este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
1ª Lectura, Isaías- capítulo 50, versículos del 4 al 9
2ª Lectura Evangelio de San Mateo- capítulo 26, versículos del 14 al 25
Comentábamos ayer el desastre del amor de amistad, y lo veíamos como un
desastre cósmico: es el desastre de la traición.
La Iglesia, Madre y Maestra, insiste hoy de nuevo sobre la traición. La
traición de Judas, como quiebra del amor más perfecto: el amor de
amistad. La traición mata el amor, en su raíz.
¿Cómo se llega a la traición? Primero por el deseo desmedido de
intereses materiales: el dinero, que me lleva al poder y a la vida
muelle, egoísta, complaciente y sensual. Y en segundo lugar, por la
falta de trato con el amigo, que me deja y me mantiene en la ignorancia,
y al no conocer bien el valor del amigo: de lo que es, de lo que vale,
de lo que tengo con su trato, de lo que me hace vivir, no le hago
aprecio y entonces, sin dificultad, lo vendo o lo abandono.
Hoy vemos a Judas vendiendo a Jesús. : « Entonces, uno de los
doce, llamado Judas, se fue a los príncipes de los Sacerdotes y les
dijo: « ¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego? » Ellos se
ajustaron con él en treinta siclos de plata ». ¿Vosotros sabéis
la bajeza que esto significa, treinta siclos de plata? ¿Imagináis a
dónde llegó Judas en este ajuste de venta?. Mirad lo que dice el libro
del Exodo en el capítulo 21, versículo 32: « si el buey cornea,
dando muerte, a un siervo, se pagarán 30 siclos de plata al dueño del
siervo y el buey morirá apedreado ». Es decir, Judas se
convierte por este convenio de venta, en 30 siclos, en el dueño y amo de
Jesús y Jesús en su siervo. No le importa que muera por la «
cornada » de la crucifixión, por la que recibirá el precio de un
siervo muerto, las 30 monedas. La relación de amistad la ha convertido
en la relación más baja y humillante para el ser humano: la de dueño y
esclavo. Judas, dueño. Jesús, su esclavo.
Y todo debido a la actitud de Judas: deseo desmedido de dinero, como nos
lo relataba San Lucas en la escena de Betania, cuando Jesús cenaba con
sus amigos y María ungió los pies de Jesús con un perfume caro, a la
usanza de la época. Judas comentó: «¿Por qué no se ha vendido
este perfume por 300 denarios para dárselo a los pobres? Esto lo dijo,
añade San Lucas, no porque le importasen los pobres, sino porque era un
ladrón: y como tenía la bolsa, llevaba lo que iban echando ».
El dinero y el poder, a Judas le hicieron traición. No lo olvidemos
nosotros tampoco: el afán desmedido por el dinero, por el tener con
avaricia, el gozar materialmente, sin límites, el prestigio de firmas en
el vestir, los viajes exóticos para ver y ver sin nada contemplar, el
deseo desmedido de vivencias de lujo y de marcas de coches, me pueden
hacer traición, y quedarme como un despojo de un mundo despiadado, sin
amistad, la de verdad, claro, y ver cómo me quedo solo, marginado,
olvidado, cuando mi situación es adversa.
Tan sólo se quedó Judas, sin el amigo, que no lo pudo soportar, porque
el dinero no es amigo, es tirano... y se ahorcó. Vosotros sabéis que el
suicidio aumente de forma alarmante en Europa, donde hay dinero, pero no
hay amigos, solo compañeros de billeteras abultadas, tarjetas de
crédito o dinero de plástico. " Tanto tienes, tanto vales".
Jesús va hacer suya esta Pascua judía. Será su Pascua. Esta cena no será
una cena improvisada. Jesús ha previsto todo hasta en los últimos
detalles. Será la nueva Alianza de la Humanidad con Dios. Su liberación
del pecado y de la muerte eterna y empezará el hombre a vivir una nueva
vida y será eterna.
"Llegada la tarde, se puso a la mesa con los doce discípulos y
mientras comía, dijo: "Uno de vosotros me va a entregar". Muy
entristecidos y consternados comenzaron a preguntarle uno tras otro:
"¿soy yo acaso, Señor? Jesús respondió: "El que conmigo ha mojado el pan
en la misma fuente, ese me va a entregar". Jesús hace un gesto
de comunión, de amistad, al tender la fuente a Judas para que moje el
primero su pan. Es un gesto simbólico de reconocimiento, de aprecio, de
amistad. Por parte de Jesús no hay ninguna condena, sino el ofrecimiento
de su amistad, porque "Él nos amó primero", como dice
San Juan. Y nos ama y nos acoge tal como somos y tal como estamos en
cada momento; tal como tú te sientes: mediocre, miserable, marginado,
perverso, traidor.
Ponte, hermano, delante del Señor, en este tiempo privilegiado de esta
Semana Santa, como lo hizo María: con sencillez, con humildad, con
abandono en sus manos y como María di: "Hágase en mi según tu
palabra". Déjate perdonar para que empieces a vivir de nuevo,
con una mayor realidad y sinceridad la amistad con Jesús, para que
experimentes, para que sientas que te quiere como eres y como estás.
Basta ya de traiciones grandes o pequeñas, porque la traición nunca es
pequeña o grande; la traición es siempre traición.
Es Judas el que se cierra al amor y a la amistad, porque el deseo
exagerado de dinero ha endurecido su corazón. Es él, el que se excluye,
al rehusar la mano tendida de su amigo Jesús. Jesús estaba habituado a "comer
con pecadores", como se le ha reprochado a menudo. Y en esta
noche de la cena Pascual, tampoco ha rechazado a un traidor. Es Judas,
quien se separa de Él, porque en realidad de verdad, le conoce poco.
Estaba con Él, pero su corazón estaba muy lejos de Él. Trabajaba con el
grupo de los discípulos de Jesús, pero estaba con ellos con espíritu y
actitud de jornalero, como le ocurría al hijo mayor de la parábola del
hijo pródigo.
Judas, si con ellos trabajaba era quizás, porque en el grupo de amigos
de Jesús, encontraba comida, protección, techo para dormir, compañía
y... dinero, porque no dominaba la atracción por el dinero y hasta
robaba de la bolsa común del grupo de apóstoles.
No conocía, ni trataba mucho a Jesús. Estaba con Él, pero vivía
lejos de Él. Es la segunda causa en su vida y puede ser también en
la nuestra, por la que abandonamos o vendemos a Jesús: la falta de
trato y conocimiento del amigo, que me mantiene en la ignorancia y
en la falta de experiencia vivida, y al no conocer bien el valor de la
amistad: de lo que es, de lo que vale, de lo que me enriquezco en el
trato con este amigo, de la vida abierta y esplendorosa que me hace
vivir, entonces, sin dificultad lo vendo o lo abandono y lo critico,
porque confundo a Jesucristo y su Iglesia o Asamblea, es decir los
cristianos, con los judas, que encontramos en medio de la comunidad
cristiana, sean curas, laicos u obispos. Y así estropeamos y destruimos
el buen ambiente y fraternidad de una parroquia y hasta de un pueblo,
porque nosotros no entendemos lo que es la amistad, ni de Jesús somos
entonces amigos, pues, si entre sus apóstoles, que él mismo escogió, se
dio un ladrón y traidor, Judas, ¿cómo vamos a pretender que en las
asambleas cristianas de la diócesis o parroquias, no los haya?
"¿Soy acaso yo, Maestro?", le dijo Judas. "Tú
lo has dicho". Eres tú quien lo has dicho.... Eres libre, y
eres tú quién decides, porque sin libertad es imposible el amor.
Todavía, Judas, tienes tiempo de aceptar esta mano amiga, que le tiende
Jesús. Pero Judas, endurecida su mente y su corazón por el dinero y la
falta de trato con el amigo, y así sólo, amargado, decepcionado de sí
mismo, arrojará más tarde los treinta siclos de plata por el suelo del
templo y se ahorcará, desesperado. No conoció al amigo. No supo lo que
era la amistad, que es el amor más perfecto.
Al amigo, al amor nos lo encontraremos escondido en el alimento de pan y
de vino, en la Eucaristía siempre que la celebramos. Que al encontrarle
le digamos, como amigos, que todo lo dan, sin nada esperar, que esa es
la esencia de la amistad:
"No me tienes que dar porque te quiera,
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero, te quisiera".
Y que acabemos con aquellos sentimientos de San Juan de la Cruz, al
descubrir nosotros, con más profundidad, en esta semana santa, su amor,
con el que nos ha amado, hasta morir, y su amistad, que nos ha ofrecido,
dejándonos un poco heridos de este amor de amistad:
"¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero;
No quieras enviarme
De hoy, ya más mensajero,
Que no saben decirme lo que quiero.
Y todos cuantos vagan
De ti me van mil gracias refiriendo
Y todos más me llagan,
y déjanme muriendo,
Un no sé qué,
que quedan balbuciendo".
P. Eduardo Martínez Abad, escolapio
edumartabad@escolapios.es