este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
El Palacio de Versalles, quizás el
más importante de Francia, no tiene baños. En la Edad Media no existían cepillos
de dientes, perfumes, desodorantes y mucho menos papel higiénico. Las heces y
orinas humanas eran tiradas por la ventana del palacio.
Los abanicos no
se usaban por el calor, sino por el mal olor que exhalaba el cuerpo de las
personas por debajo de los vestidos. Por eso, las ropas eran hechas pesadas a
propósito para contener los olores de las partes íntimas que no se lavaban casi
nunca. Tampoco la gente se bañaba por la falta de agua corriente y de calor
en las habitaciones. Los baños eran tomados en una bañera enorme llena de agua
caliente. El padre de la familia era el primero en tomarlo, luego los otros
hombres de la casa por orden de edad, y después las mujeres, también en orden de
edad. Al final los niños, y los bebés los últimos. Cuando se llegaba a ellos, se
podía perder un bebé dentro del agua de lo sucia que estaba.
En
Versailles uno se maravilla con sus jardines, enormes y hermosos, pero en la
época eran mas usados como retretes que admirados. No había baños, y en las
fiestas promovidas por la realeza se reunía una gran cantidad de
personas.
"Salvado por la campana".
Los lugares para enterrar a
los muertos eran pequeños y no había siempre suficiente sitio para todos. Los
ataúdes eran abiertos y retirados los huesos para meter otro cadáver. Los huesos
eran retirados a un osario. A veces al abrir los ataúdes, se percibía que el
enterrado había arañado la tierra, había sido enterrado vivo. En esta época
surgió la idea de agarrar a la muñeca del difunto un hilo, pasarlo por un
agujero del ataúd y atarlo a una campanilla sobre la tierra. Si el individuo
estaba vivo, sólo tenia que tirar del hilo. Así sonaría la campanilla y
desenterrado, porque por las dudas una persona se quedaba al lado del ataúd
durante unos días. De esta acción surge la expresión salvado por la campana, y
no, como muchos piensan, que se originó en el boxeo.
Los techos de las
casas no tenían entretecho. En las vigas de madera se criaban animales: gatos,
perros, ratas y otros. Cuando llovía las goteras forzaban a los animales a
bajar. De ahí nació la expresión llueven perros y gatos típica
anglosajona.
Los más ricos tenían platos de estaño. Ciertos alimentos
oxidaban el material, que unido a la falta de higiene de la época, era muy
frecuente que mucha gente muriese envenenada. Los tomates, que son ácidos,
provocaban este efecto y fueron considerados tóxicos durante mucho tiempo. En
los vasos ocurría lo mismo donde, al contacto con whisky o cerveza hacia que la
gente entrara en un estado narcoléptico producido tanto por la bebida como por
el estaño. Alguien que viese a alguien en ese estado podía pensar que estaba
muerto y ya preparaban el entierro. El cuerpo era colocado sobre la mesa de la
cocina durante algunos días y pasaba con la familia mientras ellos comían y
bebían esperando que volviese en sí. Este fue el origen del velatorio que hoy se
hace junto al cadáver.