tinieblas, tan sólo un madero del que colgará Aquel que hoy vitoreamos y ensalzamos. Hoy le cantamos y, en Viernes Santo, le gritaremos: “fuera, fuera”. Hoy le alfombramos los caminos en su ascensión al sufrimiento y a la muerte y, en Viernes Santo, le despojaremos de su fama, sangre y vestimenta.
2.Bendecimos al Señor por lo que, El, representa. Sube hacia Jerusalén, y aunque hoy todo se tiñe de gozo y de alegría, sabemos que en el horizonte se dibuja la cruz. Que, en un atardecer con sombra de muerte, el Señor dará su vida por nosotros: por ti y por mí. No lo olvides.
El Domingo de Ramos tiene un sabor agridulce. Por un lado manifestamos públicamente nuestra adhesión y homenaje a Jesús pero, por otro, somos conscientes de que por obediencia es conducido, como cordero, hacia el lugar del sacrificio.
Hoy, con las palmas en nuestras manos, con el “hosanna” en nuestros labios; con el color rojo –que nos habla de la sangre y del amor- caemos en la cuenta de que, el Domingo de Ramos, es el pórtico por el que, el Siervo de Dios, entra para derramar su sangre por nosotros.
3.¡HOSANNA AL HIJO DE DIOS! Cantamos y coreamos en este día. Pero, también es verdad, que –el corazón- nos invita a gritar: ¡No subas, Señor! ¡No avances demasiado! Detrás de nuestro griterío, vendrá la cobardía y el silencio. Al otro lado de la puerta, flanqueada hoy por músicas e himnos, te enfrentarás con el llanto. ¿Merece la pena, Señor, que avances triunfalmente hacia el fracaso aparente que será tu muerte?
¡HOSANNA AL HIJO DE DIOS! Sí; Señor. ¡Adelante! No dejes asignaturas pendientes. El hombre, el mundo, la tierra, los creyentes, la Iglesia, tus amigos y tus enemigos, los que te conocen y los que te dan la espalda….necesitan de tu salvación y del fruto de la cruz.
HOSANNA AL HIJO DE DIOS! Abramos, en este Domingo de Ramos, las puertas de nuestros corazones. Que el Señor, entre también brillantemente en ellos para que, en esta Semana Santa, podamos compartir con El su eucaristía, su sacerdocio , su amor, su sufrimiento, su cruz, su muerte…..y sobre todo deleitarnos y festejar lo que nada ni nadie puede quitarnos ni ocultar: SU RESURRECCION.
¡Bendito, mil veces, sea el Señor!
¡Feliz Pascua del Señor! Entremos, con Jesús, camino de Jerusalén.