este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
"Di a los israelitas que se pongan en marcha..." (Ex 14,15)
En la tercera lectura de la Vigilia pascual se proclama uno de los
acontecimientos más prodigiosos de aquella epopeya de la liberación de
Israel de la esclavitud de Egipto. La Iglesia lo recuerda, lo revive por
así decir en la noche en que celebra la resurrección de Cristo, el
triunfo de la luz sobre las tinieblas.
También en la noche del desierto brillaba la nube y daba calor a
quienes, fiados de Dios, habían emprendido una ruta difícil y en extremo
peligrosa.
Destaca la simbología del agua que, en este pasaje, se abre en ancho
camino para que pasen los hebreos, mientras que se acumula tumultuosa
sobre los enemigos del pueblo elegido. Era el inicio de la marcha por el
desierto, la prueba de que Dios les protegería en aquella larga
caminata... Todo aquello les sucedía a ellos para que nosotros
aprendiéramos, para que comprendiéramos que en nuestro camino siempre
estará a nuestro lado el Señor.
Sepultados con Cristo
"Por el bautismo fuimos sepultados con él..." (Rm 6,4)
Los ritos sacramentales van modificándose con el paso del tiempo. Es
lógico que las nuevas circunstancias, o la diversidad de costumbres,
influyan en la realización de las ceremonias. Pero ello no puede
hacernos olvidar el sentido teológico y salvífico de los ritos
primitivos, más expresivos en muchos casos, como ocurre con el Bautismo.
En efecto, en un primer tiempo, e incluso así se hace hoy en algunos
casos, el Bautismo se administraba por inmersión, es decir, se zambullía
al neófito en el agua, hasta cubrirlo del todo. De esa forma se aludía a
la muerte del hombre viejo, ahogado en el agua, que surgía luego limpio
y transformado en un hombre nuevo. Moría con Cristo para resucitar
luego con El.
El silencio por miedo
"Y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían" (Mc 16,8)
Los relatos postpascuales están llenos de detalles que avalan su
historicidad, al mismo tiempo que describen con sencillez y colorido las
reacciones de los discípulos, incluidas la mujeres que tan importante
papel tienen en las apariciones. En este pasaje vemos como están
temerosas y se callan lo que acababan de ver.
Pero aquel silencio no duraría mucho. Poco a poco la luz se impone,
avanza sobre la tiniebla. El rito del fuego, seguido de la progresiva
eclosión de la luz, nos hace comprender esa victoria de la vida sobre la
muerte. El silencio también se quiebra y las campanas, mudas desde el
Jueves Santo, resuenan en la noche pascual venciendo el miedo,
empujándonos a proclamar que Cristo ha resucitado.