miércoles, 31 de marzo de 2010
Autor: Desconocido






Antes de empezar a trabajar, pongamos sobre la mesa o junto a los útiles de labor, un crucifijo.

De cuando en cuando, dirijámosle una mirada… Cuando llegue la fatiga, los ojos se nos irán hacia Jesús, y hallaremos nueva fuerza para proseguir en nuestro empeño.

Porque ese crucifijo es más que el retrato de una persona querida –los padres, los hijos, la mujer, la novia–;
Él es todo: nuestro Padre, nuestro Hermano, nuestro Amigo, nuestro Dios, y el Amor de nuestros amores.

En esta Semana Santa aprendamos a morir con Jesús para matar todo lo malo que hay en nosotros... y luego resucitemos con Él a la vida eterna.


Publicado por edelweiss306 @ 13:45
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