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Anecdotas de un sacerdote. Todo lo que sucede en la vida es para bien.
Dios tiene su tiempo para cada alma. El tiempo de mi papa, fue un regalo
para él, para mi madre y para mí.
Segundo
lugar del Concurso "Anécdotas de un sacerdote"
Deseo contarles la experiencia que viví durante mi infancia, que
trazo una marca imborrable en mi vida, resumida en estas palabras:
Por medio de un sacerdote muy santo y humano, se sirvió mi Señor
para conseguir la conversión de mi padre. Desde mis 4 años, mi madre
antes de acostarme a dormir, juntaba mis manos y de rodillas, al pie de
mi cama, me hacia repetir estas palabras:
Jesús mi Señor Misericordioso, te pido la conversión de mi
papito.
No entendía sus palabras, solo cuando cumplí 7 años, se sentó a mi
lado, y me dijo: quiero explicarte esta suplica que hacemos todas las
noches. Papito, hace muchos años que no va a Misa, no comulga, está
lejos de Jesús. Vamos a pedirle que nos ayude a encontrar los medios y
la forma de acercarle a Jesús.
Así paso un tiempo, el tiempo del Señor, hasta que un día cuando
tenía 14 años, nombraron de capellán de mi colegio, un sacerdote, a
quien admiraba por la forma de decir la Misa y lo humano que era en el
momento de la confesión.
En sus homilías siempre nos comunicaba como debíamos hacer de JESUS
EUCARISTIA, y de la Misa, la raíz de nuestra vida cristiana. Explicaba
con amor, como debía ser nuestro ofrecimiento de obras diariamente al
levantarnos de la cama, y nuestro examen por la noche, preguntándonos
que cosas podríamos hacer con más amor, al día siguiente. Y nos enseñaba
como aprender a pedirle perdón a Jesús, por las cosas que no quedaron
bien hechas.
Un día le comente a mi madre acerca del padre Alfonso Miranda, y
ella me dijo enseguida: dile que venga a nuestra casa a bendecirla y
seria esta una ocasión especial para que dialogue y conozca a tu papito.
El sábado siguiente, el padre visito mi hogar. La impresión de papá fue
grande, pero fue muy cortés y sincero su comportamiento. El padre, supo
conversarle y con la profundidad y sencillez de sus palabras, entabló
una hábil conversación y rápidamente quedó programada una próxima
visita.
Quiero resaltar la forma tan humana, y llena de Dios del padre
Alfonso, que poco a poco fue tocando el corazón y el alma de mi padre.
Repetía varias veces, que oráramos mucho, con gran intensidad, sin
desfallecer, que el poder de la oración era grandísima y que mi Señor,
no se quedaba con nada de lo que le pedíamos.
El padre Alfonso repetía hasta el cansancio, que la oración nos iba
acercando y profundizando cada día más, el trato con mi Señor.
Así pasaron como 6 meses, hasta que un día mi padre expresó: hoy
quiero hacer una confesión especial con el padre Alfonso, así que
ustedes (mi madre y yo), no vayan a la sala, déjenme solo con él.
Ese día sentimos que El Espíritu Santo cubría nuestro hogar.
Rompimos en llanto, al observar la emoción de papá, al finalizar su
encuentro con el padre Alfonso. A partir de ese día, no dejo nunca de ir
a misa todos los domingos y de acercarse a recibir a JESUS EUCARISTIA.
El padre Alfonso me enseño a tratar a Jesús de tu a tu, como mi
mejor amigo, que me ayudará a llegar a conocer al Padre, a sentir que
somos sus hijos, que todo lo que me sucede en la vida es para bien. Dios
tiene su tiempo para cada alma. El tiempo de mi papa, fue un regalo muy
grande para su alma, para mi madre y para mí.
Gracias al padre Alfonso, instrumento puesto por mi Señor, mi padre
recibió la gracia para comprender nuestra fe Católica.
Si quieres leer todas estas maravillosas anécdotas, conoce la
recopilación de las 375 anécdotas que recibimos de los participantes,
dando click en esta dirección
http://es.catholic.net/catholic_db/archivosWord_db/concurso_anecdotas.pdf Todas son hermosas y todas muestran la importancia de la presencia
sacerdotal en la vida del hombre.