este es un espacio católico para expresar el pensamiento de la iglesia - comunidad de cristianos - sobre temas relacionados con la persona humana, las familias, la sociedad, el estado, la comunidad internacional...
Por el cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para
los Laicos
Las Jornadas Mundiales de la Juventud,
don que compromete a toda la Iglesia
MADRID, sábado, 24 de abril de 2010
Publicamos la conferencia
que dictó en la Conferencia Episcopal Española el cardenal Stanislaw
Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, el 22
de abril.
1. Un kairós especial para la Iglesia
en España
Saludo cordialmente
a los Eminentísimos Cardenales y a los Excelentísimos Arzobispos y
Obispos miembros de la Conferencia Episcopal Española y a su
Presidente, Su Eminencia el Cardenal Antonio Rouco Varela, a quien
agradezco la invitación para intervenir ante esta ilustre asamblea sobre
el importante tema de la próxima Jornada Mundial de la
Juventud, que se celebrará en Madrid en el año 2011.
Tenemos aún viva en nuestra memoria la explosión de alegría
de los jóvenes españoles cuando Benedicto XVI, al concluir las
celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney,
dio cita a los jóvenes del mundo en Madrid. En
aquel momento el año 2011 parecía muy lejano. Sin embargo,
el camino de preparación hacia esta cita ha adquirido un
ritmo acelerado. Verdaderamente falta ahora muy poco. No es exagerado
decir que la Iglesia en España está experimentando un kairós
especial, porque si cada Jornada Mundial de la Juventud es
un regalo para toda la Iglesia, lo es en primer
lugar para la Iglesia local que la recibe, un don
que debe ser acogido con espíritu de gratitud y que
requiere un gran compromiso. Los frutos de la Jornada Mundial
de la Juventud dependen, en efecto, de la generosidad del
cultivo pastoral realizado antes y durante su desarrollo, y de
la calidad de la atención que se dedica al cultivo
cuando se regrese de la fiesta a la cotidianidad. Por
tanto, estoy muy contento al constatar que la Iglesia que
vive en España toma con gran seriedad este compromiso y
se lo agradezco a ustedes en nombre del Santo Padre.
Su dedicación es, sin duda, un buen augurio de una
abundante siembra y cosecha en agosto del próximo año.
Por primera vez la Jornada
Mundial de la Juventud - vale la pena recordarlo -
regresa a un país en que ya ha sido acogida
anteriormente y será también la primera vez que dará la
bienvenida al Santo Padre el mismo pastor, el Cardenal Antonio
Rouco Varela, ahora arzobispo de Madrid. ¿Cómo no evocar en
este momento la inolvidable Jornada Mundial de la Juventud celebrada
en Santiago de Compostela en 1989 y la pregunta que
el Papa hacía a los jóvenes: «¿Qué buscáis jóvenes peregrinos?»1.
Ha sido precisamente en Santiago de Compostela que se ha
delineado la estructura base que la Jornada Mundial de la
Juventud conserva hasta el día de hoy: triduo de catequesis,
vigilia de oración, celebración eucarística. Ante la tumba del Apóstol
nos ha quedado claro que el camino de los jóvenes
del mundo sobre las huellas del Sucesor de Pedro debe
tener un carácter de peregrinación. La experiencia de Santiago de
Compostela fue determinante para el futuro de las Jornadas Mundiales
de la Juventud. Un semejante legado para todos es motivo
de gran confianza en la acogida que la Iglesia en
España sabrá dar a este evento también en el año
2011. Los más de veinte años que nos separan de
1989 evidentemente no han debilitado el recuerdo de la Jornada
Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela, pero se
han caracterizado por muchos cambios, tanto en la vida de
la Iglesia como en la sociedad, y especialmente en el
dinamismo del mundo de los jóvenes. Los nuevos desafíos pastorales
requieren respuestas oportunas. Y además, cada Jornada Mundial de la
Juventud nos obliga, de alguna manera, a comprobar nuestra capacidad
propositiva en relación a las jóvenes generaciones. Es cierto,
en todo caso, que la nueva generación de jóvenes nacida
como fruto de las Jornadas Mundiales de la Juventud necesita
una nueva generación de agentes de pastoral, que sean persuasivos
y auténticos testigos de Cristo y de su Evangelio. También
en este caso se aplica la regla evangélica que para
el vino nuevo se necesitan odres nuevos (cf. Mt 9,
17). Por ello, cada edición de la Jornada Mundial de
la Juventud es una provocación lanzada no solo a nuestra
capacidad de resolver cuestiones logísticas sino, también, a nuestra
creatividad
pastoral y fantasía misionera.
2. Un camino que
ha durado un cuarto de siglo
La institución de las Jornadas Mundiales de la
Juventud en la Iglesia ha sido indiscutiblemente una de las
grandes opciones proféticas del venerable siervo de Dios Juan Pablo
II. De esta manera, él emprendió una aventura espiritual en
la que han participado millones de jóvenes de todos los
continentes. El vigésimo quinto aniversario de la inauguración de estos
eventos de los jóvenes del mundo con el Sucesor de
Pedro, que celebramos este año, me parece una buena oportunidad
para hacer una breve reseña de los frutos obtenidos. ¡Cuántos
cambios se han realizado en la vida de los jóvenes!
¡Cuántos descubrimientos importantes han hecho! El descubrimiento de
Cristo: Camino,
Verdad y Vida; el descubrimiento de la Iglesia como madre
y maestra, y como "compañía de amigos" (Benedicto XVI) que
sostiene en el camino de la existencia; el descubrimiento del
Sucesor de Pedro como guía seguro y amigo en quien
confiarse. Para muchos jóvenes la Jornada Mundial de la Juventud
se ha convertido en una especie de "laboratorio de la
fe", como le gustaba definirla al Papa Wojtyła, el lugar
del redescubrimiento de una religiosidad que no está en contraste
con el ser joven. ¡Cuántas vocaciones al sacerdocio y a
la vida religiosa! Hay quienes afirman que en el mundo
de los jóvenes se está produciendo una "revolución silenciosa", cuyo
potente motor propulsor es la Jornada Mundial de la Juventud2.
Es gracias a las Jornadas Mundiales de la Juventud que
la Iglesia, en el umbral del tercer milenio, ha encontrado
su rostro joven, el rostro del entusiasmo y de una
audacia renovada. La historia de las Jornadas Mundiales de la
Juventud es la fascinante historia del nacimiento de una nueva
generación de jóvenes, la "generación de Juan Pablo II"3, los
jóvenes que hoy con igual entusiasmo siguen a su sucesor
Benedicto XVI. Son jóvenes del "sí" a Cristo y de
la adhesión convencida a la Iglesia y al Papa. Juan
Pablo II los llamó "centinelas de la mañana" (Roma 2000),
"pueblo de las bienaventuranzas" (Toronto 2002), y Benedicto XVI,
"profetas
de una nueva era", "mensajeros del amor de Dios" (Sydney
2008).
Existe una pregunta
habitual que surge en cada nueva edición de la Jornada
Mundial de la Juventud: la pregunta sobre cuál es el
"secreto" de este sorprendente fenómeno que reveló al mundo un
rostro completamente inesperado, no sólo de la Iglesia sino de
los mismos jóvenes de hoy. Las Jornadas Mundiales de la
Juventud son un don que sigue sorprendiendo dentro y fuera
de la Iglesia. Y son la fotografía de una juventud
muy diversa a la que nos han puesto como estereotipo
los medios de comunicación, una juventud sedienta de valores y
en búsqueda del significado más profundo de la vida. Dejándose
a las espaldas ideologías de diversas connotaciones y falsos maestros
que presentan ilusiones de una felicidad rebajada, estos jóvenes buscan
una respuesta a las preguntas fundamentales sobre la vida, y
la buscan en Cristo y la Iglesia. A lo largo
de los últimos veinticinco años, las Jornadas Mundiales de la
Juventud se han convertido en un poderoso instrumento de evangelización
del mundo de los jóvenes y de diálogo con las
jóvenes generaciones, como lo escribió el papa Wojtyła, «la Iglesia
tiene tantas cosas que decir a los jóvenes, y los
jóvenes tienen tantas cosas que decir a la Iglesia»4. Cada
Jornada Mundial de la Juventud es una gran celebración de
la fe joven, la epifanía de una Iglesia que no
envejece, que es siempre joven, porque Cristo es siempre joven
y joven para siempre es su Evangelio. La epifanía de
una Iglesia que, suscitando estupor, encuentra una y otra vez
su extraordinario poder de atracción y agregación en relación con
las generaciones más jóvenes. El proyecto pastoral fundamental de la
Jornada Mundial de la Juventud no sólo implica a los
jóvenes, sino a todo el pueblo de Dios que constantemente
necesita ser estimulado y fortalecido por el entusiasmo e impulso
de su fe joven. Las Jornadas Mundiales de la Juventud,
preciosa herencia espiritual del venerable siervo de Dios Juan Pablo
II, son verdaderamente un don providencial del Espíritu para toda
la Iglesia, un nuevo soplo de esperanza.
3.
El origen de la Jornada Mundial de la Juventud
Para entender en
su totalidad la trayectoria evangelizadora y la asombrosa novedad de
este don es necesario volver a los inicios. El primero
de los eventos que preparó el terreno para la institución
de la Jornada Mundial de la Juventud fue el Jubileo
de los jóvenes en 1984. Por invitación de Juan Pablo
II llegaron a Roma miles y miles de jóvenes de
todo el mundo. El asombro de muchos fue grande. Después
del turbulento período de la "contestación" de los años sesenta
y setenta, en el mundo de los jóvenes se estaba
verificando algo nuevo como lo demostraba la multitud de jóvenes
que se acercaban a la fe y a la Iglesia.
Al año siguiente, el Año Internacional de la Juventud establecido
por la Organización de las Naciones Unidas, fue ocasión para
otro gran encuentro del Papa con los jóvenes del mundo
y para la publicación de un documento sin precedentes: la
Carta Apostólica a los jóvenes y las jóvenes del mundo
en la que, de una manera muy personal y directa,
Juan Pablo II habló con ellos - como amigo y
como padre - sobre el valor y el sentido de
la juventud. Es un texto extraordinario al que hay que
volver a menudo, porque con los años no ha disminuido
en modo alguno su actualidad y frescura. Para el papa
Wojtyła, sensible a la lectura de los signos de los
tiempos, aquellos dos acontecimientos fueron una oportunidad
providencial que la
Iglesia tenía que coger al vuelo. Hace veinticinco años, en
diciembre de 1985, anunciando la creación de la Jornada Mundial
de la Juventud, explicaba las razones de su decisión: «Todos
los jóvenes deben sentirse acompañados por la Iglesia: es por
ello que toda la Iglesia, en unión con el Sucesor
de Pedro, se siente más comprometida, a nivel mundial, a
favor de la juventud, de sus preocupaciones y peticiones, de
su apertura y esperanzas, para corresponder a sus aspiraciones,
comunicando
la certeza que es Cristo, la Verdad que es Cristo,
el amor que es Cristo, a través de una apropiada
formación - que es la forma necesaria y actual de
la evangelización»5. Con estas palabras concisas, el Papa expresó el
núcleo mismo del proyecto de las Jornadas Mundiales de la
Juventud. Y varios años más tarde, volviendo a su origen,
dijo: «Nadie ha inventado las jornadas mundiales de los jóvenes.
Fueron ellos quienes las crearon. Esas jornadas, esos encuentros,
se convirtieron desde entonces en una necesidad de los jóvenes
en todos los lugares del mundo. Las más de las
veces han sido una gran sorpresa para los sacerdotes, e
incluso para los obispos. Superaron todo lo que ellos mismos
se esperaban»6.
La decisión
del papa Wojtyła no sólo fue una decisión que cogió
a todos por sorpresa, sino que en algunos ambientes también
suscitó cierta perplejidad y resistencia. No es fácil seguir los
senderos de los profetas. Ellos miran a distancia y ven
más que los demás. Se necesita tiempo para entender cabalmente
sus opciones, sus proyectos. Juan Pablo II no fue la
excepción. Ciertamente es de aquí que surge aquella capacidad de
sorprender que parece ser una constante de las Jornadas Mundiales
de la Juventud; es un desafío lanzado a nuestras reiteradas
tentaciones de minusvalorar no solamente las potencialidades positivas
radicadas en
los jóvenes de hoy, sino también la fuerza transformadora de
la gracia. Como ha dicho el difunto cardenal Jean-Marie Lustiger,
refiriéndose a las celebraciones de la Jornada Mundial de la
Juventud en París en 1997: «En este caso nuestra sorpresa
no deriva del número de jóvenes, que ha superado nuestras
expectativas, sino de nuestra "poca fe" cuando el Señor obra
en medio de nosotros»7. Y un año más tarde, volviendo
sobre el mismo tema, usó palabras que van al fondo
del fenómeno de las Jornadas Mundiales de la Juventud y
del carisma de Juan Pablo II: «En ocasiones hay eventos
que surgen de repente, causando un asombro general. En realidad,
esos eventos expresan un movimiento de fondo que no
se había querido o sabido ver, ante el cual estábamos
ciegos. Éste es el caso de la Jornada Mundial de
la Juventud en París, gracias a la llegada de Juan
Pablo II. Nos ha sorprendido, nos ha maravillado que una
generación - compuesta en la inmensa mayoría no de adolescentes
sino de jóvenes - participara con alegría, en vez
de irse de diversiones, en momentos de intenso recogimiento, escucha
atenta, intercambio y oración». Y en cuanto a
la relación peculiar de los jóvenes con el Papa, añadió:
«Decir al Papa que lo aman es el modo con
que los jóvenes están en la Iglesia; este grito establece
una relación con la institución muy distinto de lo que
expresan ante sus padres o en las encuestas [...] Amando
al Papa, los jóvenes aman, en él y a través
de él, a la Iglesia que en el fondo desean
y que Juan Pablo II les da la posibilidad de
expresar y vivir. Su presencia catalizadora es una garantía
de ello»8.
4. Las grandes apuestas del papa
Wojtyła
Volvemos
ahora a la persistente pregunta que mencioné al inicio: ¿cuál
es el secreto de las Jornadas Mundiales de la Juventud?
Para responder debemos detenernos sobre tres opciones "estratégicas" que
están
a la raíz de este fenómeno. La primera se refiere
a los jóvenes como tal. Juan Pablo II ha sido
el Papa que en su proyecto pastoral para la Iglesia
universal tuvo el valor de apostar por los jóvenes, a
quienes consideraba protagonistas importantes e irremplazables de la
vida y
de la misión de la Iglesia: «Vosotros sois el futuro
del mundo, la esperanza de la Iglesia. Vosotros sois mi
esperanza», les dijo con un apasionado vigor al inicio de
su pontificado9. Y en aquellas palabras estaba encerrado un programa
pastoral preciso, que llevó adelante hasta su muerte con extraordinario
celo y amor. El papa Wojtyła vio a los jóvenes
como especial "camino de la Iglesia". Al respecto, escribió: «Vosotros
sois la juventud de las naciones y de la sociedad,
la juventud de cada familia y de toda la humanidad.
Vosotros sois también la juventud de la Iglesia. [...] Por
eso, vuestra juventud no es sólo algo vuestro, algo personal
o de una generación: es [...] a la vez un
bien especial de todos. Un bien de la humanidad misma»10.
La juventud es, en sí misma, un gran valor y
un precioso tesoro que no se debe despreciar. A continuación,
para enfatizar el vínculo que existe entre los jóvenes y
la Iglesia, el Papa escribió: «La Iglesia mira a los
jóvenes; es más, la Iglesia de manera especial se mira
a sí misma en los jóvenes, en todos vosotros y
a la vez en cada una y cada uno de
vosotros»11. De hecho, es en los jóvenes que la Iglesia
encuentra sin cesar la capacidad de asombro ante el misterio
y el entusiasmo que nos lleva a objetivos siempre nuevos.
«Tenemos necesidad del entusiasmo de los jóvenes», decía Juan Pablo
II, «tenemos necesidad de la alegría de vivir que tienen
los jóvenes. En ella se refleja algo de la alegría
original que Dios tuvo al crear al hombre. Esta alegría
es la que experimentan los jóvenes en sí mismos. Es
igual en cada lugar, pero es también siempre nueva, original»12.
Karol Wojtyła nunca dudó
de los jóvenes, incluso en los difíciles años sesenta y
setenta. A pesar de estudios y encuestas sociológicas de los
que salió una juventud pintada con oscuros colores, escribió: «En
los jóvenes hay un inmenso potencial de bien, y de
posibilidades creativas»13. Él siempre tuvo confianza en los jóvenes y
ellos lo notaron, se sintieron valorizados, reconocidos y, por encima
de todo, amados. Juan Pablo II vio toda la fuerza
propulsora de la juventud, la edad por excelencia de la
búsqueda de la verdad, el bien, la belleza, la justicia
y la solidaridad. Y señalándoles constantemente a los jóvenes estos
altos ideales, les dijo: «Confirmo mi convicción: a los jóvenes
les corresponde [la] difícil, pero excitante tarea [de] transformar los
"mecanismos" fundamentales que, en las relaciones entre individuos y
naciones,
favorecen el egoísmo y el abuso, y hacer nacer estructuras
nuevas inspiradas en la verdad, en la solidaridad y en
la paz»14. La primera opción estratégica sobre la cual se
basa el fenómeno de las Jornadas Mundiales de la Juventud
es, por lo tanto, la valiente apuesta del papa Wojtyła
por los jóvenes, cuyo éxito se confirma en cada Jornada
Mundial de la Juventud.
El segundo reto es la modalidad elegida para dialogar con
los jóvenes y anunciarles a Jesucristo. En tiempos en que
en los ambientes eclesiásticos se veía este tipo de manifestaciones
con cierta aprehensión y desconfianza, Karol Wojtyła optó por un
encuentro masivo (aunque el término "masa" no le gustaba para
nada y prefirió decididamente la palabra "pueblo": un pueblo de
Dios joven). Y fue una opción atinada. A la cita
con el Papa, los jóvenes llegaron en masa, sí, pero
no como una masa amorfa y anónima, sino como pueblo,
como Iglesia. ¡Y esto es lo que hace la diferencia!
Esta dimensión de las Jornadas Mundiales de la Juventud fue
descrita en este modo: «La fascinación de un encuentro masivo,
en el que al mismo tiempo cada uno, aunque atraído
por momentos de fusión colectiva, mantiene viva su pregunta personal
por el sentido de su vida y exige ser interpelado
y reconocido personalmente»15.Un encuentro masivo, pues, pero no de
masificación.
Incluso más, ¡es un acontecimiento que cambia la vida de
las personas individualmente, como confirman muchos testimonios! Para
los jóvenes
cristianos de hoy, que a menudo se encuentran viviendo la
fe en soledad, es una experiencia de extraordinaria importancia, una
"fuente de coraje", como muchos sostienen. La Jornada Mundial de
la Juventud alimenta en ellos la conciencia de ser parte
integrante de la Iglesia, les hace sentirse protagonistas de su
vida, apoyados por la certeza de no estar solos. El
alcance y la intensidad del acontecimiento - fascinadora experiencia de
la Iglesia universal - hacen descubrir el «carácter global de
la fe y el sentido universal de la pertenencia religiosa»16.
Además, están los grandes números por los que los medios
de comunicación, generalmente cerrados metódicamente a la información
religiosa, dan
al evento una visibilidad mundial . Pero, sobre todo, hacen
hincapié en la vitalidad de la Iglesia y su extraordinaria
capacidad de movilizar y unir a las jóvenes generaciones también
en la sociedad postmoderna, aunque ampliamente secularizada. Las
Jornadas Mundiales
de la Juventud han sido para los jóvenes una escuela
donde aprender a vincularse a la fe con serena adhesión;
de hecho, actualmente los jóvenes no se sienten incómodos manifestando
públicamente su fe. Más aún, es el entusiasmo de su
participación en eventos religiosos, el impulso de sus testimonios, lo
que les recuerda - como subraya Tony Anatrella - que
el hecho religioso es un hecho social que no se
puede reducir a la vida privada. Anatrella escribe que «durante
las Jornadas Mundiales de la Juventud los jóvenes, con su
comportamiento, han expresado un "no" masivo a la privatización forzada
de la fe»17. La Jornadas Mundiales de la Juventud son
un acontecimiento que va contracorriente también en este sentido.
Además,
el pueblo de las Jornadas Mundiales de la Juventud -
como quiso Juan Pablo II - es un pueblo
en movimiento, en camino, en peregrinación por los continentes. La
dimensión de la peregrinación da a este encuentro de masa
un valor pedagógico particular, habla de la vida como un
"caminar juntos", como una continua búsqueda de sentido, enseña a
los jóvenes a superarse a sí mismos afrontando las dificultades
que se presentan a lo largo del camino.
En este punto quisiera abrir un
paréntesis para señalar un hecho importante. Somos conscientes de que
la evangelización de los jóvenes depende de las Jornadas Mundiales
de la Juventud, pero por ello mismo no son una
realidad que basta por sí sola. Deben estar orgánicamente integradas
en la pastoral juvenil ordinaria, comprendida como un esfuerzo paciente
y perseverante de iniciación cristiana y de educación de las
jóvenes generaciones en la fe. Detrás de cada Jornada Mundial
de la Juventud existe y siempre debe existir un trabajo
pastoral de las diócesis y parroquias, así como una obra
educativa de asociaciones y movimientos eclesiales. Las Jornadas
Mundiales de
la Juventud deben prepararse y tener un seguimiento en
las comunidades cristianas.
Juntos tenemos que dar continuidad
al evento
en la vida ordinaria de los jóvenes, ayudándoles a "digerir"
los contenidos de la Jornada Mundial de la Juventud para
que sea alimento para sus vidas. La experiencia del Consejo
Pontificio para los Laicos confirma que, en los últimos años,
los responsables de la pastoral juvenil y los mismos jóvenes
han ido madurando con mayor conciencia esta necesidad. Este signo
es muy reconfortante.
Volvamos
ahora a nuestro discurso. La tercera opción de Juan Pablo
II - y esto es un gran desafío - es
la decisión de poner al centro de la Jornada Mundial
de la Juventud la cruz de Cristo. Él entendió enseguida
que es a Jesucristo a quien los jóvenes buscan, y
al Señor se le encuentra sobre todo en el corazón
del misterio pascual, es decir, en su muerte y
resurrección. No es casualidad que la fecha de la celebración
anual de las Jornadas Mundiales de la Juventud sea el
Domingo de Ramos, que abre la Semana Santa. Ni es
casualidad que al inicio de las Jornadas Mundiales de la
Juventud se encuentre el gesto fuertemente simbólico de la entrega
de la Cruz del Jubileo del año 1984 a los
jóvenes. En esa ocasión el Papa, al entregar la Cruz,
pronunció estas conmovedoras palabras: «Queridísimos jóvenes, al
clausurar el Año
Santo os confío el signo de este Año Jubilar: ¡la
Cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como signo del
amor del Señor Jesús a la humanidad y anunciad a
todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación
y redención»18. Y así ha ocurrido: la Cruz ha peregrinado
por el mundo. ¡Cuántas conversiones, cuántos radicales cambios de vida
se han dado! ¡Cuántas opciones importantes de vida han hecho
innumerables jóvenes que la han encontrado! ¡Han sido innumerables
jóvenes
que, encontrándola, la han querido tocar con las manos. Juan
Pablo II no tuvo miedo de poner a los jóvenes
delante del misterio de la Cruz; nunca temió plantearles todas
las exigencias de la fe. Él les decía: «Cristo es
exigente con sus discípulos, y la Iglesia no duda en
volver a proponeros también a vosotros su Evangelio "sin descuentos".
Los que quieren seguir al divino Maestro abrazan con amor
su cruz, que lleva a la plenitud de la vida
y de la felicidad. ¿No es precisamente la cruz la
que guía [...] la peregrinación de los jóvenes con ocasión
de las Jornadas Mundiales de la Juventud?»19. Hasta en su
último mensaje, cuando el Santo Padre, ya sin voz, confió
la lectura del mismo al Sustituto de la Secretaría de
Estado, el entonces arzobispo Leonardo Sandri, les quiso transmitir lo
que hoy se escucha como su testamento espiritual a los
jóvenes: «Proseguid sin cansaros el camino emprendido para ser por
doquier testigos de la cruz gloriosa de Cristo. ¡No tengáis
miedo! Que la alegría del Señor, crucificado y resucitado, sea
vuestra fuerza, y que María santísima esté siempre a vuestro
lado»20. Desde hace veinticinco años esta Cruz es la gran
protagonista y el corazón palpitante de las Jornadas Mundiales de
la Juventud21.
En base
a estas tres grandes opciones de Juan Pablo II se
ha ido delineando progresivamente la estructura fundamental de las
Jornadas
Mundiales de la Juventud, que refleja en cierto modo el
esquema clásico de la traditio-redditio: anuncio de Cristo (las
catequesis),
celebración de Cristo (la reconciliación sacramental y la eucaristía),
envío
misionero. La persona clave de las Jornadas Mundiales de la
Juventud es el Papa ("persona faro", como dicen los sociólogos),
sucesor de Pedro, testigo y maestro de la fe, catequista
por excelencia. En efecto, las catequesis son un elemento importante
de las Jornadas Mundiales de la Juventud y siempre confirman
la sed que tienen los jóvenes de la palabra de
Dios; muchos obispos catequistas los definen "esponjas sedientas del
anuncio
evangélico".
5. Una saludable provocación...
Pero ¿quiénes son los jóvenes
de hoy y qué es lo que les distingue de
las generaciones precedentes? Tony Anatrella ha trazado un sintético
pero
incisivo identikit de la juventud contemporánea22. Como en cada época,
también los jóvenes de hoy quieren ser ellos mismos, desean
afirmar su propia identidad, buscan razones para vivir. Si han
sido motivados en modo adecuado, son capaces de vivir
con generosidad, solidaridad y dedicación, pero - a diferencia del
pasado - tienen menos puntos de referencia y menor sentido
de pertenencia. Son fuertemente individualistas, exigen el derecho a
construir
su vida prescindiendo de valores y normas comúnmente aceptadas.
Los caracteriza una grave carencia de raíces culturales, religiosas y
morales. A diferencia de la generación precedente, son sin duda
menos permeables a las influencias ideológicas, pero en su vida
predomina la dimensión emotiva y sensorial, en detrimento de la
razón, la memoria, la reflexión. En una sociedad que promueve
y cultiva la duda, la inmadurez y el infantilismo, estos
jóvenes tienen dificultades para crecer, e incluso, parecen tener pocas
ganas de ello. En sus vidas se acorta drásticamente la
infancia y se prolonga excesivamente el periodo de la adolescencia.
Erróneamente convencidos de que ello les privaría de su libertad,
tienen miedo de asumir compromisos estables y por lo tanto
rehuyen compromisos definitivos (matrimonio, sacerdocio, vida
religiosa). Representan un tipo
de personalidad muy frágil e inconsistente. En resumen, son hijos
de una cultura en profunda crisis que ha perdido la
capacidad de educar verdaderamente a las jóvenes generaciones, es decir,
ayudarles a "ser" más y no sólo a "tener" más23.
El mundo juvenil es
un mundo en continua y rápida transformación y las Jornadas
Mundiales de la Juventud se han convertido en una especie
de sismógrafo sensible que registra las tendencias emergentes en este
complejo y colorido "planeta" en general y entre los jóvenes
cristianos en particular. En lo que se refiere a estos
últimos, se trata de tendencias que van valientemente contracorriente
respecto
a la cultura secularizada de nuestros días. De alguna manera,
el pueblo de la Jornada Mundial de la Juventud parece
encarnar las características de esas "minorías creativas" que, según
Arnold Toynbee, son cruciales para el futuro de la humanidad.
No es casualidad que Juan Pablo II haya llamado a
los jóvenes de la Jornada Mundial de la Juventud, los
"centinelas de la mañana" del tercer milenio (Roma 2000). Alguien
señala que hoy «es la Iglesia universal que parece haber
asumido el papel de intérprete de las aspiraciones profundas de
los jóvenes creyentes a través de la función desempeñada por
personalidades faro como el mismo Papa»24. Hay quien afirma que
en este campo la Iglesia universal, gracias a la Jornada
Mundial de la Juventud, parece moverse más rápidamente que la
Iglesia local25. En definitiva, la Jornada Mundial de la Juventud
es una saludable provocación para la pastoral. Como dice alguien,
la experiencia de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que
interrumpe las prácticas educativas y pastorales establecidas y que con
frecuencia toma por sorpresa y sin preparación a los sacerdotes,
pone positivamente en crisis la pastoral juvenil ordinaria26. Este
servicio
que la Jornada Mundial de la Juventud ofrece a la
obra de la evangelización juvenil es de suma importancia. Las
Jornadas Mundiales de la Juventud, obviamente, no ofrecen recetas
confeccionadas
para cada ocasión. La experiencia de la Jornada Mundial de
la Juventud interpela más bien a los responsables de la
pastoral juvenil y a todos los educadores para que se
replanteen continuamente el tema y no se detengan nunca en
la búsqueda de formas nuevas y cada vez más efectivas
para educar a las generaciones jóvenes, y en particular para
comunicarles el Evangelio. Es una experiencia que les ayuda a
re-descubrir la dimensión profética de la labor pastoral de la
Iglesia y les enseña a osar, a no tener miedo
de ofrecer a los jóvenes opciones y actitudes que van
contracorriente, como la adoración eucarística en Colonia y Sydney. Los
jóvenes responden positivamente. Y las Jornadas Mundiales de la Juventud
son por excelencia la expresión de la necesidad que ellos
tienen de pastores y educadores que puedan hacerse cargo de
sus preocupaciones y sean capaces de responder a su sed
espiritual y a la búsqueda del significado de la vida.
En este sentido, la figura carismática del venerable siervo de
Dios Juan Pablo II es un modelo atractivo que se
puede todavía mirar por mucho tiempo como un eficaz punto
de referencia y guía para la nueva generación de agentes
de pastoral juvenil (sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos), que
necesitan
las nuevas generaciones de jóvenes nacidos de las Jornadas Mundiales
de la Juventud.
6. Benedicto XVI: una nueva
etapa del mismo camino.
El papa Benedicto XVI recibió el legado de
su predecesor sólo tres meses después de su elección a
la cátedra de Pedro. En julio de 2005, encontró a
los jóvenes del mundo en Colonia y los conquistó con
su sonrisa llena de amor, con el gesto de los
brazos extendidos y con palabras claras y profundas que penetraron
en lo más íntimo de sus almas. Un nuevo Papa,
pero siempre el mismo corazón de padre. Los jóvenes lo
captaron de inmediato y a su vez quisieron expresar su
adhesión personal al Sucesor de Pedro con aplausos entusiastas en
cada intervención. En uno de los discursos en Sydney, el
Papa confesaba: «Es para mí una alegría estar con ellos,
rezar con ellos y celebrar la Eucaristía junto con ellos.
La Jornada Mundial de la Juventud me llena de confianza
ante el futuro de la Iglesia y el futuro de
nuestro mundo»27. Benedicto XVI evoca a menudo al Papa Wojtyła
como «genial iniciador de las Jornadas Mundiales de la Juventud,
una intuición - afirmó - que yo considero una inspiración»28.
No oculta su asombro por el don providencial de las
Jornadas Mundiales de la Juventud, un verdadero don de Dios
«simplemente porque nadie puede crear el entusiasmo de los jóvenes,
nadie puede crear durante días esta unión en la fe
y en la alegría de la fe»29.
Por lo tanto, para las Jornadas Mundiales
de la Juventud ha iniciado una nueva etapa. Es natural.
Así como es natural que cada nuevo Pontífice, en el
futuro, deje su sello personal en ella. En Colonia, en
2005, y en Sydney, en el 2008, hemos observado que
la esencia de este evento sigue siendo la misma. Y,
sin duda alguna, la Jornada Mundial de la Juventud representará
también en el futuro un fuerte estímulo en el proceso
de evangelización de las generaciones jóvenes. De hecho, a pesar
de que han pasado veinticinco años, no se ha revelado
aún todo su potencial misionero. En su discurso a los
obispos alemanes en Colonia, refiriéndose a los jóvenes, el Papa
expresó su esperanza y su deseo que «con su fe
y su alegría en la fe sigan siendo para nosotros
un estímulo a vencer la pusilanimidad y el cansancio, y
nos impulsen a indicarles el camino [...] de forma que
su entusiasmo encuentre también un justo orden». Y más adelante:
«Debemos aceptar la provocación de los jóvenes», de manera que
la Jornada Mundial de la Juventud pueda ser siempre «un
nuevo comienzo para la pastoral juvenil»30.
Benedicto XVI insiste en que la Jornada Mundial
de la Juventud no se puede reducir a los momentos
festivos. La preparación de estos grandes acontecimientos y las medidas
que deben adoptarse en la pastoral ordinaria constituyen una parte
integrante y decisiva. La fiesta, el evento, tiene lugar como
una especie de catalizador que facilita el proceso educativo ya
en marcha. Y así, en el viaje hacia Sydney, hablando
con los periodistas en el avión, explicaba: «Una Jornada Mundial
de la Juventud no es simplemente un acontecimiento de este
momento: se prepara a lo largo de un largo camino
con la cruz y con el icono de la Virgen
[...] Por tanto, estos días son sólo el momento culminante
de un largo camino precedente. Todo es fruto de un
camino, de ponernos juntos en camino hacia Cristo. La Jornada
Mundial de la Juventud, además, crea una historia, es decir,
se crean amistades, se crean nuevas inspiraciones: así la Jornada
Mundial de la Juventud continúa. Esto me parece muy importante:
no sólo hay que ver estos tres o cuatro días;
hay que ver todo el camino que precede y el
que sigue»31. El Papa hace constantemente referencia a que este
evento - en su trascurso - no pierda nunca de
vista su objetivo final, y advierte a los organizadores, a
los responsables y a los participantes, los riesgos reales de
que se convierta en una «variante de la cultura juvenil
moderna, como una especie de festival de rock modificado en
sentido eclesial», en un «grande espectáculo, incluso hermoso, pero de
poca importancia en relación con la cuestión de la fe
y la presencia del Evangelio en nuestro tiempo», un "éxtasis
festivo" que [después] deja todo como antes32. Estas palabras
de Benedicto XVI deberían hacer reflexionar seriamente a los
responsables
de la pastoral juvenil sobre la manera de preparar a
nuestros jóvenes para participar en tales eventos. Y la fuerza
con la que en 2005 en Colonia, insistió en que
«sólo de Dios proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo»33,
me hace pensar que de esta manera el Papa quería
dar a los jóvenes la importante y exigente consigna de
ser protagonistas de aquella "revolución de Dios" que el mundo
necesita con urgencia y de la cual las Jornadas Mundiales
de la Juventud realmente pueden ser la "mecha", siempre y
cuando se preparen adecuadamente desde el punto de vista pastoral.
7. ¿Qué nos enseñan las Jornadas Mundiales de
la Juventud?
Sobre la base de la experiencia de estos 25 años,
¿cuáles son las prioridades de la pastoral juvenil y de
la evangelización de las nuevas generaciones? Articularé mi respuesta a
esta pregunta en cuatro puntos.
• En primer lugar, el centro de cada acción
evangelizadora debe ser la persona de Jesucristo. Parece una afirmación
obvia pero de hecho no lo es. El Papa Wojtyła
escribió: «No nos satisface ciertamente la ingenua convicción de que
haya una fórmula mágica para los grandes desafíos de nuestro
tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve,
pero sí una Persona y la certeza que ella nos
infunde: ¡Yo estoy con vosotros!»34.Y Benedicto XVI le hace eco
afirmando: «No se comienza a ser cristiano por una decisión
ética o una gran idea, sino por el encuentro con
un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte
a la vida y, con ello, una orientación decisiva»35. No
sólo esto. También al inicio de su pontificado, dirigiéndose a
los jóvenes, les decía: «Quien deja entrar a Cristo no
pierde nada, nada - absolutamente nada - de lo que
hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con
esta amistad se abren las puertas de la vida»36. Por
lo tanto la labor propia de los que evangelizan a
los jóvenes es anunciarles a Jesucristo. Y los jóvenes esperan
sobre todo esto. No aceptan moralismos ni están dispuestos a
dejarse suministrar píldoras de pseudo-sabiduría humana o réplicas de
los
doctos discursos socio-culturales que llenan en la actualidad las
páginas
de los periódicos. Cristo no debe ser nunca una excusa
para hablar a los jóvenes de otra cosa, de cosas
que se cree que pueden ser más interesantes y atractivas
para ellos. ¡Cristo debe estar al centro! La tarea de
la evangelización es ayudar a cada joven a encontrarse con
Cristo Redentor - Maestro bueno, guía y amigo - y
a comenzar un diálogo personal con Él: «¿Qué debo hacer
para alcanzar la vida eterna?» (Lc 10, 25). De ese
encuentro nace siempre un impulso misionero: «¡Id... seréis mis
testigos!»
(traditio - redditio). Y en este campo específico, los carismas
de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades han
creado itinerarios pedagógicos de extraordinaria fuerza persuasiva. En
Denver, en
1993, Juan Pablo II exhortaba a gran voz: «No tengáis
miedo de salir a las calles y a los lugares
públicos, como los primeros Apóstoles que predicaban a Cristo y
la buena nueva de la salvación en las plazas de
las ciudades, de los pueblos y de las aldeas. No
es tiempo de avergonzarse del Evangelio (cf. Rm 1, 16).
Es tiempo de predicarlo desde los terrados (cf. Mt 10,
27). No tengáis miedo de romper con los estilos de
vida confortables y rutinarios, para aceptar el reto de dar
a conocer a Cristo en la "metrópoli" moderna»37. Palabras fuertes
y conmovedoras que comprometen no sólo a los jóvenes, sino
también a quien los evangeliza. Además, el encuentro personal con
Cristo es inseparable del encuentro con su Iglesia. El papa
Wojtyła insistía mucho en este punto afirmando que los jóvenes
«en esta búsqueda [y descubrimiento de Cristo] no pueden dejar
de encontrar a la Iglesia. Y tampoco la Iglesia
puede dejar de encontrar a los jóvenes. Solamente hace falta
que la Iglesia posea una profunda comprensión de lo que
es la juventud, de la importancia que reviste para todo
hombre»38. Más adelante volveremos sobre este punto.
• La segunda prioridad pastoral que surge
de las Jornadas Mundiales de la Juventud es ayudar a
los jóvenes a descubrir la racionalidad de la fe y
su belleza. Para el papa Ratzinger el diálogo entre fe
y razón es fundamental en la vida del cristiano: «El
deseo de la verdad pertenece a la naturaleza misma del
hombre. Por eso, en la educación de las nuevas generaciones,
ciertamente no puede evitarse la cuestión de la verdad; más
aún, debe ocupar un lugar central. En efecto, al interrogarnos
por la verdad ensanchamos el horizonte de nuestra racionalidad,
comenzamos
a liberar la razón de los límites demasiado estrechos dentro
de los cuales queda confinada cuando se considera racional sólo
lo que puede ser objeto de experimento y cálculo. Es
precisamente aquí donde tiene lugar el encuentro de la razón
con la fe [...]el diálogo entre la fe y la
razón, si se realiza con sinceridad y rigor, brinda la
posibilidad de percibir de modo más eficaz y convincente la
racionalidad de la fe en Dios»39.
El tema de la
verdad está íntimamente ligado al de la belleza. Ya durante
la solemne apertura de su pontificado, Benedicto XVI afirmaba: «Nada
hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el
Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar
a los otros la amistad con él»40. Y unos días
antes de la celebración la Jornada Mundial de la Juventud
en Colonia, un periodista le preguntó: «Santidad, ¿qué le gustaría
trasmitir de manera especial a los jóvenes que están llegando
de todas partes del mundo?», Respondió: «¡Me gustaría convencer a
estos jóvenes de que ser cristiano es hermoso!». La belleza
de la fe es una cuestión que viene a menudo
en los discursos del Papa: «nuestros muchachos, adolescentes y jóvenes,
necesitan vivir la fe como alegría, gustar la serenidad profunda
que brota del encuentro con el Señor [...] La fuente
de la alegría cristiana es esta certeza de ser amados
por Dios»41. Con frecuencia, el cristianismo se considera actualmente
como
un conjunto de prohibiciones que restringe la libertad y el
deseo de felicidad. Pero es justamente lo contrario: el Evangelio
- y el Santo Padre lo recuerda continuamente - es
un programa de vida totalmente positivo. Más aún, fascinante. El
cristianismo no se reduce a un árido moralismo, a una
yugo pesado de "debes" y "no debes". El Evangelio nos
descubre un horizonte apasionante por el que merece la pena
jugarse la vida. He aquí, pues, el reto fundamental de
la pastoral juvenil: la capacidad de revelar a los jóvenes
el rostro de Cristo y su Evangelio, la capacidad de
convencerlos de que vale la pena apostar por Cristo, y
convencerlos de que ser cristianos es hermoso. Éste es, pues,
el objetivo de la pastoral juvenil: dar a conocer a
los jóvenes la belleza de la fe en Jesucristo.
• La tercera lección que
surge de las Jornadas Mundiales de la Juventud se refiere
a las opciones fundamentales de vida que los jóvenes están
llamados a hacer y a la búsqueda del sentido último
de su existencia. En su plan pastoral para los jóvenes,
Juan Pablo II concedía una importancia primordial a la concepción
de la vida como vocación. Así escribía: «En este contexto
el "proyecto" [de vida] adquiere el significado de "vocación de
vida", como algo que es confiado al hombre por Dios
como tarea. Una persona joven, al entrar dentro de sí
y a la vez al iniciar el coloquio con Cristo
en la oración, desea casi leer aquel pensamiento eterno que
Dios creador y padre tiene con ella»42. Vivir la vida
significa vivirla en la perspectiva de la entrega. Por lo
tanto, debemos ayudar a los jóvenes a descubrir la dimensión
de la vida como un don que no se debe
desperdiciar sino vivir de manera responsable delante de Aquél del
cual proviene. Vivir la vida plenamente y no vivir "al
día", mediocremente, vegetando (decía el beato Piergiorgio Frassati
"vivere, non
vivacchiare"). Situarse en la perspectiva de la entrega significa
reconocer el valor de la propia vida y de cada
vida humana, quiere decir también saber hacer de la existencia
un don para los demás, y no ceder a la
tentación del egoísmo y el individualismo exasperado actualmente dictado
por
la cultura dominante. Se trata, pues, de dar a los
jóvenes la capacidad de tomar decisiones vocacionales, opciones de vida,
sea orientadas al sacerdocio, a la vida consagrada, o sea
al matrimonio. Hoy en día -el papa Benedicto XVI no
se cansa de sostenerlo así - es realmente urgente educar
a los jóvenes en la verdadera libertad: «Una educación verdadera
debe suscitar la valentía de las decisiones definitivas, que hoy
se consideran un vínculo que limita nuestra libertad, pero que
en realidad son indispensables para crecer y alcanzar algo grande
en la vida, especialmente para que madure el amor en
toda su belleza; por consiguiente, para dar consistencia y significado
a nuestra libertad»43. Las Jornadas Mundiales de la Juventud confirman
que la pastoral juvenil es siempre, en sentido amplio, una
pastoral vocacional.
• Por
último, el cuarto pilar del proyecto pastoral que nace de
la experiencia de las Jornadas Mundiales de la Juventud, es
la premisa fundamental de toda la actividad evangelizadora en este
campo concreto: el responsable de la pastoral juvenil, el educador,
debe tener un conocimiento profundo de la esencia y de
la importancia de la juventud en la vida de cada
persona, y nunca perderla de vista. ¡Aunque esto parezca obvio,
no se puede dar por descontado! El papa Wojtyła escribió
líneas estupendas al respecto: «¿Qué es la juventud? No es
sólamente un período de vida correspondiente a un determinado
número de años, sino que es, a la vez,
un tiempo dado por la Providencia a cada hombre, tiempo
que se le ha dado como tarea, durante el cual
busca, como el joven del Evangelio, la respuesta a los
interrogantes fundamentales; no sólo el sentido de la vida, sino
también un plan concreto para comenzar a construir su vida.
Ésta es la característica esencial de la juventud. Además del
sacerdote, cada educador, empezando por los padres, debe conocer bien
esta característica, y debe saberla reconocer en cada muchacho o
muchacha; digo más, debe amar lo que es esencial para
la juventud»44. Creo que aquí se encuentra el punto central
de la formación de quienes trabajan en la pastoral juvenil.
De hecho, sólo aquellos que han desarrollado esta sensibilidad especial
podrán trabajar con pasión con los jóvenes, sin escatimar esfuerzos,
poniendo a disposición de los jóvenes todas sus energías, buscándolos
por todos los medios posibles, acompañándolos como educadores y, como
amigos, escuchándolos. El conocimiento del ser de los jóvenes en
la labor pastoral debe ir acompañado por el reconocimiento del
deseo de auto-afirmación que todo joven tiene en su interior.
Esto significa caridad pastoral, esperanza, confianza. Porque si no
existe
una relación de confianza no se puede establecer una verdadera
relación educativa. También en esto Juan Pablo II fue un
gran maestro: confiaba en los jóvenes, conocía sus problemas, creía
firmemente en el potencial de bien inherente en sus corazones.
Y su optimismo no era ingenuo y sin experiencia, sino
un optimismo basado en la gracia que supera siempre todas
las miserias humanas. Decía el Papa: «Si en cada época
de su vida el hombre desea afirmarse, encontrar el amor,
en esta lo desea de un modo aún más intenso.
El deseo de afirmación, sin embrago, no debe ser entendido
como una legitimación de todo, sin excepciones. Los jóvenes no
quieren eso: están también dispuestos a ser reprendidos, quieren que
se les diga sí o no. Tienen necesidad de un
guía, y quieren tenerlo muy cerca»45. El deseo de afirmación
del joven, debe entonces situarse en el amor y en
la verdad. El maestro, el pastor, o quien evangeliza, no
puede censurar o diluir las exigencias del Evangelio - adaptándolos
a modas pasajeras o a ideologías antiguas y nuevas -
en la creencia errónea de hacer el mensaje más atractivo
y apetecible. No deben tener miedo de anunciar el Evangelio
a los jóvenes en toda su integridad, sin reducciones ambiguas.
Estas son pues las
coordenadas generales de la evangelización del mundo para los jóvenes
surgidas de la experiencia de las Jornadas Mundiales de la
Juventud. Se trata de una brújula segura para ser guiados
hacia la cita de Madrid 2011. La Jornada Mundial de
la Juventud sigue siendo un don providencial para la Iglesia
en el umbral del tercer milenio, un signo de esperanza
en medio de muchos desafíos graves que la post-modernidad lanza
a su misión evangelizadora también aquí en España. Demuestran que
en la juventud de hoy - a pesar de las
apariencias amplificadas por los medios de comunicación - se esconde
un enorme potencial de bien, mucha generosidad, una profunda sed
de verdaderos valores y de altos ideales. Basta encontrar la
clave para hacerlos emerger. Y la clave es la persona
de Jesucristo, que «es el mismo ayer, hoy y siempre»
(Hb 13, 8).
Concluyo
con la esperanza de la bendición del Señor sobre el
camino de la Iglesia de España para la gran cita
de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará
en Madrid en 2011. Quiera Él hacerlo fecundo y concederle
copiosos frutos espirituales según las palabras de Dios al profeta
Isaías : «He aquí que yo lo renuevo: ya está
en marcha, ¿no lo reconocéis?» (Is 43, 19). Y que
sea Madrid un lugar de verdadera epifanía de la Iglesia
joven, arraigada y edificada en Cristo, firme en la fe
(cf. Col 2, 7).
Notas
1 Consejo Pontificio para
los Laicos (ed.),
¿Qué buscáis jóvenes peregrinos?, "Servicio de documentación" n. 22,
Ciudad
del Vaticano 1991, p. 48. 2 Cf. F. Garelli, La sensibilità
religiosa emergente, en: F. Garelli-R. Ferrero Camoletto (ed.), Una
spiritualità
in movimento, Messaggero di S. Antonio Editrice, Padova 2003, p.
267. 3 Cf. M. Muolo, Generazione Giovanni Paolo II. La storia
della Giornata Mondiale della Gioventù, Ancora, Milano 2005. 4 Juan
Pablo
II, Exhortación apostólica Christifideles Laici, n. 46. 5 Juan Pablo
II,
Allocuzione al Collegio dei cardinali, alla Curia e alla Prelatura
romana per gli auguri natalizi, "Insegnamenti" VIII, 2 (1985), pp.
1559-1560. 6 Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la Esperanza,
Plaza & Janes Editores, Barcelona 1994, p. 134. 7 L´eco della
XII Giornata mondiale della gioventù. Intervista al card. Jean-Marie
Lustiger,
Arcivescovo di Parigi, "L´Osservatore Romano", 1̊ ottobre 1997, p. 8. 8
J.-M- Lustiger, Parigi 1997: qualcosa di profondo sta cambiando nel
cuore delle giovani generazioni, "L´Osservatore Romano", 21 agosto 1998,
pp.
6-7. 9 Juan Pablo II, Angelus, "L´Osservatore Romano", 22-23 ottobre
1978,
p. 2. 10 Juan Pablo II, Carta apostólica a los jóvenes
y a las jóvenes del mundo Dilecti Amici, n. 1. 11
Ibidem, n. 15. 12 Juan Pablo II, Cruzando el umbral de
la Esperanza, ob. cit., p. 134. 13 Ibidem. 14 Juan Pablo II,
Messaggio alla "Città e al mondo" nella Domenica di Pasqua,
"Insegnamenti" VIII, 1 (1985), p. 936. 15 R. Ricucci, Giovani e
Gmg. La "memoria" di un´esperienza, en: F. Garelli-R. Ferrero Camoletto
(ed.), Una spiritualità in movimento, ob. cit., p. 48. 16 F.
Garelli, La sensibilità religiosa emergente, ob. cit., p. 277. 17 T.
Anatrella, Le monde des jeunes: qui sont-ils, que cherchent-ils?,
"Bulletin
du Secrétariat de la Conférence des Evêques de France", n.
7 (mai 2003), p. 20. 18 Juan Pablo II, Consegna ai
giovani della Croce dell´Anno Santo, "Insegnamenti" VII, 1 (1984), p.
1105. 19 Juan Pablo II, Angelus, "Insegnamenti" XXIV, 1 (2001), p.
646. 20 Juan Pablo II, Meditazione per l´Angelus della Domenica delle
Palme, "Insegnamenti" XXVIII (2005), p. 236. 21 La extraordinaria
aventura de
la Cruz de los jóvenes es contada en cinco lenguas
en el DVD y en el álbum fotográfico Juan Pablo
II y la Cruz de las Jornadas Mundiales de la
Juventud, publicados por le Consejo Pontificio para los Laicos en
el 2005. 22 Cf. T. Anatrella, Le monde des jeunes: qui
sont-ils, que cherchent-ils?, cit. 23 Un punto neurálgico de la
cultura
contemporánea es esta incapacidad de educar que amenaza una auténtica
solidaridad inter-generacional. Alguien da la alarma: «Está en crisis la
capacidad de una generación de adultos para educar a sus
hijos. Por muchos años se ha predicado desde los nuevos
púlpitos - escuelas y universidades, periódicos y televisión - que
la libertad es la ausencia de vínculos y de historia,
que uno puede hacerse adulto sin pertenecer a nada ni
a nadie, siguiendo simplemente su propio gusto o placer. Se
ha hecho normal pensar que todo es igual, que en
el fondo nada tiene valor, sino el dinero, el poder
y la posición social. Se vive como si la verdad
no existiese, come si el deseo de felicidad del cual
está hecho el corazón del hombre estuviese destinado a permanecer
sin respuesta» (Se ci fosse una educazione del popolo tutti
starebbero meglio. Appello, "Atlantide" n. 4/12/2005, p. 119). 24 F.
Garelli,
La sensibilità religiosa emergente, ob. cit., p. 269. 25 Cf. R.
Ferrero Camoletto, La Gmg e la pastorale giovanile ordinaria, en:
F. Garelli-R. Ferrero Camoletto (ed.), Una spiritualità in movimento,
ob.
cit., p. 143. 26 Cf. Ibidem, pp. 141-143. 27 Benedicto XVI,
Cerimonia di benvenuto alla Government House, "Insegnamenti" IV, 2
(2008),
p. 41. 28 Benedicto XVI, Ai membri della Conferenza episcopale
tedesca, "Insegnamenti" I (2005), p. 467. 29 Ibidem. 30 Ibidem. 31
Benedicto XVI,
Intervista concessa ai giornalisti durante il volo per l´Australia,
"Insegnamenti"
IV, 2 (2008), p. 33. 32 Benedicto XVI, Ai cardinali, agli
arcivescovi, ai vescovi e ai prelati della Curia romana per
la presentazione degli auguri natalizi, "Insegnamenti" IV, 2 (2008), p.
914. 33 Benedicto XVI, Veglia di preghiera nella spianata di
Marienfeld
"Insegnamenti" I (2005), p. 452. 34 Juan Pablo II, Carta apostólica
Novo Millennio Ineunte, n. 29. 35 Benedicto XVI, Carta encíclica Deus
Caritas Est, n. 1. 36 Benedicto XVI, Omelia durante la solenne
concelebrazione eucaristica per l´assunzione del ministero petrino,
"Insegnamenti" I (2005),
p. 26. 37 Juan Pablo II, Omelia nella solennità dell´Assunta durante
la Messa celebrata a conclusione della Giornata mondiale della gioventù,
"Insegnamenti" XVI, 2 (1993), p. 500. 38 Juan Pablo II, Cruzando
el umbral de la Esperanza, ob. cit., p. 135. 39 Benedicto
XVI, Ai partecipanti al Convegno ecclesiale della diocesi di Roma,
"Insegnamenti" II, 1 (2006), pp. 777-778. 40 Benedicto XVI, Omelia
durante
la solenne concelebrazione eucaristica per l´assunzione del ministero
petrino, "Insegnamenti"
I (2005), p. 25. 41 Benedicto XVI, Ai partecipanti al Convegno
ecclesiale della diocesi di Roma, "Insegnamenti" II, 1 (2006), p.
775. 42 Juan Pablo II, Carta apostólica a los jóvenes y
las jóvenes del mundo Dilecti Amici, n. 9. 43 Benedicto XVI,
Ai partecipanti al IV Convegno ecclesiale nazionale della Chiesa che
è in Italia, "Insegnamenti" II, 2 (2006), pp. 473-474. 44 Juan
Pablo II, Cruzando el umbral de la Esperanza, ob. cit.,
p. 131. 45 Ibidem.