este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
La doctora alemana Jutta Burggraf, especialista en temas de familia y
matrimonio, aporta algunos consejos para la fidelidad matrimonial desde
el sí nupcial hasta la muerte
¿A qué causas se deben las fracturas en
la lealtad matrimonial?
A veces se culpa la independencia de la mujer actual.
No creo que sea el problema de hoy. Al contrario,
es una suerte que exista, porque sólo quien es interiormente
libre e independiente puede amar y entregarse verdaderamente a los
demás. Voy a enumerar brevemente algunas dificultades:
1.- Dos
personas
se casan hoy, en general por simpatía y amor; es
decir, por motivos subjetivos y menos objetivos. Esto es muy
bueno e ideal, si no se dejan completamente de lado
los aspectos objetivos como la cultura, la forma de ver
la vida, etc. Casarse por amor, me parece que es
la única razón aceptable para contraer matrimonio. Sin embargo, hoy
en día, no es raro que falten casi todos los
motivos objetivos. En este caso, la fidelidad matrimonial es sumamente
difícil. Porque cuando se acaba el amor, cuando llega la
monotonía cotidiana, hay que perseverar sin un entorno exterior que
sostenga.
2.- Muchas veces los esposos tienen distintos campos de
acción,
ya sea en la familia, en la profesión fuera del
hogar. No se ven durante muchas horas del día. Sin
embargo, tienen contacto con otras personas, hombres y mujeres, y
con ellos comparten sus intereses y planes profesionales. Cuando vuelven
cansados a casa, ya no tienen fuerzas para dialogar o
hacer planes y esto genera una distancia entre los esposos.
3.-
Al mismo tiempo, la opinión pública y las costumbres occidentales
no protegen el matrimonio. Incluso se puede decir sin exagerar
que se hace propaganda a la infidelidad.
- ¿Qué facilitaría
que el matrimonio sea feliz en el transcurso de los
años?
- Claro que no hay recetas fijas, pero
podemos reflexionar un poco sobre lo que puede facilitar la
vida cotidiana.
1.- Amor decidido. Si al contraer matrimonio los
cónyuges son conscientes de que toman una decisión para toda
la vida y tienen la firme voluntad de permanecer unidos
hasta el final, pase lo que pase, en tiempos de
sol y de lluvia, de nieve, hielo y tormenta, entonces
pueden desarrollarse libremente, en un clima de seguridad y de
confianza. Conviene perder el miedo a las crisis. Conflictos y
divergencias de opiniones existirán siempre allí donde varias personas
viven
en estrecho contacto. Lo decisivo es la actitud que se
adopta ante aquellas situaciones difíciles, aprovechar la oportunidad de
estrechar
los lazos de unión superando juntos las dificultades. A menudo,
la disposición de perdonar es la única esperanza en el
camino hacia un nuevo comienzo. Con los años un cónyuge
va amando más al otro porque quiere amarle, porque se
ha decidido por el otro de por vida y está
dispuesto a soportar desilusiones.
2.- Respeto mutuo. Hoy en día
el hombre y la mujer se encuentran en el matrimonio
uno junto al otro con la misma dignidad, la misma
altura, los mismos derechos y deberes. A veces, existe mucha
independencia social y económica y, a la vez, una gran
dependencia afectiva. Pero sólo aquel que es interiormente libre y
autónomo puede entregarse a los demás. Por tanto, hay que
reconocer la necesidad de mantener una sana distancia en el
matrimonio. La vida en común no debe convertirse en una
atadura o cárcel que restringe la libertad del otro. Un
cónyuge no puede quitar al otro la posibilidad de desarrollarse
y llevar adelante iniciativas propias; para llegar a una profunda
unidad es necesario seguir siendo dos personas individuales. No se
ama al otro, mientras no se la ama en sí
mismo. El tú no es la prolongación del yo, el
tú es el misterio del otro que pide ser afirmado
en sí mismo.
3.- Apertura a la vida. Un matrimonio
verdaderamente feliz descubre continuamente nuevos horizontes, está
abierto a otras
personas, también a una futura descendencia. Tiene el valor de
transmitir la vida, de conservarla, de amarla y de velar
por su desarrollo. Pero si la unión sexual se entendiera
exclusivamente como la procreación, se denigraría al cónyuge al tratarlo
como un simple medio. En cambio, si están integrados en
el amor matrimonial tanto el deseo de tener hijos como
la búsqueda de la unión sexual, se puede considerar conseguida
la relación.
4.- Sentido del humor. Sebastianne Chamfort tiene
una
frase que es muy importante para la vida cotidiana de
la familia: "cuando hayas estado un día entero sin reír,
habrás perdido totalmente ese día". El que tiene sentido del
humor puede olvidarse de sí mismo y de este modo
está libre para los demás. Tendemos a plantearnos problemas
existenciales
por cosas insignificantes y esto afecta a las relaciones. Debemos
esforzarnos por no contemplar las múltiples cosas pequeñas de la
vida desde su aspecto negativo. Cada cosa tiene dos caras
y vale la pena centrar la vista en aquella cara
de la que podemos reírnos a gusto o al menos
sonreír.
- Mucha gente llega a otra conclusión: ya no
quieren casarse porque no quieren llevar una vida de engaño,
y tampoco quieren tener las complicaciones de un divorcio. Prefieren
vivir algún tiempo juntos. Si van bien, se pueden casar
y si van mal, se separan sin grandes problemas y
desventajas económicas...
- Vivir en una relación abierta, de hecho, es
mucho menos atractivo de lo que parece. Si se declara
que no es necesario casarse, con frecuencia se llega a
exterminar, de un modo muy sutil, el amor entre el
hombre y la mujer. Cuando dos personas viven juntas sin
casarse, en algún rincón de su corazón queda un resto
de desconfianza. Es como decirle: "yo te quiero hoy. Pero
no sé si te querré mañana (o dentro de diez
años) y por eso prefiero no meterme en líos". Las
relaciones abiertas traen consigo muchas frustraciones y decepciones, el
amor
se enfría con la falta de confianza.
La familia y
también el matrimonio pertenece a lo que la naturaleza humana
pide. Cuando digo matrimonio me refiero a una relación estable
permanente entre un hombre y una mujer que da seguridad
y confianza. Me gusta compararlo con un muro, construido alrededor
de una gran plataforma, en la cumbre de un monte
alto y escarpado. Gracias a ese muro, los niños pueden
correr en la plataforma con toda libertad, pueden hacer sus
juegos más salvajes, saltar y bailar, sin peligro alguno de
caída. En cambio, cuando falta el muro, uno sólo puede
moverse lentamente, con cuidado y miedo de perder la integridad.
Disminuye la alegría de moverse, de emprender grandes cosas y
comerse el mundo.
- En
época de dificultad, ¿cómo se replantea la fidelidad?
- El matrimonio,
vida común indisoluble, es la mejor garantía para la felicidad
de la familia. El matrimonio lleva a una felicidad mayor
que el amor espontáneo; éste puede ser muy apasionante pero
queda inmaduro si huye de la entrega definitiva. Es un
desafío mantenerse unidos uno al otro, también en tiempos de
crisis o de poca comprensión. Todo matrimonio pasa por tiempos
de crisis, igual que toda persona humana, cuando crece experimenta
sus conflictos de desarrollo. Es muy normal que haya momentos
duros en la vida. Uno puede notar monotonía, desazón, quizá
la falta de una plena realización profesional; ve que los
planes se derrumban y que los hijos son muy distintos
de lo que deseaba. A veces, con los años aparece
el remordimiento de no haber dado al otro todo lo
que requería... Pero, toda crisis trae consigo un cambio, y
puede ser hacia una madurez mayor, hacia una confianza más
plena. El día de la boda no es la última
estación, sino al contrario, es el comienzo de la verdadera
aventura de la vida del amor. Si se tiene la
conciencia clara de que el matrimonio dura hasta la muerte,
entonces se esfuerza uno mucho más para hacer de él
una empresa atractiva.
- ¿Bastan los
deseos de fidelidad?
- Todos conocemos muy bien las
debilidades
y flaquezas de nuestra naturaleza: hoy sentimos gran pasión por
una persona; mañana quizá, por otra. Por eso, no bastan
los deseos de fidelidad. Hace falta llegar a una alianza
objetiva: comprometerse también cara la sociedad, con implicaciones
jurídicas, lo
que se traduce en este caso en contraer matrimonio. Esta
alianza, hecha exteriormente hacia fuera, es una protección del amor.
Es decir a la otra persona: "Yo te quiero verdaderamente,
y siempre quiero quererte. No sé todo lo que pasará
a lo largo de mi vida. A lo mejor, hay
tentaciones y conflictos. Pero tengo la voluntad de superarlas y
para probártelo te doy una promesa oficial".